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TEMAS DE LA SEMANA

Ferias municipales: productos frescos a muy buenos precios

Están en todos los barrios y ofrecen productos frescos a mejores precios que los supermercados. Hay desde frutas y verduras hasta quesos, pescados y mariscos.

Por Valentina Herraz Viglieca
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La ciudad de Buenos Ai­res tiene ese qué se yo que se viste en cada ba­rrio con sus cafés, sus mercados viejos y las ferias: algu­nas artesanales, otras de usados y antigüedades, y esas otras “más sencillas” en las que alguien esti­ra un paño que parece decir “te vendo lo que me queda porque me queda poco”.

La ciudad está acostumbra­da a los puestos coloridos de las ferias municipales, puestos que vienen y se van una vez a la se­mana. La Legislatura votó recien­temente que cada comuna tiene que contar con al menos una Fe­ria Itinerante de Abastecimien­to Barrial. Son esos puestos con mucha verdura, pollería, produc­tos de limpieza, vivero, produc­tos naturistas, fiambrería y, a ve­ces, ropa barata.

Ala de Chile y Balcarce la es­peran todos los sábados los más diversos vecinos. Mucha señora del sur, jóvenes modernos y tu­ristas de diversas lenguas hacen cola para comprar más barato y más fresco.

En el medio del primer pues­to queda atrapado Larguirucho, el personaje de Hijitus creado por Manuel García Ferré: “Mirá mami, el perro vende bananas”, dice una vocecita en la cola re­firiéndose al personaje narigón al que le arrimaron un cajón con bananas y otro con choclos.

En los puestos de verdura se puede encontrar todo lo clásico pero también algunas delicates­sen estilo ciboullete, finas hierbas frescas, cebolla morada (ideal para ceviche y a $16 el kilo), arán­danos y hongos portobello (los marrones y grandotes).

¿A cuánto los portobello?

A 20 pesos la bandeja, igual que los champignones.

¿Cómo se preparan?

Rapidito: en un sartén de los que no se pegan, los ponés con un chorrito de aceite de oliva de la parte de arriba unos tres minu­tos, después del otro lado sin el cabo otros minutos, ahí agrega­le un vasito de vino blanco has­ta que se evapore. Los sacás y les ponés por arriba ajo y perejil con aceite de oliva y listo. Uno por persona en la entrada.

La receta quedó grabada en toda la cola mientras la verdule­ra guardaba morrones y tomates en la bolsa. La cola avanza y unos cuantos se llevan la bandejita con 4 o 5 lustrosos portobellos.

En el puesto de al lado hay un vivero, venden plantas chiquitas con flores chiquitas, como para llevar de regalo a casa en lugar del menos duradero ramito de jazmines.

También hay macetas de to­dos los tamaños y un cartel que anuncia: “Pinos de navidad”. Los más chicos cuestan $40 y los grandes $70. Son para los que prefieren un toque de realidad al típico árbol de plástico verde os­curo.

En todos los puestos hay cola porque la feria también es un pa­seo matinal, la gente va con tiem­po y aunque los comerciantes los atienden a las apuradas ellos no se privan de hacer ninguna pre­gunta. Saben que lo que no lle­ven en ese momento no lo van a encontrar hasta el próximo sá­bado. En esta feria no hay carne roja pero sí cerdo, pollo, pescado y mariscos.

“Tenemos los cortes que más se venden porque acá todo siem­pre está fresco, no se guarda en cámaras frigoríficas como en las carnicerías”, le dice el carnicero a una clienta. Los precios son ten­tadores: la bondiola $80 el kilo, los chorizos $45, 2 pollos parri­lleros o 2 kilos de pata y muslo a $85. Para los que prefieren los sabores del mar hay langostinos ($45 el cuarto, salmón rosado ($170 el kilo) y rabas listas para rebozar ($20 el cuarto).

Changuitos de colores y bol­sas ecológicas, hay poco plástico en estas ferias, productos de lim­pieza envasados o sueltos. Uno de los clientes hace una pregun­ta directa: “¿Flaco, qué tenés más barato que en el súper?”. El ven­dedor lo mira, le saca la ficha y le empieza a cantar precios: “4 ro­llos de papel higiénico $10, rollo de cocina de marca $13, 3, balle­rinas de las amarillas por $10”. El que preguntó se lleva todo.

Cuando decidió que haya fe­rias en todas las comunas, la Le­gislatura porteña puso como requisito que deberían tener pre­cios más accesibles que los su­permercados: “Tenemos mejores precios, no es complicado por­que nosotros vamos a buscar la mercadería y la traemos al pues­to; cumplimos con las normas pero además sabemos qué se vende más según el barrio y qué cosas se compran en todos lados. Un caso es el queso fresco, por eso lo tengo a $58 el kilo, por­que sé que no necesito cargarle más”, dice el puestero y enume­ra: provolone $125 el kilo, queso de campo $71 el kilo, el cuarto de picada de fiambres y el leber­bush de Paladini $15 cada uno.

