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TEMAS DE LA SEMANA

Gabriela Michetti: una nueva invitación a prestarse al sacrificio

Debe postularse y sumar votos bonaerenses. Eso implica resignar su sueño de ser jefa de Gobierno.

Por Franco Spinetta
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Gabriela Michetti es otra vez eje de los tirone­os internos en el PRO. Mientras el macrismo trabaja para calzarle la banda presidencial a Mauricio Macri, la ac­tual diputada nacional dilata una respuesta al pedido de que renun­cie a su construcción política en la ciudad para desembarcar en terri­torio bonaerense. El ofrecimiento se revela como crucial para las as­piraciones de Macri: la provincia representa casi el 40% del padrón electoral. El 2015 está lejos, tan­to como el PRO lo está de ser una fuerza nacional y las elecciones de medio término de 2013 serán una prueba de fuego para el macris­mo: no hacer una buena elección en las provincias de Buenos Ai­res, Santa Fe, Córdoba y Mendo­za significaría un duro revés.

«El mal que aqueja a la Ar­gentina es la extensión», so­lía decir Bernardino Rivadavia, aquel liberal conservador que en los libros de historia apare­ce como el primer presidente y dueño del sillón que se ha trans­formado en la obsesión de Ma­cri. Y quizás la confirmación de que su dominio electoral, tal como le sucedía a Rivadavia, se circunscribe sólo a la capital. En 10 años de existencia, el PRO no pudo hacer pie con firmeza en la provincia de Buenos Aires, sal­vo Jorge Macri, que gobierna Vi­cente López, un electorado más parecido a la ciudad que al conurbano. Los armadores ma­cristas reconocen esta debilidad y debieron dar una dura bata­lla -incluso contra el propio jefe de Gobierno- para convencer de que era necesario «meterse en el barro bonaerense en busca de los votos que no están». Lo cierto es que hoy por hoy, la diputa­da nacional Michetti es la única carta fuerte que podría ofrecer el macrismo en la provincia.

Sin embargo, Michetti aún no tomó una decisión. En su en­torno dicen que sólo ella deter­minará el momento para hacer­lo. Mientras tanto, en los oídos de Macri circulan encuestas que muestran a Michetti con un 20% de intención de voto y una ima­gen positiva que supera el 50%. Números que difícilmente pueda alcanzar otra figura del PRO. Si acepta el pedido de Macri, no se­ría la primera vez que la diputa­da es sometida a sacrificios políticos, como cuando -contra su voluntad- renunció a la vice­jefatura de Gobierno para en­cabezar la lista de diputados nacionales en 2009, que al­canzó el 31,09% de los votos, muy por debajo del 45,62% que obtuvo Macri en la primera vuelta de 2007, cuando el PRO accedió al poder.

¿Y si no quiere ser candi­data en la provincia? «Si no es Michetti, tendrá que ser Michetti», bromea uno de los armadores que traba­ja junto al ministro de Go­bierno, Emilio Monzó.

La indefinición de la ex vicejefa está estrechamente ligada a una interna con el jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, trans­formada en un clásico. Un episodio ocurrido en los úl­timos días muestra la situa­ción del PRO en la Ciudad. Durante el reparto de los cargos que corresponden al partido en Capital, Mi­chetti impugnó la postula­ción del ministro de Educa­ción Esteban Bullrich, como presidente de la Asamblea General. Bullrich terminó autoexcluyéndose bajo el pretexto de «darles lugar a nuevos dirigentes» y ese lu­gar fue ocupado por el legislador Francisco Quintana, cercano a Michetti.

Estas rencillas se profun­dizaron este año con la apa­rición de nuevas figuras po­líticas, cuando el mercado en la Ciudad parece estar satu­rado. Además del trabajo in­cansable -y a veces infruc­tuoso- de Rodríguez Larreta para posicionarse electoral­mente, se le ha sumado no sólo Bullrich, sino también el ministro de Espacio Públi­co, Diego Santilli, el diputado nacional Federico Pinedo, el PROperonista Cristian Riton­do y la actual vicejefa de Go­bierno María Eugenia Vidal, que empieza a tener vuelo propio. Todos con ambicio­nes políticas y con la preten­sión de salir del estancamien­to porteño.

Este escenario tensio­nó las relaciones partidarias y provocó una bajada de lí­nea directa de Macri. «Bas­ta de internas infructuosas», se le escuchó repetir. Hasta Pinedo, un histórico del ma­crismo, fue víctima de las pe­leas intestinas y se llegó a de­cir que sus coqueteos con el gobierno nacional -y en especial con la presidenta Cris­tina Fernández- tenían como trasfondo un nombramiento diplomático.

