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TEMAS DE LA SEMANA

Gran evento anual de suelta de árboles

El proyecto es repartir plantines de ejemplares autóctonos a quien se comprometa a cuidarlos. Diego Anselmi, su creador, habla de cómo, desde hace 20 años, nuevos brotes pueblan plazas y veredas.

Por Daniela Pasik
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“El domingo 2 estaremos haciendo una nueva emisión del bosque disperso, repartiendo pequeños árboles para correr y descubrir sus lindes. ¡Vengan a buscar su árbol, los esperamos!”, anuncia el evento de Facebook, que junta entre sus interesados un número casi equitativo de curiosos bien intencionados como viejos amantes del proyecto. La explicación, en la página, es tan poética como críptica y dice: “El bosque disperso es un proyecto forestal colectivo que, en su filiación patafísica, se presenta como ‘solución imaginaria”».

La patafísica es un movimiento cultural que se inició en Francia durante la segunda mitad del siglo XX. Vinculada en principio al surrealismo, se la podría definir a grandes rasgos como la “ciencia de las soluciones imaginarias”. Desde ese lugar, el actor y dramaturgo Diego Anselmi lleva adelante desde 1996 Bosque disperso, la primera iniciativa argentina en su tipo que, de apoco pero certeramente, inspira a la más diversa cantidad de gente.

Concretamente, el plan es simple: el patafísico local recolecta semillas de ejemplares autóctonos, las siembra, las cría con paciencia y, una vez germinadas, arma plantines que distribuye entre “co-curadores” interesados en formar parte de la acción. El primero en irse de sus manos fue un roble y el proyecto al principio era como un pequeño secreto a voces, una mini cofradía que iba creciendo metódica, pero desordenadamente.

A partir de 2008, entonces, Anselmi comenzó a hacer eventos públicos que llama «dispersiones públicas». Concretamente, el plan también es simple: va a una plaza y entrega macetas pequeñas a cualquier interesado en criar un árbol, previa firma de un certificado donde constan datos como el nombre del ejemplar, del co-curador, la fecha de su dispersión y la firma como compromiso de cuidarlo.

“Las dispersiones públicas las hacemos una vez por año, en torno al 29 de agosto, que es el día del árbol. El resto del año recolecto semillas, siembro, trasplanto y distribuyo ejemplares más puntualmente, a gente que ya conoce el proyecto”, explica Anselmi, que esta vez eligió estirarse un poco más en el tiempo y cita, el domingo 2 de octubre en la Plaza 25 de Agosto en Villa Ortúzar (entre 14 de julio, Charlone, Heredia y Giribone) a quien se quiera sumar.

-¿Cuántos co-curadores sumaste desde tu primer roble en 1996?
-Ya no me resulta posible contar a todos los co-curadores. Tengo registro de ellos recién a partir de la segunda dispersión pública, realizada en Tandil, en agosto de 2009. Aunque todavía no sistematicé esos datos.

-¿Cómo fue que se empezó a sumar gente?
-Los primeros interesados en tener su árbol eran amigos míos que, de alguna manera, se enteraban de que yo tenía arbolitos y me los pedían. O bien, yo ofrecía los plantines entre gente conocida. De a poco, de boca en boca, había más gente interesada y así surgió la idea de un bosque disperso.

-¿Hacés todo vos solo?
-Si bien el trabajo de vivero lo desarrollo en soledad, siempre hay gente que me ayuda en las dispersiones públicas. En general en las dispersiones, que últimamente son siempre en la Plaza 25 de Agosto, colaboran mi mujer, mi hija y algunos amigos.

¿Viste árboles tuyos ya crecidos, viviendo su propia vida?
-Si y es muy emocionante. Suelo pedir a los co-curadores del bosque disperso que me manden fotos. Ver a los árboles en distintos contextos me da mucha alegría.

-¿Sabés por dónde, hasta qué lugares, se ha llegado a dispersar tu bosque?  
-El más austral es una araucaria que llegó hasta Comodoro Rivadavia. También hay ejemplares del bosque disperso en Río Negro, La Plata, Mar de las Pampas, Villa Gesell, Mar del Plata, Ayacucho, Azul, Juan N. Fernández, Olavarría, Laprida, Capital Federal, Montevideo (Uruguay), Tandil y varias localidades más que ahora no recuerdo.

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DZ/dp

Fuente Redacción Z
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