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Gran depósito Caballito: Un gigante que vuelve del olvido

El edificio volverá a funcionar como reservorio de agua.

Por Gustavo Slep
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Es un gigante que llama la atención por su tamaño imponente y su belleza exterior, que atraen la mirada de todos los que pasan a su lado. Pero muy pocos saben qué hay en su interior. Es el Gran Depósito de Gravitación de Aguas de Caballito, que ocupa casi toda una manzana entre las calles Pedro Goyena, José María Moreno, Beaucheff y Valle. En el pasado, jugó un rol fundamental en la distribución y abastecimiento de agua potable en la ciudad. Ahora se encuentra en un proceso de restauración progresivo para recuperar su esplendor.
A comienzos del siglo XX, el crecimiento de Buenos Aires había superado todas las previsiones y el sistema de provisión de agua potable se vio desbordado. Ante esta situación, en 1908, la Dirección General de Obras de Salubridad de la Nación (antecesora de Obras Sanitarias de la Nación) formuló un ambicioso plan de abastecimiento de agua potable para 6 millones de habitantes, una cifra muy superior a la que tenía la ciudad en ese momento, con el fin de que pudiera perdurar en el tiempo. Para ello, proyectó la construcción de dos nuevos depósitos de agua en barrios periféricos para complementar al Palacio de Aguas de avenida Córdoba y Riobamba.
Por entonces, el agua se extraía del Río de la Plata y se purificaba en la planta San Martín, en Palermo. Desde allí, se la enviaba por conductos hasta los depósitos de distribución, que almacenaban el agua en grandes tanques para luego suministrarla a toda la ciudad. La distribución no se hacía con bombas sino a través de un sistema de gravitación. Por este motivo, los depósitos de agua debían estar ubicados en zonas altas de la ciudad. Esto definió la ubicación de los nuevos depósitos en Caballito y en Villa Devoto.
A 38 metros sobre el nivel del río, el depósito fue construido con un estilo arquitectónico propio del clasicismo historicista, con un diseño que seguía el modelo general del edificio de la avenida Córdoba. Tiene una gran estructura metálica interior con doce tanques de reserva de 6.000 m3 de capacidad cada uno, dispuestos en tres niveles y sostenidos por de 180 columnas de hierro que también soportan el armazón de la cubierta. Toda la estructura de hierro fue importada desde Gran Bretaña.
Comenzó a funcionar en 1915, pero, con el tiempo, quedó en desuso. “Estos tanques, a medida que la ciudad crecía y se modernizaba tecnológicamente, quedaron relegados, porque el grueso de la distribución hoy se hace por bombas eléctricas”, señala el arquitecto Jorge Tartarini, director del Museo del Agua y de la Historia Sanitaria de AySA.
Teniendo en cuenta los valores históricos y arquitectónicos, se inició una tarea de restauración progresiva, con la cual se recuperaron los tanques y la estructura general del edificio. “Estos trabajos se hicieron con criterio de restauración, con la idea de respetar los elementos originales, para que no se pierda nada. Porque es patrimonio histórico”, señala Tartarini. Se restauraron los enormes portones de cedro, los pequeños ladrillitos colorados del suelo –en los que aún se lee la leyenda ‘OS’– característicos de Obras de Salubridad, las columnas, los tanques y las tuberías. Lo mismo se hizo con toda la carpintería, la herrería y los herrajes. “Este es el único lugar de Buenos Aires en donde se ve la estructura tal como era en su origen. Y viendo éste, uno se puede imaginar cómo eran los de Devoto y avenida Córdoba”, afirma el director del museo, y comenta un dato importante: los tanques restaurados volverán a ser utilizados como grandes depósitos de reserva para complementar el suministro de agua potable de la red.
El plan de restauración prevé nuevas etapas para recuperar el exterior. “Se empezó a restaurar por dentro, porque había que hacer que esto continuara en uso. Una vez consolidado el uso, con el proceso de recuperación progresiva se van a recuperar los parapetos que están por delante de la fachada con rejas y luego la fachada. Pero siempre con un criterio de restauración”, concluye Tartarini.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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