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Gabinete Heredia: selección de obras del MAMBA

Hasta el 13 de septiembre se puede ver en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires esta selección de obras dedicada al artista Alberto Heredia (1924-2000).

Por Julia Villaro
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Era moda entre la nobleza europea de los siglos XVI y XVII acomodar, en sus palacios, cuartos atiborrados hasta los techos de valiosas pinturas, esculturas y objetos de tierras lejanas. Estos espacios llamados “gabinetes de curiosidades” son un antecesor de las primeras pinacotecas y galerías de arte. Pero en “Gabinete Heredia” el nombre –fiel al estilo del escultor argentino a quien la muestra rinde homenaje– resulta una ironía, y su sentido más que distinto, es diametralmente opuesto.

De las quinientas esculturas que el artista legó al museo en 2000, se pueden ver unas pocas, pero que darán al espectador una idea acabada de su estética: “Hay que alejar al espectador de la superficialidad que domina al mundo”, decía Alberto Heredia y militaba por una apología de lo abyecto. Por eso elegía para confeccionar sus obras “lacras”, objetos viejos e inservibles, materiales perecederos que se pudrirían junto con su obra. Como una forma de resistencia al capitalismo que convierte en mercancía todo lo que toca, él reinstalaba en el sistema cosas, olvidos del mundo –muñecos, canicas, tubos de cartón– convirtiéndolas en esculturas: objetos otrora producidos para ser utilizados, ahora devueltos al mundo de forma completamente inútil, y aún así eternizados, siguiendo en la línea de las ironías, por el (o)culto circuito del arte.

Ahí están varias de sus Copa Melba (hechas de alambre y plástico, prolijamente acomodadas bajo campanas de vidrio); flores artificiales en latas de Coca-Cola; cajas con diversos objetos, desde fotos intervenidas hasta guantes de látex con las uñas pintadas de rojo. El tono, entre burlón y siniestro. La densidad de los pequeños escombros del mundo.

Los pedestales sostienen cabezas de maniquíes decapitados o moldes de yeso para dentaduras postizas o lenguas que apuntan a los ojos del espectador. La burla de Heredia es una mueca al sistema económico y a la política que lo sostiene, y sus obras son la mueca amarga del que ríe porque ya no hay nada más que hacer. Las obras resisten la violencia y la devuelven; señalan que el mundo es feo y arduo, porque es tarea del artista recordárnoslo, a ver si un día, de una vez por todas, nos animamos a cambiarlo.

DZ/dp

Fuente Redacción Z
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