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Gamerro: «El peronismo es la única idea política original de la argentina»

El autor de Facundo o Martín Fierro, piensa la identidad argentina a partir de “los libros que la inventaron” y revisa, también, el Diario del Che, Malvinas y la dictadura.

Por Juan Pablo Csipka
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Carlos Gamerro
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A lo largo de más de medio millar de páginas, Carlos Gamerro encara un viaje personal por libros y autores clave de nuestra literatura desde su impacto en la realidad. Así, entre Borges, Arlt o Fogwill analiza los textos del Che Guevara. Y se pregunta si acaso hubiera sido destruido el Diario que escribió Ernesto Guevara en Bolivia, hubiera existido la guerrilla de los 70. El punto de partida es, desde el título, la alusión de Borges sobre el destino argentino si se hubiera elegido como libro de cabecera el Facundo de Sarmiento en lugar del Martín Fierro.

“Quise hacer un libro que no fuese enciclopédico. Oscar Wilde dice que no es que el arte imita a la vida, sino al revés. De ahí que los relatos creen percepciones sobre la realidad. Así, el modelo del gaucho que conocemos, el del gaucho como creemos que es, lo tenemos de Martín Fierro”, cuenta el autor de Las Islas.

¿Se puede decir que hay libros que fundan la realidad?
Hay literaturas que crean realidades poderosas a las que nos gustaría pertenecer. Eso es aplicable acá. El historiador Tulio Halperín Donghi dice que el único proyecto de país en América, formulado en lo teórico y luego llevado a la práctica, fue la Argentina en el siglo XIX, con Alberdi y Sarmiento. En otros lugares fue al revés.

¿Por qué se dio eso?
O los escritores eran más fuertes o la realidad era más débil. Alberdi y Sarmiento polemizan, pero no porque los escritores modelen un país, sino cuál de los dos lo hará. Alberdi se dio cuenta y se lo plantea, le pregunta si realmente cree que un intelectual puede gobernar, y Sarmiento se queda sin respuesta, porque él lo daba como algo natural.

Aunque contrapuestos, decís que Martín Fierro y Facundo coinciden en su carácter racista.
Hernández creó un texto racista, que modeló la idea del gaucho hasta que Borges la puso en duda, que cómo va a ser modelo un desertor que mata a un negro… como lo vemos en sentido canónico nos cuesta ver lo discriminador que es, no del gaucho, sino del indio, sobre todo en la segunda parte, que avala la Conquista del Desierto, ya en marcha. Hernández prefiere entregar al indio para salvar al gaucho, porque lo ve recuperable como peón de campo. Los consejos son como un manual de autoayuda en ese sentido, ¿no? Sarmiento es más taxativo, propone el exterminio y pone todo en términos de blanco o negro. Y encima hace una trampa que aun hoy funciona: el que lo contradice queda del lado de la barbarie. Mansilla esquiva esa trampa en Una excursión a los indios ranqueles, en donde se ve que el indio vive de forma civilizada. Dice del indio lo que Hernández dice del gaucho: que no hay que matarlo sino integrarlo.

No colocás al poema de Hernández como el gran opuesto al Facundo, sino que das ese lugar a La tierra purpúrea, una novela escrita en inglés por Guillermo Enrique Hudson.
Porque Hudson, que nació acá de padres ingleses y murió en Inglaterra, opta por la barbarie. En la novela se ve la segunda invasión inglesa y cómo critica el supuesto rol civilizador de los invasores. Arranca con el lamento tan argentino de por qué no se quedaron, y al final, cuando entregan Montevideo, el protagonista dice que menos mal que se fueron, que se queden los criollos con su barbarie. Ningún escritor argentino podía decir eso ni en broma.

Cerrás el siglo XIX con Juan Moreira, de Eduardo Gutiérrez.
Moreira termina con la gauchesca. Güiraldes también, en forma tardía. Moreira viene a ser el primer superhéroe. Fierro peleaba mano a mano con otro, y éste se enfrenta solo a veinte tipos. Hay que ponerlo en un contexto mayor desde que circula en folletines. Es el primer héroe de la cultura de masas en el país.

Del gaucho pasamos a la ciudad, y ahí asoma Roberto Arlt, con una tesis premonitoria en tu libro.

