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Félix Bruzzone habla de «Las chanchas», su última novela

Los cuerpos desaparecidos, un tema constante en la obra de Bruzzone.

Por Natalia Gelos
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felo pileta copy

Llega al bar de Recoleta en un día caluroso. Si­tuación conocida para él. Aquí, en este barrio, se crío, estudió y hoy da su taller literario. El escritor Félix Bruzzone conoce también de memoria este sol ardiente: durante los veranos limpia piletas de las casonas de Zona Norte.

Hace poco, salió su última no­vela, Las chanchas, que cuenta a partir de tres voces la historia de unas chicas secuestradas en un “conurbanizado” planeta Marte. Ala vez, se reeditó un primer li­bro de relatos, 76, que llamó la atención de críticos y lectores porque entraba desde un sende­ro nuevo a historias de dictadu­ra y militancia. Dos extremos de una bibliografía sólida, que en el medio tiene las novelas Los topos y Barrefondo. Bruzzone nació en 1976. En marzo habían desapare­cido a su padre, en noviembre se llevaron a su madre.

Como alguna de las razo­nes por las que se volvió escritor, cuenta una anécdota que trae, como lo hará varias veces, la pa­labra ‘suerte’ como motor. Como si todo pasara así, por un azar algo desganado que se ubica, en ese punto, en su cuarto año de la secundaria: “La norma era se­guir una carrera tradicional. Yo opté por otro lado. Un tío abuelo quería que yo fuera ingeniero. Mi abuela, también; su gran espe­ranza era que yo fuera ingeniero y fuera al Balseiro. No lo hice por­que en cuarto año empezamos a tener un profesor de matemáti­ca y física que no explicaba muy bien. Un tipo hosco, poco dado con sus alumnos. Era mal profe­sor. La matemática siempre me había gustado. Y ahí le perdí el cariño. En algún lugar imaginaba ser ingeniero, físico, algo… Pero se fue para otro lado. Tam­bién en cuarto año tuvimos un profesor de literatura que era buenísimo. Una cuestión de suerte creo, que no sea ingeniero ni otra cosa”. Fue en 2003, cuando ya había estudiado Letras en la UBA, que empezó a conocer el oficio de pi­letero: “Estaba sin trabajo y a mi cuñado, que limpiaba piletas, se le dio de ir a otro lugar más ren­table. Era una época jodida, y fui a probar suerte. Había empezado a dar clases particulares, pero sa­qué la cuenta y era mejor. Ade­más, yo estaba peleado con el ru­bro. En el verano nos fue bien, en el invierno la piloteábamos. Y al verano siguiente fue mejor y que­dó”. Durante ese tiempo, Bruzzo­ne escribió 76.

¿Cómo es reencontrarte con ese primer libro?

Me sorprendió ha­berlo leído de vuelta y encontrar que esta­ba bien así. Yo nun­ca le tuve mucha fe. Una cosa es lo que la gente lee y lo que uno esperaba de sí mismo… yo ten­go muchas paranoias. Para mí era un libro más, con algunas ex­periencias que quizá no estaban contadas. Pero tampoco era nada demasiado impactante. Estaba aprendiendo a escribir. Fue una sorpresa.

En Las chanchas hay dos chi­cas secuestradas, hay marchas para pedir su aparición, pero hay algo más, una ambigüe­dad que desdibuja todo lo que pasa. ¿Puede leerse como un tema de trata?

Me di cuenta de que estaba ese problema y traté de desmarcarlo, mostrando que las chicas fueran un poco partícipes de su secues­tro. Cuando veo que me estoy acercando a un tópico con tema a desarrollar por la ficción, inten­to esquivarlo. En el momento en el que empiezan las marchas en la novela y los reclamos, y uno pue­de esperar que las chicas se pon­gan a llorar, están contentas, van a sus propias marchas, y entonces empieza la ambigüedad. ¿Están secuestradas? ¿No? ¿Es sólo un síndrome de Estocolmo? ¿Hay co­sas que no puede explicar el psi­coanálisis? Yo tenía ganas de es­cribir la situación de dos chicas secuestradas. Quería desarrollar­la. Cuando vi que se podía llegar a torcer a un manifiesto en con­tra de la trata, tuve que acomo­dar las piezas para que no ocurrie­ra de forma tan directa.

De nuevo, moverse en las fronteras.

Cuando aparece un personaje del que uno puede decir “éste es cien­to por ciento víctima” ya no me in­teresa tanto, literariamente me pa­rece más interesante lo otro. Una situación dilemática me resulta siempre más interesante.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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