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TEMAS DE LA SEMANA

«La independencia no tenía tantos adherentes»

La historiadora Marcela Ternavasio, experta en el período de la independencia, repasa cómo era el clima de 1816 y qué implicancias tuvo el proceso político de entonces.

Por Juan Pablo Csipka
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La independencia argentina cumple dos siglos y los debates sobre el significado del 9 de julio se reavivan. Para Marcela Ternavasio, doctora en Historia de la UBA, que se desempeña en la Universidad Nacional de Rosario y es una estudiosa del período, la fecha se ha disociado del 25 de Mayo porque “se tendió a pensar que la Independencia figuraba en el plan de acción a partir de la Revolución de Mayo, y hoy sabemos que no es así”. La autora de Historia de la Argentina 1806-1852 y Gobernar la Revolución, entre otros libros, publicados por Siglo XXI Editores, habló con Diario Z sobre las implicancias de este Bicentenario.

¿De qué hablamos al abordar el 9 de Julio?

Lo que entendemos por independencia, la creación de una nueva nación, que se naturalizó, no era tan naturalizado para la época. El significado que nace a partir de 1776, con la independencia norteamericana, es muy novedoso. Está claro que se buscó la independencia de España, y también está la vocación de autonomía de muchos sectores. Es todo muy heterogéneo. Lo que se proclama es la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que no es el territorio de la actual Argentina, había provincias que no fueron al Congreso de Tucumán, como las del Litoral que lideraba Artigas, y había otras ocupadas por los realistas. No se sabía cuál iba a ser el futuro.

Da la sensación de una escisión respecto del 25 deMayo, algo más ligado a Buenos Aires.

Hay relatos canónicos que plantearon a la Nación como previa al 9 de julio, y el 25 de mayo, es cierto, absorbió a la independencia. Se planteó mucho la idea de que la independencia estaba en el punto de partida de la Revolución de Mayo. Hoy se puede decir que no fue así, que la independencia fue una de las posibilidades que se abrieron. Queda claro en la preeminencia de las fiestas mayas sobre las julianas y viceversa a lo largo de la historia. En tiempos de Bernardino Rivadavia se ensalzaba más a la Revolución de Mayo, y con Rosas se recupera el 9 de julio.

¿Cuáles eran las posibilidades en 1810?

La Revolución fue en nombre de Fernando VII. Claramente había idea de buscar ciertos grados de autonomía respecto del centralismo español. La independencia no tenía tantos adherentes.

¿Cuál fue el quiebre que llevó a la opción independentista?

La guerra revolucionaria. Para 1812 a España ya se la visualiza como fuerza enemiga. Antes era más complicado, porque la lucha era en nombre del rey. En 1812 se sanciona la Constitución de Cádiz, de impronta liberal, pero que no atiende los reclamos de autonomía del Río de la Plata, que ni siquiera tuvo representación. O se sumaban al nuevo esquema español o luchaban por las armas. Y encima, dos años después, Fernando VII recupera el trono, pulveriza esa Constitución y regresa el modelo absolutista. Ya no hubo más alternativa.

¿Por qué fue  Tucumán la sede del Congreso?

Se la eligió por varios motivos. Uno fue la equidistancia respecto de Buenos Aires, Córdoba y las provincias del norte. Se buscaba, sobre todo, descentralizar respecto de Buenos Aires, donde la Asamblea del Año XIII fracasa respecto del mandato independentista. Allí fue hegemonizada por sectores centralistas, la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica. Además, San Miguel de Tucumán contaba con la imagen de la batalla de 1812, de bastión frenando el avance realista desde el norte.

El contexto no ayudaba mucho en 1816…

Así es. Fernando VII recupera el trono y la caída de Napoleón genera un nuevo orden conservador y reaccionario en Europa. Se aplacan muchas insurgencias en América, casi que no hay chances para la lucha. Entonces cambia la estrategia bélica. Ya no más la campaña en el Alto Perú, sino pensar en el Pacífico, en tomar Lima. Esa es la propuesta de San Martín y es lo que lleva a la independencia, el nacimiento de un nuevo estado nación reformula lo que era una guerra de insurgencia.

¿San Martín es la gran figura de la Independencia?

Lo es a nivel militar reformulando la nueva estrategia bélica, pero yo destacaría también a Juan Martín de Pueyrredón, que como director supremo fue el nexo entre San Martín y el Congreso. Los diputados cumplieron un rol muy importante, vehiculizando a sus provincias la novedad de la independencia. Ahí nace otro debate, una tarea fundamental para ellos, plasmada en agosto de 1816 cuando decretan “fin de la revolución y principio del orden”, o sea, cuál va a ser la forma de gobierno.

Y ahí se traba todo.

Exacto. Hasta 1819, que fracasa el proyecto de Constitución, se debate si las provincias se iban a organizar como república o como monarquía. La única experiencia republicana era la de Estados Unidos, algo muy novedoso. Que además era heredera de la tradición monárquica inglesa, muy limitada. Por eso se organizaron en pocos años. Acá no, venimos del absolutismo español y se tardará hasta 1853 para tener una Constitución. El debate pasó en gran medida por el proyecto monárquico limitado, con espejo en Gran Bretaña. San Martín y Belgrano eran proclives a eso. La idea de Belgrano de tener un rey inca apunta a generar un nuevo linaje, y a incorporar al Alto Perú, con capital en Cuzco.

¿Cómo fue el Centenario de la Independencia respecto del de la Revolución de Mayo?

Mucho menos fastuoso, más centrado en Tucumán. El gobierno provincial corrió con todos los gastos. Ahí es cuando se proyecta a San Miguel de Tucumán como portadoras de valores espirituales frente al materialismo porteño, que se había apropiado del 25 de mayo. Encima el Centenario de la Independencia se da el año del triunfo de Irigoyen, la primera elección presidencial con el sufragio universal garantizado por la Ley Sáenz Peña, así que el clima político no ayudaba mucho a poner el foco en el aniversario.

¿Qué nos dice el 9 de julio de 1816, dos siglos más tarde?

Nos dice que no había un clima de euforia, sino de desesperación e incertidumbre. Lo que nos deja es que había un punto de partida traumático, que costó salir de ese clima y que es necesaria la negociación política pare resolver conflictos. Incluso quedaron pendientes conflictos como el no reconocimiento de las provincias por parte de la nueva Nación, y se llegó a un sistema muy cauteloso recién en 1853. Se quiso insertar a la Nación en el mundo, fue una gesta bélica con la política en suspenso.

DZ/JPC

Fuente Redacción Z
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