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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Gill: «En la basura hay dinero, puestos de trabajo y ahorro de energía»

La presidenta de la ONG Doná Tu Basura, Elisa Gill, opina que hay mucha ignorancia sobre el perjuicio ambiental que genera no reciclar la basura. Y que los que más entienden el problema son los chicos.

Por Roberto Durán
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Todos queremos tener lejos de nuestra vista a las bolsas de basura. Pero pocos tomamos conciencia del destino de esos residuos que producimos cuando pasan la puerta de casa y van al contenedor, que luego retira el basurero o los cartoneros.

Los habitantes de esta ciudad mandan a la Ceamse –la empresa creada por los estados de la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires para gestionar los residuos sólidos urbanos– unas seis mil toneladas por día. A esa basura hay que sumarle la de los otros 17 municipios, que también aportan sus residuos. La basura pasa por plantas de transferencia, que separan algunos residuos. Y el resto se deposita en un relleno sanitario, un buen destino comparado con los basurales a cielo abierto que crecen en la provincia.

Uno de los grandes problemas, aseguran los especialistas, es el límite de la capacidad de la Ceamse y la poca cultura del reciclado en la población. Hace dos años, Elisa Gill creó la ONG Doná Tu Basura, que busca concientizar sobre la separación de residuos. Además, la institución recolecta, clasifica y recicla residuos sólidos urbanos. Gill habla de una profunda ignorancia ambiental, de las ventajas de practicar el reciclado y de la generación de residuos altamente peligrosos en nuestras propias casas.

¿Cómo surgió tu interés por reciclar los desechos?
Me siento una recicladora desde hace muchos años. Nací en Pasteur, un pueblo de mil quinientos habitantes de la provincia de Buenos Aires. Siempre digo que es una especie de Gran Hermano gigante. Crecí haciendo compost en el fondo de casa, en el que también había gallinero y una pequeña quinta. Este trabajo que estoy haciendo ahora es una vuelta a lo natural, que se pierde un poco cuando venís a vivir a una gran ciudad. El consumo te hace perder la esencia y el círculo de las cosas. Al principio, comencé con un proyecto en el que reciclaba telas y así me fui interesando por el residuo y lo social.

¿Y así fue como creaste la ONG?
Exacto. La primera charla que tuve con la gente del MTE (Movimiento de Trabajadores Excluidos, una organización que agrupa a más de dos mil cartoneros). Fue una bofetada. Sentí vergüenza por el nivel de ignorancia ambiental que tenía, al igual que cualquier ciudadano medio de la Argentina. Cuando tiramos cosas a la basura, no pensamos en lo que hacemos ni en el efecto que eso tiene. Te diría que los chicos están mucho más informados que los adultos y los gobiernos. Todos nosotros hemos sido educados con un libreto, que ahora debemos cambiar; me refiero a cómo tratamos los residuos y la forma en la que consumimos.

¿Cuál es el estrato de realidad del reciclado en la ciudad de Buenos Aires? ¿Cómo estamos?
Un buen punto de partida para analizar la situación es la ley 1.854, de 2005, que se conoció como Basura Cero. La ciudad se comprometió a disminuir el volumen de residuos que los porteños mandamos a la Ceamse. Es una forma de comenzar a abordar el problema, que tiene dos patas. La primera es la social, con más de tres mil cartoneros en situación de informalidad absoluta. Y la del abordaje concreto para disminuir la cantidad de residuos. A partir de allí, comenzaron a gestionarse los centros verdes, que son espacios de recepción en el que los cartoneros pueden seleccionar los materiales reciclables.

