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Gabriela Toscano: “No existen los actores de elite”

Es capaz de interpretar a Clara en El Puntero y al príncipe danés en Hamlet, la metamorfosis. Cierra ocho meses de éxito en teatro con Love, love, love.

Por Raisa Giussi
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gabriela toscano

Su papel cosechó excelentes críticas. Cómico, profundo y frontal, el personaje de Sandra conquista a los espectadores por el compromiso con el que es interpretado por Gabriela Toscano. En la obra, Sandra y Dani –Fabián Vena– son un pareja de los 70. El amor, la paz, la libertad y la rebeldía son parte constitutiva de sus vidas. Pero el paso del tiempo no les devuelve el mundo que soñaron. Los hijos, las obligaciones económicas y mantenerse unidos, los convirtieron en yuppies con una familia disfuncional. Love, love, love es una crítica feroz del joven autor inglés Mike Bartlett a la generación que prometió cambiar el mundo. Dirigida por Carlos Rivas, su marido, estará en cartel hasta el 1º de septiembre.

¿En qué te basaste para componer tu personaje?

En lo que me hizo imaginar el director. Nos metió en el mundo de los 70. Empezamos a trabajar por el medio, que para Carlos es la semilla de la obra. En la familia. Empecé a crear esta mujer que era muy libre, de querer tener aventuras, defensora de la mujer y de su sexualidad, de la libertad política. Ella piensa: “no necesitamos nada, necesitamos vivir, hacer dedo, subirnos a un camión, tomar un poco de vino, tirarnos en la playa y si aparece un trabajo, aparece”. Que sea una mujer frontal que dice las cosas de una manera muy frontal. La frase que ella dice “tengo la boca como un tren” me ayudó mucho.

¿Cómo trabajaste la aparente distancia de Sandra hacia los sentimientos de los otros?

Esa distancia es porque piensa que se hizo de abajo, entonces les reclama a los hijos “trabajamos mucho, te dimos todo, ponele onda”, sería como un “hacete grande, como nosotros nos hicimos”. Es una persona auténtica. Cuando tenía la edad de la hija puteó a la madre y se fue a tener aventuras. Después formó una familia y trabajó durante 30 años. Nosotras les tenemos que agradecer a esas mujeres que a los codazos se hicieron un lugar en la vida. Ella es una mujer que tiene ciertos valores. Y eso tiene que ver con la ideología. Quizás una parte la defendió y otra no.

¿Compartís las críticas que hace la obra a la generación de los 70?

Está escrita por una persona muy joven. Eso me parece muy interesante. Le dice a esa generación: “Ustedes dijeron que iban a cambiar el mundo, que iban a darnos un futuro mejor y los pasaron por arriba. Les pusieron un pie en la cabeza. Y mirá cómo nos dejaron el mundo que nosotros ni siquiera a veces podemos conseguir trabajo, ni tener una casa”. De acuerdo a como estés en la vida te va a pegar la obra. El espectador puede identificarse y posicionarse a su gusto. Los jóvenes la toman desde el “yo quiero cambiar eso”, “no quiero eso para mi vida”.

¿Cómo se sostiene la comedia entre tanto drama?

Tiene que ver con Carlos. Ese es el humor que él quería para la obra y nos llevo ahí. Son cosas muy sutiles. Él no quería que ella sea melodramática, sino que sea franca y esa franqueza es la que la hace ser graciosa. Esta alcohólica que yo inventé, a la que le gusta tomar y le gusta hablar mucho, termina resultando muy cómica.

¿Qué te da la tele y qué te da el teatro?

El teatro permite contar una historia, de principio a fin. Es más profundo. Tenés que venir todas las noches, estar dispuesto a que suceda como si fuera la primera vez, no acomodarse en el personaje para que esté vivo. Si uno empieza a hacerse el actor arriba del escenario, el teatro está muerto en dos minutos. La tele te da lo masivo, que es muy interesante. Te da el aquí y ahora, resolver, estudiar para mañana y tener creatividad al instante. Tenés que estar cada día más verdadero, no naturalista. Yo creo que el naturalismo hace ruido hoy en día en la tele. Es una crítica constructiva para el que la quiera escuchar. Yo me crié en la tele, vengo de un lugar muy popular. Me interesa que mi actuación llegue a todos los lugares, a La Quiaca o a Tierra del Fuego. No existen los actores de elite. El arte tiene que llegar. Después también vienen a ver la obra. Y es una experiencia más intima con el público, es como un abrazo.

¿Cuáles son los momentos más difíciles para una actriz?

Cuando no estás trabajando. Vivimos en el sube y baja de que hoy tenemos trabajo y mañana no. Hay momentos que uno tiene que tomar decisiones. Tomar un trabajo o no, si conviene, que querés hacer. También se pone difícil porque uno quiere más desafíos. Cuando hice El Puntero fue muy interesante porque yo venía de hacer Para vestir santos, y representaba un desafío totalmente diferente. Y eso me encantó. Era un personaje mucho más humano.

¿Como creás personajes tan diferentes?

Uno siempre cae en algunas cosas que son su propia naturaleza. Entonces me esfuerzo. Tiene que ver mucho con como uno piensa la vida. Después creo que hay que dejarse llevar por la imaginación y poner el cuerpo. Tenés que ir rompiendo barreras, incluso las propias, los prejuicios. Me he sorprendido haciendo cosas en el escenario. Le pongo mucha garra a transformarme. Quiero ir a lugares que no toqué todavía.

¿Cuáles te gustaría interpretar?

Creo que los clásicos te ayudan mucho a descubrir cosas. Pero puedo hacer desde Lady Macbeth hasta una comedia, liviana, pasatista y la hago con la misma seriedad con que hago todo. Consiste en contar historias.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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