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TEMAS DE LA SEMANA

Gobernar o satanizar

Análisis político por Eduardo Blaustein.

Por Eduardo Blaustein
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Aun con las tensiones deveni­das de la aplicación de la Ley de Medios, la que pasó fue una se­mana que devolvió cierta «normalidad kirchnerista». Esa «normalidad», si se caracteriza por algo, es por ser hacedo­ra, por su empuje, por la capacidad de ini­ciativa. Puede que a la oposición no le gus­te qué produjo el Congreso este año, pero desde que el oficialismo recuperó la mayo­ría, el parlamento -tras un par de años de empate empobrecedor que estancó la acti­vidad legislativa- volvió al trabajo. La que pasó fue la semana de la aprobación del voto optativo a los 16 años, la de declara­ciones conjuntas contra el accionar de los fondos buitres (un acto generoso por parte de la oposición que el kirchnerismo debería agradecer), la de la sanción del presupues­to y la de los primeros dictámenes a favor del per saltum, que viene con mala pren­sa pero merece ser analizado sin prejuicios: desde 1983 no hay casi fuerza política que no haya presentado proyectos similares al del Gobierno.

Hubo algún discurso que empañó la sanción del voto para los jóvenes, en un episodio que debería haber sido una fies­ta de los espacios democráticos. Hubo en realidad dos discursos que empañaron esa aprobación. Sólo que el que eligieron destacar los medios opositores fue el pá­rrafo gritado por el dirigente de La Cám­pora Andrés Larroque, con la famosa re­ferencia al «narcosocialismo». Agusto de quien escribe, el diputado se equivocó en más de un sentido. Primero, en la acusa­ción exacerbada contra una fuerza política, el socialismo, que en más de una ocasión se atrevió a votar con el oficialismo (la Ley de Medios entre unos cuantos ejemplos), lo que en la Argentina de la polarización tiene costos importantes. Segundo: porque casi ningún político puede arrogarse la autori­dad de haber conducido sin fricciones las fuerzas de seguridad, a veces mirando para otro lado. Es cierto que la policía santafe­sina es bravísima y que los gobiernos Bin­ner-Bonfatti fueron débiles. Pero el kirch­nerismo, sólo a partir de la designación de Nilda Garré se decidió a intentar conducir la Federal. Mientras que Daniel Scioli, por mencionar el caso más célebre, sostiene una política de seguridad más que opina­ble. Tercero: no hay que gritarles a los par­tidos opositores. Si se trata de decirles que dejen de subordinarse al discurso o a los intereses de ciertas corporaciones, Agustín Rossi lo ha hecho en la Cámara de Diputa­dos con más nivel.

Si Larroque se pasó de rosca, mucho más graves, entre resentidas y delirantes, fueron las acusaciones de Elisa Carrió, quien trazó una insólita asociación entre el voto a los 16, La Cámpora y la distribución de dro­ga en los colegios. La derecha mediática se hizo una fiesta con Larro­que. ACarrió la blindaron.

El odio no produce

En pocas horas se realizará el cacerolazo del 8N, tan mentado. Es una protesta que tiene su obvia cuota de legitimidad, que ex­presa malestares que deben ser escuchados por el Gobierno, pero que contiene, además de demasiado odio y antipolítica, demasia­das paradojas. Beatriz Sarlo escribió en La Nación esta reflexión valiosa: «Detestar al kirchnerismo no produce política…. Afirmar la primacía absoluta de los derechos individuales (yo hago lo que quiero con lo mío) es una versión patética y arcaica de lo que se cree liberalismo». La presencia anunciada (autoinvitada) de Luis Barrionuevo es de lo poco nuevo que sumó en estos días la con­vocatoria, aunque luego el sindicalista se las ingenió para retirar su autoinvitación. Barrionuevo tiene esa audacia y si mancha la protesta, eso lo tiene sin cuidado. Los que tienen un verdadero dolor de cabeza res­pecto a cómo posicionarse son algunos re­ferentes opositores. Carrió pidien­do que los políticos no vayan, como si tu­viera autori­dad sobre ellos. Francisco de Narváez diciendo que él no va pero apoya y que en todo caso van la pa­trona y los pibes. Patricia Bullrich volverá a poner sus camionetas, volantes, algún mer­chandising. Mauricio Macri apoya con sus palabras siempre huidizas, aunque se sabe largamente que mucha fundación cercana al PRO(y a la Sociedad Rural, la Iglesia y los últimos defensores del terrorismo de Esta­do) tiene un papel sobresaliente en la con­vocatoria.

Mucho cacerolero prioriza la antipolítica a la construcción política. Mucho político cerca­no a la protesta ni se atreve a poner el cuer­po en la protesta. Le tienen miedo a sus ba­ses potenciales. Comparar esos temores con la audacia kirchnerista, con su modo de zam­bullirse en la sociedad (la imagen de Néstor Kirchner el día de su asunción, el primer baño de multitudes), es más que oportuno.

Es una pena que la carga de emociona­lidad impida introducir en el debate ciertos momentos y políticas del kirchnerismo que suelen invisibilizarse, incluso en el propio discurso oficial que no siempre les saca ré­ditos a algunas de sus mejores acciones. La referencia es por el discurso del lunes pasa­do de la Presidenta, en el que además de exhibir la fortaleza admirable que tiene, ar­ticuló políticas de inclusión por varias vías; las del tendido de nuevas redes cloacales, las educativas, el lanzamiento de un conve­nio sobre formación de ingenieros para la nueva Argentina reindustrializada.

La articulación de políticas productivas, científicas y de educación suele quedar fue­ra de agendas como la del 8N. La mitifica­ción de la soja como casi exclusiva fuente de salvación de la economía kirchnerista es una instalación exitosa que el Gobierno no siempre sabe desmontar. El rescate de las carreras técnicas y la formación de profesio­nales es otro signo de los tiempos, opuesto al desierto de la Argentina neoliberal importadora, con sus récords de desocupación.

Tal parece que la Presidenta -que tuvo un gesto para la foto saludando a Jorge Ma­cri y a Daniel Scioli en el acto en Tecnópo­lis- entendió que le conviene mos­trar actos de gestión, sin necesidad de satanizar ni a la oposición ni a los caceroleros. Es una opción inte­ligente que no todos en su propia tropa terminan de entender.

DZ/km

Fuente Especial para Diario Z
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