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TEMAS DE LA SEMANA

Gabriel Taraburelli: luchador de cuerpo y alma

El entrenador de Sebastián Crismanich, ganador del máximo logro en la historia del Tae-Kwondo nacional, repasa el título, su carrera como deportista y analiza el porvenir del deporte en el país.

Por Matías Navarro García
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Gabriel_Taraburelli

Sebastián Crismanich marcó un hito para el deporte nacional al llevarse la medalla de oro en Tae-Kwondo en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Pero detrás del campeón hay un equipo, y la cabeza de ese sostén se llama Gabriel Taraburelli.
Con tan sólo 19 años, el ahora entrenador de la Selección de Tae-Kwondo llegó a pelear por una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Pero tan sólo cuatro años después, el 30 de diciembre de 2001, todo cambió en su vida. Le tocó vivir Cromañón, y tras recuperarse de la que fue una de las más grandes tragedias argentinas de este siglo, no encontró la incentivación para volver a pelear. De eso, de su forma de entrenamiento y del mismísimo Crismanich, dialogó con Diario Z.

¿Cuántas veces soñaste con ganar la medalla de oro?

Cualquier deportista quiere estar ahí, compitiendo. El que te diga que no, está mintiendo.
Estuviste cerca en 2000, y luego lo logró tu pupilo, ¿qué tiene que tener un deportista para ganarla?
Principalmente amor propio y una cabeza importante. Para los Juegos Olímpicos todos se entrenan al máximo, pero son solamente los que van en contra de las reglas, los que pelean por sus propios logros, los que rompen el esquema. El deportista tiene que sentir realmente que se puede, y yo como entrenador tengo que convencerlo, tengo que mostrarle una planificación prolija, pero siempre mentalizándonos de que vamos a estar peleando.

¿Es difícil mantenerlo bien de la cabeza después del título?

Totalmente, es lo más complicado. Pasar de ser nadie a que todos te conozcan te cambia la vida. Yo conozco el ambiente y las transformaciones que pueden llegar a pasar después del título.

¿Vos cómo arrancaste tu carrera?

Empecé a los 6 años, mirando en la tele programas de artes marciales, pateando las puertas de mi casa… tenía amigos más grandes que hacían y me sumé a ellos. Después nunca más dejé, hoy llevo 27 años en la actividad. Pasé por la Sociedad de Fomento Martín Güemes hasta los 10 años que mi profesor dejó de dar clases. Después fui al club Albariño y me quedé ahí hasta que empecé en la Selección.
A los 19 años jugaste por la medalla olímpica, ¿te faltó rodaje?

Sin duda me faltó experiencia a nivel competitivo. Arranqué a los 15 en juveniles, estuve en algunos torneos, en un juego sudamericano, los clasificatorios y después los Juegos Olímpicos. La experiencia de ese Juego me podría haber dado la confianza para otro, pero también me ayudó después para ser entrenador. En Londres me pasó de haber ido a una competencia en la cual ya había estado, pude manejar los tiempos y ver todo con más claridad.
Estabas por entrar en la edad de maduración y pasó lo de Cromañón.

Sí, yo era fanático de Callejeros, iba a todos los recitales desde que era soporte de otras bandas. Esa noche fui como a uno más, y pasó la tragedia. Competitivamente no pude hacer deportes de alto rendimiento por un tiempo porque no sabíamos bien si tenía secuelas. Estuve un año haciendo tratamiento, volví a hacer actividad de mediano rendimiento y volví al alto, y al año dejé. El Tae-Kwondo no tenía rumbo, todos entrenaban por cualquier lado y, aunque mi objetivo era buscar otro Juego Olímpico, no había incentivo y dejé. Ahí abrí mi propia escuela.

¿Aumentó la actividad con la medalla de Crismanich?

Le dio un impulso muy importante. Me hizo revivir lo que me pasaba cuando comencé a practicar, viendo gimnasios con 50 chicos, torneos con un montón de atletas… volvió el sentimiento para que el deporte vuelva a ser lo que nosotros alguna vez soñamos.

¿Cómo fue el recibimiento después del oro?

Increíble, me ha pasado de volver y que la gente en el barrio me salude llorando. He ido a la escuela de mi hijo y todo el mundo me felicitaba. Ni yo tenía la noción de lo que había significado. Me pasó estando allá, que una tarde prendí la computadora para comunicarme a mi casa y vi fotos en la tele de gente festejando en el Obelisco… ¡por el Tae-Kwondo! Me pareció increíble.

 

DZ/vr

Fuente Redacción Z
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