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Guyla Kosice: el lazarillo del júbilo

A 25 años de su última gran restrospectiva y a pocos meses de su muerte, una gran muestra homenaje en el Museo de Bellas Artes recorre la obra del gran artista. Gratis.

Por Daniela Pasik
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firma-gas-neon-51-x-81-x-20-cm-1946 Firma, gas neon 51x81 x20 cm (1946)
1946-gota-de-agua-acunada-a-toda-velocidad-edit Gota de agua acunada a toda velocidad (1946)
gyula-kosice-pintura-madi-a-3-1946-esmalte-sobre-tabla-baja
gyula-kosice-aerolito-1970-plexigls-y-luz-fluorescente-baja Aerolito. Plexigls y luz fluorescente (1970)
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El taller museo de Guyla Kosice todavía queda sobre la calle Humahuaca, en el límite de Almagro con Villa Crespo. Sobresale en medio de cierta estridencia que arma el pastiche de carnicerías kosher, tiendas de ropa de señora, ópticas quedadas en el tiempo y locales orientales pop. Es una casa pintada de ese tipo de celeste que se le adjudica al agua. La puerta gris de metal tiene una gota de acrílico repleta de muchas mini gotas de colores.

Entrar, si se tiene el privilegio, es una experiencia feliz. Un hidrouniverso maravilloso se extiende y empapa de poesía al visitante. Estar entre las obras de este artista plástico es como volver a la infancia. Una infancia excitada, ñoña, fan de la ciencia ficción, admiradora del universo, enamorada de la fosforescencia. Hay maquetas de ciudades elevadas en el aire, objetos que flotan como por arte de magia, esculturas interactivas, agua que corre, luz que entra y sale, movimiento constante.

El miércoles 25 de mayo, a los 92 años casi recién cumplidos, falleció este gran artista de vanguardia, un buscador de lo infinito nacido en la desaparecida Checoslovaquia, cofundador del movimiento Madí y uno de los precursores mundiales del arte cinético y lumínico. El Museo de Bellas Artes celebra su paso iluminado por el mundo con “Gyula Kosice (1924-2016). Exposición homenaje”, el primer tributo desde su muerte y a 25 años de su última gran retrospectiva.

No es lo mismo llegar al imponente edificio de avenida Libertador, impecable, enmarcado en jacarandaes, elevado sobre una escalinata, que a la casona laberíntica en la que Kosice trabajaba, siempre con su delantal azul que le daba aire de científico loco. Su cara de galán de los años 40, el pelo blanco que nunca perdió el jopo y su sonrisa infantil lo hacían parecer, por momentos, como escapado de un capítulo de la clásica serie de ciencia ficción La dimensión desconocida.

Él también falta en el Museo, revoloteando exaltado entre sus obras. Igual ahí, en las salas 39 y 40 del primer piso, hay algo de su energía. La exposición está integrada por obras del Museo Kosice, que funciona donde antes fue su taller, de colecciones particulares y de los museos Nacional de Bellas Artes, Castagnino+macro y Eduardo Sívori. Curada por el especialista en arte contemporáneo y nuevos medios Rodrigo Alonso, la muestra es un delicado seleccionado de piezas destacadas de diferentes períodos de la extensa producción del artista.

Röyi

Röyi

Entre otras maravillas, está Röyi (1944), de su época Madí, nada más ni nada menos que la primera escultura articulada y móvil del mundo. También de ese período hay pinturas de marco recortado y las clásicas obrasen gas neón. Por supuesto que también está su trabajo con agua, el material que se transformó en su marca de autor, y varias de sus obras más recientes. Lo nuevo es asombroso, siempre, pero en este caso hay que sumar que su intacta y joven pasión por la experimentación tecnológica lo llevó a crear maravillas como una bola plateada que flota y cambia de color o un cuadro con sonido que se prende y apaga al ritmo del futuro.

Como postre, están las maquetas y bocetos de su Ciudad Hidroespacial, un proyecto enorme, hermosamente delirante, tan complejo como interminable. Es, nada más ni nada menos, que su visión, tan seria como poética, de hábitats humanos suspendidos en el cielo. Entre otras cosas de necesidad vital, cuenta con hogares aéreos translúcidos, lugares “para tener ganas», otros “para destituir la angustia” o a los que se puede ir “de vacaciones intermitentes». Se encargó de pensar y diseñar todo, hasta su constelación y un manifiesto que aún está online. “El aumento de la población en el mundo es innegable. ¿Dónde vamos a poner a los que vienen si no es en la ciudad hidroespacial?”, solía preguntar sin ninguna intención de ser retórico.

Ciudad Hidroespacial

Ciudad Hidroespacial

“La historia del arte argentino resume en el nombre de GyulaKosice una deriva que, paradójicamente, vuelve clásicas las vanguardias que motorizó. Sus gestos innovadores instituyeron de una vez y para siempre ciertas torsiones que señalan capítulos clave de las artes visuales de nuestro país. Pero su incidencia no se restringió a la dimensión local: el arte cinético que signa el último medio siglo dio en él con su forma inaugural plena”, dijo Andrés Duprat, Director del Museo Nacional de Bellas Artes, en la inauguración de la muestra, el martes 11 de octubre.

Kosice tenía cerca de 20 años cuando decretó el fin del cuadro tradicional y comenzó a pedir, tanto al arte como a la gente, «júbilo». Una vida entera más tarde seguía reclamando lo mismo y hasta el último segundo fue el ejemplo vivo de que cumplir su exigencia era posible. Lo imposible, decía siempre, es describir una obra a alguien que no la vio. Y no tenía problema en guiar al visitante por sus muestras o su taller. Imagínenlo siempre un paso adelante, recorriendo el Bellas Artes, con su sonrisa enorme y su pequeño bastón lumínico escondido en el bolsillo del delantal. Y síganlo.


“GyulaKosice (1924-2016). Exposición homenaje”. De martes viernes, de 11 a 20, y sábados y domingos, de 10 a 20 en el Museo Nacional de Bellas Artes (Av. del Libertador 1473). Entrada gratis. Hasta el 23 de diciembre.

DZ/dp

Fuente Redacción Z
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