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“Fui una adolescente difícil, de esas que se visten de negro y escabian de más”

La autora de La Saga de los confines y Tiempo de dragones acaba de publicar Elisa, la rosa inesperada, una novela que la que, sin olvidar lo fantástico, sobrevuela el peligro de la trata.

Por Daniela Pasik
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Liliana Bodoc

Cuenta la leyenda que una tarde, sobre el final del milenio pasado, una chica un poco rockera, medio hippona, interceptó a un editor de Norma, que había salido a fumar un cigarrillo a la puerta del edificio, y le dio un manuscrito enorme. Él lo agarró porque ella le cayó simpática, pero no planeaba leerlo especialmente. Cuando ya estaba por irse a su casa, y olvidarse de ese texto, lo atrapó en su escritorio un llamado y mientras hablaba comenzó a ojear aquel pilón de papeles. Lo que vio le alcanzó para saber que tenía que llevarse a su casa el material y lo que leyó lo mantuvo atrapado toda la noche.

La chica en cuestión era Liliana Bodoc, que ese entonces a los 42 años nunca había publicado nada. El manuscrito enorme terminó siendo la famosa trilogía La saga de los confines, compuesta por Los días del Venado (2000, premiada por la feria del libro de Buenos Aires y mención especial del prestigioso The White Ravens), Los días de la Sombra (2002) y Los días del Fuego (2004). Ese encuentro que gestó una carrera literaria, y una autora que iban a idolatrar miles de chicos y jóvenes (y adultos también) puede haber sido por casualidad o, por qué no, también algo de magia.

Ya instalada en el género de la épica y la literatura fantástica,  premios aparte y con su energía hippona rockera intacta, Liliana Bodoc se puso a probar otras cosas. Elisa, la rosa inesperada es una  novela realista que aborda el tema de la marginalidad y una adolescencia en riesgo a través de la historia de una chica que nació en una villa santafecina y quiere dejarla atrás con un viaje al norte del país. Pero sale a un mundo en el que el peligro la acecha, y la trata de personas sobrevuela la trama aunque nunca se la nombre directamente.

 

Elisa, la rosa inesperada tiene además una bitácora de viaje que escribió la autora y se puede leer online acá.

Elisa, la rosa inesperada tiene además una bitácora de viaje que escribió la autora y se puede leer online acá.

“Yo creo que la novela tiene que ver, desde luego, con la trata, pero lo que en realidad me interesó trabajar fue la amenaza. La soledad de alguien al que nadie parece ver ni escuchar. Que es lo que más me impacta y aterroriza del tema, que la gente victima de la trata está al lado nuestro”, le dice la autora a Diario Z un rato antes de presentar el libro en Buenos Aires y días después de sacarlo al mundo por primera vez en Córdoba junto a Micaela, hija de Marita Verón, y Susana Trimarco, madre de la víctima de la trata, desaparecida en Tucumán en abril de 2002.

-¿Es por eso que en la novela nunca se usa la palabra “trata” literalmente?
-Claro. La historia llega a ese lugar, al de la trata, pero no es solamente sobre eso. Lo que cuento tiene que ver con la soledad profunda de una persona que sale de una villa de emergencia y cree que viajando va a dejar la villa atrás, pero viaja con la villa a cuestas.

-¿La historia transita también un poco la orfandad, no?
-Qué increíble que digas eso, porque si bien Elisa tiene mamá y papá,  es una huérfana en un punto. Sus papás son apenas 14 años mayores que ella y se la pasan bailando cumbia y se van de gira y la dejan sola. Y algo que se ha dicho siempre de mi obra es que está llena de huérfanos, y es verdad. Es que yo misma lo soy, mi mamá murió cuando era chica, y al fin y al cabo ese es el tipo de familia que conocí. Me crié en una familia preciosa, pero de abuelos.

