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TEMAS DE LA SEMANA

Fernando Noy: ‘no soy gay, soy un ángel’

Dramaturgo, poeta, periodista, el genio y la voz de ‘la Noy’ están tatuados en el corazón del under.

Por alejandro-margulis
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Testigo de la movida del Instituto Di Tella en los 60, exiliado en los 70 y figura emblemática de los 80 en el Parakultural. Poeta de versos luminosos, actor de perfil burlesco, periodista queer y manager de figuras legendarias, su estilo y aspecto, siempre con largas túnicas, pañuelos o gorras insólitas, parece el de un gurú hedonista dedicado. «Si de algún lado soy, es del Abasto -dice refugiado del calor en un cafecito del Abasto, mientras sostiene un abanico con manos de uñas pintadas de negro-. Noy aparece mencionado por Enrique Cadícamo y por Borges. Es mi abuelo. Eso hace que desde niño viniera al Abasto.»

¿Un porteño de ley?
En realidad nací en San Antonio Oeste, cerca de Bahía Blanca. De ahí mi viejo se fue a Ingeniero Jacobacci, donde me crié hasta los doce. Como no había secundario me vine. El Noy es judío por mi bisabuela. Mi mamá es hija de una judía irlandesa. Mi padre es argentino, se conocieron en el sur. Ése es un poco mi árbol ginecológico… Y a mí en el Parakultural me decían La Noy. Yo venía de Bahía, Brasil, después de años de carnaval, de autoexilio brillante, y empecé a hacer mis shows, primero en Cemento, con Walter «Batato» Barea como telonero, con un personaje que se llamaba «El Ella». De él escribí «Te lo juro por Batato», una biografía coral y oral. Creo que logré perpetuar a Walter ahí. Podría quedar como el recuerdo de una mariposa cósmica, apocalíptica.

¿Qué balance hace del año?
Fue un año casi inabarcable. Empecé con una película de Luis Ortega, Verano maldito, adaptación que hizo Luis con Alejandro Urdapilleta, de Muerte en estío, de Mi-shima. Hago dos roles: dueña de un cine porno y una especie de desdoblamiento de alguien que roba a las mujeres en el Zoo. La protagonizan Julieta Ortega y Joaquín Furriel. Después hice El banquete de poesía y La jaula abierta, con Rita Cortese y 50 poetas y cantantes muy importantes… Lidia Borda, Teresa Parodi y una increíble Carolina Pelleriti cantando folklore… Yo leía. Traigo esa cosa de trovador, de juglar, muy cercana al café concert.

¿Qué planes tiene para 2011?
Vuelvo con la poesía en el Café Rivas. Y sale un disco de la norteamericana Michelle Kadison, The Love Project, en el que digo poemas de Alfonsina Storni y Rita canta los míos. La primera colección son dieciséis poetas de la Argentina; luego vendrán de Brasil. Y en febrero voy a estrenar una obra de teatro con Verónica Piaggio y Martín Alomar HIJ… la exhalación.

¿También es de amor?
Es como un antimantra cotidiano… un comodín apocopando ese término que sería el lunfardo puro de hijo de puta… Se trata de una mudanza en la que alguien hace un inventario delirante de lo que ama y lo que no, y se va transmutando en nueve roles sucesivos desde el Cono Sur más profundo hasta el norte: una especie de palimpsesto sobre todos los temas que tienen que ver con la patria. Con incrustaciones de Garcilaso, Fernando Pessoa y Charles Baudelaire.

¿Actúa?
No actúo. Soy el dramaturgo. Tina Serrano me dijo una vez: «Vos no sos actor porque no te gusta la repetición». Y tiene razón. Me aburro actuando.

¿Cómo fue su formación?
Yo aprendí poesía de chico. Y muchas veces me ofrecieron dar cursos de poesía. Pero no me parece. La poesía la da la vida. Solamente una vez hice una experiencia que se llamó Tránsito poético, una lectura mía recorriendo los grandes poetas: mis amigas Olga Orozco y la Alejandra Pizarnik, pasando por los surrealistas, por Ungaretti. Es como un boca a boca… con beso incluido que no tiene intención pedagógica. Tuve mucha suerte en las coyunturas, porque me tocó formar parte del «circo». Yo era una de las locas del rock. Todos estos tránsitos, el tiempo de la bohemia, del 65. Luego la época del Di Tella. Ya estaba Marta Minujin con La menesunda, mi amigo adorado Grecco, la divina bailarina Iris Scacceri. Pero lo inmediato es que en marzo sale Piedra en flor, en Ediciones del Paraíso. Son como 300 páginas que estoy pasando de la Remington…

Fue seleccionado en la Antología de Poesía del Bicentenario.
Y estamos en segunda edición. Para mí fue una gran conquista porque los poetas somos multitud. Mi futuro libro se tendría que llamar «Cuando yo era gay», porque yo no soy gay, soy un ángel.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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