Llegando al mediodía, el nú­mero de visitantes baja notable­mente, que­da algún dormilón que llegó tarde y al­gunos chicos corriendo a buscar algo que se olvidó la mamá más temprano. La mercadería también disminuye, algunos puesteros em­piezan a levantar cajones, otros a barrer y parece que ter­minó la fiesta. La siesta gana te­rreno cuando los puestos se van, dejando menos bu­llicio y me­nos color en las callecitas de San Telmo. A unas cuadras em­pieza a montarse la feria de artesanos. Los que están de paseo, que pasen y vean.

En la página del Gobierno de la Ciudad está el listado completo con las ferias que existen, ordenadas por día de martes a domingo.

http://www.buenosaires.gob.ar/ferias-y-mercados/ubicaciones

 Receta

En la Feria Itinerante los espárragos costaban $35 por dos paquetes, lo que es muy barato comparado con el súper, así que ahí va una receta para los que se can­saron de la entrada de ensalada rusa.

• Espárragos gratinados

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-2 paquetes de espárragos, 200 g de queso parmesano rallado, sal y pimienta a gusto, 3 cucharadas de aceite de oliva.

Limpiar los espárragos y hervirlos unos cinco minutos. Escurrir o secar el agua. Poner el aceite en una fuente para horno –preferentemente en la que se vaya a servir a la mesa–, repartir los espárragos, esparcir por encima el queso rallado, sal y pimienta.

Introducir en el horno previamente calentado a 170 ºChasta que se derrita el queso y servir enseguida.

 Clásicos y no tanto para las fiestas

En la mesa festiva siempre hubo frutos secos, turrones, frutas abrillantadas, que aunque gri­tan “invierno” en plenos 30 grados de los últimos días de diciembre las familias insisten en compartir. Tanto en las Ferias Iti­nerantes convencionales como en las de pro­ductos orgánicos se encuentran estos clásicos de Navidad y Año Nuevo. Los 100 gramos de nueces, almendras, castañas de Cajú y nueces pecán rondan entre los $30 y los 40; mientras que las pasas de uva sin semilla se venden por $12 el cuarto en la naturista de las Fiab. Otros infaltables en las mesas de diciembre son las cerezas ($50 el kilo) y otras frutas que aunque son más tropicales que porteñas empe­zaron a adoptarse, como el mango y la palta (ambos a $15 la unidad).

Bowl of Cherries

 Variedad de alimentos orgánicos

Desde hace unos meses se sumaron a las Ferias Iti­nerantes de Abastecimiento Barrial las Ferias de Productos Orgánicos, que tienen un esquema pare­cido aunque con menos variedad y puestos. La feria surgió de un acuerdo entre el Gobierno de la Ciudad con el Movimiento Argentino para la Producción Or­gánica (Mapo). Están los viernes en la plaza Roberto Arlt, en Rivadavia y Esmeralda, o los sábados en la plaza Güemes, en Charcas y Salguero.

A fines de noviembre la fe­ria se montó en pleno centro porteño: Sarmiento y Recon­quista. De los siete puestos que suele tener se presentaron cinco para ver qué impacto generaba en los transeúntes. Entre los stands había una pa­nificadora, un puesto de miel y mostaza, uno de cereales (incluidos arroz, azúcar y po­rotos), otro de trucha enlata­da, paté y lomitos, y el stand de Tallo Verde, que tiene des­de verduras y especias sueltas hasta productos elaborados y envasados: un poco de todo.

Carlos es uno de los due­ños de Tallo Verde, un emprendimiento familiar que creció durante 11 años hasta llegar a abastecer a la ciudad y algunos puntos del Gran Buenos Aires con cinco móviles propios. Se lo puede encontrar en las ferias. También están en internet y ofrecen servicio de entrega puerta a puerta.

“Esta Feria es exclusiva de productores orgá­nicos. La idea es difundir lo orgánico. Desde hace un mes estamos en plaza Güemes y a pesar de no tener demasiada difusión, la gente viene. Se está conociendo mucho lo que son nuestros productos e incluso nos da la posibilidad de estar cara a cara con el cliente y contarle las ventajas de comer orgánico”, dice Carlos.

¿Cómo comenzaron?

Teníamos una huerta familiar, lo que hacíamos era producción de frutas, verduras y aromáticas orgáni­cas certificadas. Los productos envasados los desa­rrollamos con productores orgánicos que, en su ma­yoría, exportan su producción y que han desarrollado una marca con nosotros que es Tallo Verde. Hacemos aceites, aceitunas y mermeladas que elaboramos y envasamos en la planta.

¿Lo orgánico crece como tendencia?

La tendencia está hace tiempo, acá llegó más tarde. En los últimos años se ha visto, incluso con la proli­feración de ferias, que la gente empezó a tener más conciencia, se está preocupando por la salud y se va notando en el crecimiento de las ventas.

¿Hay una diferencia muy grande de precios?

A veces tenemos productos que están más baratos que en el súper o que en una dietética, porque va del productor al cliente, no hay intermediarios. La producción orgánica es más costosa que la con­vencional, es acotada y requiere mucha mano de obra pero no por eso vas a pagar el doble que una convencional.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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