-¿Hay muchas cosas tuyas en el personaje de Elisa?
-Por un lado está la cosa anecdótica, que resinifiqué. Yo me enfermé en el viaje que hice para escribir el libro, y Elisa en la trama también. Pero además hay mucho de biográfico, sobre todo lo que tiene que ver con Santa Fe. Mi hermano y su familia vivieron durante muchos años en esa misma villa, Villa del Parque, que existe. Y yo también viví ahí algún tiempo. Elisa plancha en una casa en Junín y San Lorenzo, y en esa esquina nací yo. Así que está muy presente mi infancia.

-¿Te conectó esta historia con la Liliana adolescente?
-Claro, absolutamente. Elisa y Liliana están conectadas. Yo no hice ese viaje a esa edad, pero fui una piba complicada. No tenía a mi mamá, pero para ella, si hubiera estado viva, habría sido complejo. Fui una adolescente difícil, de esas que se visten de negro y escabian demás. Dejé la escuela y me fui a vivir a la villa con mi hermano. Tuve un trance ahí en el que podría haberme perdido. ¿Pero sabés qué me salvo? Los libros.

-¿Hiciste entonces como una especie de exorcismo personal con esta historia?
-Me interesaba probar muchas cosas con esta historia. Una, era hacer un rescate del arte popular a través de la cumbia, que puebla la novela, y en contra de la insolencia y prepotencia del arte burgués, que se quiere erigir como modelo único de lo que está bien y de lo que debe escucharse y llevarse a los museos. Eso no es otra cosa más que puro autoritarismo. Y el arte popular también existe, con la posibilidad de ser bello y maravilloso, pero tiene que tener la posibilidad de rescatarse y reconstruirse.

-Hacés en esta novela un maridaje de lo fantástico con lo real, pero no usás tus hits de leyendas y mitos…
-Siempre me llama lo fantástico. Me interpela mucho. Porque sirve para que los lectores puedan comenzar a ver lo que pasa a diario con  otros ojos. En lo posible, si algo tiene que hacer el arte, es ayudar a volver extraño lo cotidiano. En esta novela, que sucede en Tilcara, que está impregnada de leyenda, lo mágico aparece como una pincelada, casi para acompañar la tragedia. En la historia hay una aguja que se pierde y después aparece en el momento propicio para salvarle la vida a Elisa. Eso puede ser visto como una casualidad, pero también podría tener otra explicación. Como todo. Y que cada lector eleja. En mi caso, cuando me enfermé durante el viaje, puede haber sido por un virus, debe haber sido, pero me sirvió creer otra cosa.

-¿Vas a seguir este camino más realista ahora?
-Yo creo que voy a volver a los mitos y las leyendas. Elisa, para mí, fue una experiencia extraordinaria en varios sentidos.  Escribirla me hizo transitar otros estratos, tuve que hacer hablar a mis personajes con un lenguaje de todos los días y eso fue nuevo. Y un desafío. Además, la novela de viaje era una cosa pendiente para mí y bueno, la hice.

 -¿Por qué estaba pendiente hacer una novela de viaje?
-Siempre hice a la inversa. Mucha gente cuando lee La saga de los confines me pregunta si conozco México, por ejemplo. Y no conozco ni siquiera Machu Pichu. Escribí Presagios de Carnaval y jamás fui a Bolivia. Es porque todo está en mi mente, y realmente nunca había sentido la necesidad. Pero ahora tuve ganas de moverme, de escribir poniendo el cuerpo. Mi plan original era hacer algo así como una bitácora de iniciación. El típico viaje del adolescente que va a encontrarse consigo mismo, con algún amor o sus ancestros, por qué no. Y salí de viaje para encontrar la historia. Y eso de alguna manera pasó, solo que  se oscureció en el camino.

Elisa

Ficha técnica:
Elisa, la rosa inesperada. De Liliana Bodoc.
Editorial: Norma. Colección Zona Libre.
Clasificación:Infantil y Juvenil.
Publicación: octubre 2017.
Páginas:224.
Precio: $200.

Fuente Diario Z
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