Macri decidió escuchar a Monzó, quien le había reco­mendado impulsar las inter­nas abiertas obligatorias para institucionalizar estas peleas y evitar sangrías. El propio ministro de Gobierno deci­dió -luego de los cruces que tuvo con el secretario gene­ral Marcos Peña- no poner el cuerpo en las disputas entre las figuras de la Ciudad, no sufrir un desgaste que podría perjudicar su principal mi­sión: hacer de un partido ve­cinal como el PRO una fuer­za nacional. «Gabriela ya dijo que hará lo que se considere mejor para el partido», ase­gura una fuente del entorno michettista. «Pero es lógico que no quiera descuidar algo para lo que siempre peleó, que es tener influencia políti­ca en la Ciudad», añade.

En tren de sumar volun­tades, el macrismo ya traba­ja para volver a posicionar al economista Carlos Melco­nian y también se produciría un pase que, si ocurre, dejará boquiabierto a muchos: Jor­ge Telerman estaría con un pie en el ministerio de Cultu­ra de Hernán Lombardi.

«Necesitamos votos, ne­cesitamos peronizar al PRO en el interior», grafica una fuente del macrismo que si­gue de cerca el desempeño de Francisco de Narváez en la provincia, una alianza cada vez menos probable. «El Co­lorado está teniendo proble­mas para contener a sus diri­gentes y encima no para de caer en las encuestas». Hace unos días, De Narváez anun­ció la creación del Frente de Unidad Peronista (FUP) jun­to al intendente de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino, y la diputada nacional del pe­ronismo disidente Graciela Camaño. En el acto de lan­zamiento, una disputa feroz por determinar quién sería el principal orador, terminó con la retirada de Cariglino y Camaño, que dejaron solo a De Narváez. Este episodio fue muy comentado en el Gobierno de la Ciudad. Y no es para menos. Una alianza con el empresario colombia­no está cada vez más lejos y, aseguran en el PRO, Macri y De Narváez comparten elec­torado.

Otra de las figuras que si­guen muy de cerca en el ma­crismo es al intendente de Tigre, Sergio Massa. Ex jefe de Gabinete de la presiden­ta Cristina Fernández, Massa se caracteriza por jugar con la encuesta en la mano: to­das las mediciones lo in­cluyen en el top 5 de los dirigentes con mejor ima­gen nacional. «Sergio es siempre una opción muy tentadora, pero veo difícil que se salga del kirchneris­mo en tanto CFK no baje de los 40 puntos de inten­ción de voto», dice un ar­mador PRO.

La necesidad hace a la acción. «Necesitamos votos», parecería el lema de la construcción políti­ca macrista. El escenario ideal -explican en una ofi­cina desde donde se plani­fica la estrategia nacional- engloba la constitución de un frente electoral que incluya al peronismo no K, a la UCR no alfonsinista (el intendente de Junín, Ma­rio Meoni, por ejemplo) y partidos vecinalistas del interior. El PRO está yen­do a los pueblos del inte­rior a buscar presidentes de clubes, profesionales, referentes que «no provengan de estructuras partidarias ni de la política tradicional».

Chau marketing, hola política

Jaime Durán Barba está en retirada. Y su procesamien­to en la causa por la llamada «campaña sucia» contra el se­nador kirchnerista Daniel Fil­mus, que vinculó falsamente al padre de Filmus con Sergio Schoklender, durante la eta­pa preelectoral, no va a me­jorar esa situación. El ecuato­riano fue perdiendo terreno y Macri no lo escucha tan­to como antes. «Mauricio entendió que Durán Barba pue­de ser un buen comunicador, pero que lo obligó a bajarse dos veces de una candidatura presidencial porque no sabe construir políticamente», dice una fuente del gabinete.

El marketing está sien­do reemplazado por la po­lítica. Así lo entendió has­ta el cómico Miguel del Sel, que luego de la excelente elección que hizo en San­ta Fe, se dedicó a formarse políticamente. Del Sel vie­ne dos veces por semana a la ciudad para reunirse con los equipos técnicos del PRO que le enseñan economía, historia y gestión pública. En Mendoza, el acuerdo con el radicalismo está avanzado, sobre todo con el intenden­te de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo. Y se mantiene una alianza histórica con los de­mócratas cristianos. En tan­to, en Córdoba, al acuerdo con Oscar Aguad -en franca decadencia- se suman con­versaciones con el intenden­te de la capital provincial, Ramón Mestre, quien esta­ría dispuesto a transformar el rojo de sus banderas en amarillo.

Así las cosas, Mauricio Macri afronta el empanta­nado camino de la construc­ción política, donde los sa­pos saltan a cada paso. Sólo el tiempo y los resultados electorales podrán determi­nar si finalmente cruzará la Plaza de Mayo, desde Bolí­var 1 hacia Balcarce 50. O si la extensión de la Argentina lo condena a limitar su po­der político a la ciudad de Buenos Aires.

DZ/km

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