Mucha gente piensa que no tiene sentido separar los restos en casa porque luego el basurero junta todo. ¿Qué hay de cierto en eso y cuál es el rol “tratador” del Estado?
Es cierto que el Estado es el tratador del residuo, pero los ciudadanos somos los que lo generamos y los primeros responsables. Y lo digo, en primer lugar, por la cantidad. Cada persona genera un promedio de un kilo y medio de basura por día. Si vos no lo gestionás ni separás, esa bolsa negra va directo a la Ceamse. Si los clasificás, podés separar los orgánicos y hacer un compost; luego seguir por los reciclables, como papel, plástico, cartón vidrio y lata. Y se pueden poner nuevamente en el sistema de producción como materia prima. Yo aconsejo siempre separar porque, aunque vaya al contenedor negro, le facilitás el trabajo al recuperador. Cuanto mejor clasificado está el residuo, más clara será la ruta y más factible el reciclado. Antes todo tenía un solo camino.

En la ciudad hay una conciencia política y de reclamo de distintas índoles ante algún atropello. ¿Te parece que se exige con la misma intensidad en las cuestiones ambientales?
En líneas generales, el vecino de la ciudad quiere que la bolsa negra de basura se aleje de su vista lo más rápido posible. Y es lógico porque produce mal olor, atrae a las ratas y otros males. Pero, haciendo un análisis fino, la exigencia no va más allá de eso. Si yo te digo que en la bolsa que tirás hay dinero, puestos de trabajo y ahorro de energía. ¿Lo seguirías haciendo sin pensar demasiado? Por eso digo que hay una gran ignorancia ambiental. Nos tenemos que educar en un nuevo paradigma; debemos saber qué residuos generamos y cómo tratarlos. Me refiero a los ciudadanos y a los gobiernos.

¿Qué materiales se podrían tratar y no se lo está haciendo?
Varios. La ciudad está trabajando con residuos pesados, como madera y restos de construcción; también se inició el tratamiento de verdes, como la poda. Una de las grandes deudas es el telgopor. Pensá en todo lo que nosotros consumimos en un patio de comidas, el recipiente de los helados o los vasitos de café. Todo es material reciclable, pero cuando intentás lavarlo no queda perfectamente blanco, sino algo veteado aunque esté limpio. Es sólo una cuestión de pigmentación. Sería genial que le encuentren la vuelta porque es un material que usamos muchísimo y se recicla muy poco. Sólo lo hacen algunas grandes automotrices con su material de empaque.

Las pilas son un residuo que todos consideramos peligroso. ¿Qué otros tienen esas características y cuáles son las posibilidades de reciclado?
Son muchos. Las pilas, claro, pero además otros como los tubos de luz fluorescentes –tienen mercurio– y el aceite que tirás en la bacha. Por cada litro estás contaminando varios de agua. Si tenés un enfermo en casa, los residuos sanitarios que generás son tan peligrosos como los de un hospital. El problema de estos residuos no es la falta de reciclado –por ejemplo, en La Plata hay una planta para pilas– sino la logística e infraestructura. Desde la ciudad no podés llevar residuos peligrosos a provincia. Y la ciudad depende mucho de la provincia por una cuestión de espacio.

Este año hubo elecciones, ¿el tema de la basura y el reciclado será importante para las nuevas gestiones?
Debería ser prioridad de todos los municipios y gobiernos. No sólo por una conciencia ecológica, sino también por presupuesto porque es uno de los grandes gastos. Es cierto que la responsabilidad es de los gobiernos, pero también nuestra. Si sabemos cuál es todo el proceso de la basura, tendremos más conciencia desde el consumo. El problema lo tenemos hoy en día y no es algo que ocurrirá en diez años. Sólo basta abrir los diarios y ver los distintos fenómenos del cambio climático. La basura es un tema urgente.

¿Por qué Suecia compra basura?

Buenos Aires y otras grandes ciudades del mundo miran a Suecia como el ejemplo en materia de tratamiento de residuos. El país nórdico importa basura, porque no produce suficiente material para reconvertirlo en energía.
“Suena muy loco decirlo, pero ellos compran basura. Tienen un sistema muy moderno de incineración y altos niveles de reciclado, que producen energía. En Londres, por ejemplo, te hacen una gran multa si te excedés en el peso de basura que declarás que generás. Todavía estamos a años luz de eso”, dijo Elisa Gill.

 

DZ/ah

 

Fuente Redacción Z
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