Se habla del Arlt profeta, pero eso surge en los 80, después de la dictadura. Hasta entonces era sólo un cronista genial. Después del Proceso se volvió un lugar común comparar al Astrólogo de Los siete locos con José López Rega. Ahí yo rescato un libro del 80, Preso sin nombre, celda sin número, el relato de Jacobo Timerman de su calvario. Él rescata esa idea, como si los grupos violentos de los 70, de izquierda o derecha, hubieran leído a Arlt y decidido llevarlo a la práctica. Que Arlt preanuncia los 70 no caben dudas, aunque el nivel de locura no lo podía predecir nadie. Timerman se pregunta por el nexo entre Los siete locos y una definición de Borges sobre el argentino. Yo arriesgo que ese punto de contacto es el menemismo.

Con Arlt llega el relato urbano, ¿qué lugar le das a Buenos Aires?
Es una ciudad creada por sus escritores, pero muy grande como para ser de uno solo. Dublín es un invento de Joyce; Santa Fe lo es de Juan José Saer, pero nadie se puede apropiar de Buenos Aires, por eso se habla de la ciudad de Borges, la de Arlt, la de Aira. Cada cual elige una zona a la que le da entidad, y así la vemos con sus ojos. Yo no puedo caminar por Villa Crespo sin pensarla como la narra Leopoldo Marechal en Adán Buenosayres.

La influencia del racismo, de Sarmiento en adelante, impregnó a Buenos Aires, según Gamerro. De ahí que sea una “ciudad en la que no se puede dar una vuelta de manzana sin convertirla en un paseo racista”.

En el libro contraponés a Borges con el peronismo.
No son muchos los políticos que crean imágenes del país. Perón hizo eso, fundó una mitología que vino a reemplazar todo lo anterior, con más ninguneo que hostilidad hacia lo que quedaba afuera. En dos siglos de historia hay una sola idea política original en la Argentina: el peronismo. Todo lo demás son ideas prestadas. Borges hizo del antiperonismo el punto fijo a partir del cual trabajar. Hasta el 55 creía en la democracia como oposición a Perón; con la Libertadora defiende a la dictadura como única forma de evitar el regreso al poder del peronismo. Negocia todo menos su antiperonismo. Apenas comenzada la dictadura de Videla llega a decir que la democracia es un abuso de la estadística. El alivio en el 83 para él no es la vuelta de la democracia en sí, sino la derrota de Luder. Pero hay que ser justos. Así como almorzó con Videla y se dejó condecorar por Augusto Pinochet, firmó una solicitada de las Madres en plena dictadura y terminó presenciando el juicio a las Juntas. Juan Gelman le reconoció eso.

¿Cómo tomás a la dictadura y Malvinas desde los libros?
Es complicado, porque nadie, salvo los que lo planificaron, podía imaginar el horror de la dictadura. Arlt pudo haber vislumbrado al golpismo en relación a la criminalidad, pero nada de esa envergadura. Sobre el Proceso tomo dos novelas de Martín Kohan, Dos veces junio Ciencias morales. Y sobre Malvinas una genialidad como Los Pichiciegos, de Rodolfo Fogwill, que arma una contraficción con esos soldados que escapan de la trinchera y negocian con los ingleses. Y lo hace antes del regreso de las tropas. No crea una realidad anticipatoria ni posterior, sino paralela, al contar la historia desde el futuro. También tomo películas de hijos de desaparecidos, como Albertina Carri y Nicolás Prividera, y un ensayo de Pilar Calveiro, sobreviviente de la ESMA, Poder y desaparición, donde sale del lugar de víctima para permitir el debate.

Reivindicás a Manuel Mujica Láinez y ponés a Manuel Puig como escritor político por delante de Rodolfo Walsh, ¿por qué?
A Manucho se lo trató mal, incluso se lo denigró, no por aristócrata decadente, sino por gay. Tuvo mala suerte, pero los lectores le son fieles. Si Hudson enseña a mirar la Pampa, Manucho enseña a ver las casas viejas de la ciudad. Walsh es un enorme autor, pero predecible en sus opciones políticas, y Puig ofrece más matices, como poner a un montonero como villano en Pubis angelical. No era fácil hacer eso en los 70.

¿Cómo hay que leer Facundo o Martín Fierro?
Quise hacer un libro accesible, no académico. Mi escritura no es para iniciados, en el lenguaje común están todas las palabras útiles para expresar lo que se quiere decir. Incluso no hace falta haber leído todas las obras citadas para acercarse al libro. A mí me gustaría que se leyese como una novela.

DZ/ah

 

Fuente Redacción Z
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