Tiempo en Capital Federal

22° Max 17° Min
Muy nuboso
Muy nuboso

Humedad: 66%
Viento: Este 25km/h
  • Jueves 2 de Diciembre
    Nubes dispersas17°   23°
  • Viernes 3 de Diciembre
    Muy nuboso18°   24°
  • Sábado 4 de Diciembre
    Cubierto con lluvias20°   23°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 01/12/2021 15:58:16
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Felipe Pigna: “Buenos Aires es muy potente, una ciudad cultural por excelencia”

Existen huellas de los avatares políticos y signos de vencedores y vencidos en la elección de los monumentos, los nombres de las calles. Lo explica el autor de “La voz del gran jefe”.

Por Juan Carlos Antón
Email This Page
felipe_pigna

 Rodeado de libros, en su estudio de Caballito, Felipe Pigna analiza la historia con una mirada en el presente y se niega a aceptar el adjetivo “controvertido” con el que curiosa­mente es descripto en su “entrada” en Wi­kipedia. “Eso lo pone el enemigo. También dice polémico, que me encanta. Todo histo­riador debe ser polémico. Yo mismo promue­vo la polémica porque no me creo dueño de la verdad. Si no, no hay nada que aprender. Ellos quisieran estar en los medios y no es­tán”. Cuando se refiere a “ellos”, habla de la academia, que siempre mira de reojo a quie­nes aparecen divulgando temas científicos: “Es enorme la dificultad que implica la divul­gación, si se quiere hacer en serio. Traducir en términos sencillos cosas complejas, no es fácil. La academia no entiende como misión la divulgación, lo cual es un error.” El desa­fío, en su diálogo con Diario Z, fue hablar de la ciudad, sus histo­rias y controversias. Y Pigna lo hace con esa imagen y voz –suave, amistosa, entretenida– que se hizo común en los hogares desde hace casi dos décadas. Acla­ra que camina mucho Buenos Aires, char­la con la gente, discu­te con los vecinos, los interroga. Le preocu­pa lo que pasa aho­ra, no sólo el pasado. Sufre con sus olvidos y arbitrariedades. “El Gobierno de la Ciu­dad está invirtiendo mucho dinero en restau­rar el monumento a Alvear. Es el más caro de la historia. Hecho por el nieto, Marcelo T. de Alvear, de la derecha radical. También en los nombres de las calles uno ve homenajes terribles. Que haya una para el virrey Cisne­ros, un tipo que mató a miles de personas en Chuquisaca y La Paz, es espantoso. Y se trata del virrey contra el que se hizo la Revolución de Mayo. ¿Cómo puede ser? Hay calles con nombres de conquistadores: Pizarro. Cortés. Son asesinos, genocidas.

¿Por qué ocurre esto?

Fue una decisión ideoló­gica de homenajear a los propios. Las calles son de ellos. Leguizamón, el tipo que negocia el pacto Ro­ca-Runciman, por ejemplo, tiene su calle. Con los monumentos pasa mucho. El de Lavalle, que si uno va por la calle Tucumán y no pres­ta atención, se lo lleva puesto, está mirando a la antigua casa de los Dorrego, la familia del fusilado. Gran perversión. Otro ejemplo es el de Sarmiento en el Parque Tres de Febrero. Recordemos que ese lugar de Palermo era la quinta de Rosas y el 3 de Febrero es su derro­ta en Caseros. Lo tremendo es que justo don­de estaba la cama de Rosas, le pusieron el monumento a Sarmiento, su acérrimo enemi­go. Podríamos continuar con lo que implica poder y monumentos en nuestra ciudad.

Usted dice que Buenos Aires tiene una historia muy particular ya que fue fun­dada dos veces. ¿Hay algún factor que la hace especial en términos históricos?

Siempre fue muy particular, una ciudad que no tuvo mucho respeto por la ley. También es una sociedad muy vinculada a Europa, tem­pranamente. Hay gente que le interesa mu­cho la cultura europea, ya desde la época co­lonial, que por supuesto se fortalece durante la época de la Revolución. Por supuesto, Bue­nos Aires es una ciudad literaria. Esto se in­crementa con la llegada de la inmigración en la década del 80 que trae sus necesidades y gustos; sus periódicos y sus movimientos polí­ticos, como el anarquismo y el socialismo.

Para entonces Buenos Aires ya empe­zaba a ser importante.

La Reina del Plata compite con Nueva York. Se transforma en la más linda y moderna de América latina.

¿La generación del 80 le cambió la cara?

Totalmente. Y con un rasgo muy importan­te: borrarle cualquier rasgo de hispanidad. Había que hacerla francesa. El Cabildo en ese momento está abandonado, incluso le recortan dos alas para hacer las diagonales.

¿Por qué?

Por la fobia a lo hispánico. Comienza un cam­bio en lo edilicio que tiene dos vertientes: la francesa y la italiana. Es una mezcla de estilos, algo ecléctico entre el art nouveaux francés y el estilo italiano, del que no queda mucho.

Hubo muy poca preservación.

Faltó conciencia a lo largo del siglo XX pero particularmente en estos últimos años. Y a este gobierno en particular no le importa absolutamente nada la historia y la preser­vación. Se han perdido mansiones que eran patrimonio histórico. El negocio prima. Así, Buenos Aires se fue transformando en una ciudad muy ecléctica donde no hay estilo.

Los conventillos fueron un sello de la identidad de la ciudad.

Son originalmente casonas. Durante la fiebre amarilla, los ricos abandonan Barracas y San Telmo y se mudan a Barrio Norte y Recole­ta. Esas casas van a ser tapiadas, subdividi­das y se van a convertir en conventillos para la masa inmigratoria que no tenía donde vi­vir. En una casa donde antes habitaban diez personas habitarán cien en condiciones infra­humanas. La situación era tan grave que en 1907 se produjo una huelga de inquilinos, la primera del mundo. La protesta es muy he­roica, encabezada por mujeres y niños –los niños armaban escobas– y se denomina la marcha de las escobas “para barrer la inmun­dicia de la ciudad capitalista”. Es una marcha hermosa de la que hay fotos. Incluso hay un orador de 15 años, Miguelito Pepe, que es herido en un brazo por el coronel Falcón, re­pugnante personaje que tiene la segunda ca­lle más larga de Buenos Aires. Es un asesino, mata a decenas de obreros en un 1º de Mayo, y se lo homenajea con una calle.

De la gran cantidad de mitos y leyen­das porteñas, ¿hay alguno que a usted le guste o lo divierta en particular?

Hay muchos. A mí me encanta el “mito Pu­gliese”, el “San Pugliese” en homenaje al gran Osvaldo Pugliese. Es una persona que ha sido “santificada” por los músicos. Es el más grande antimufa comprobado. Antes de un concierto, la mayoría de los músicos dice Pu­gliese y todo camina bien. Es un mito muy in­teresante, casi religioso, de una persona muy buena que compartía sus ganancias en coo­perativa, que luchó por la dignidad de los mú­sicos. Pero Buenos Aires es una ciudad que está llena de mitos y leyendas. La caminaron Borges y Cortázar. La Recoleta y sus fantas­mas, la iglesia de Felicitas Guerrero. Si uno se hace tiempo para recorrerla, para quererla, es una ciudad hermosa.

A pesar de ese nervio que tiene.

Sí, eso es algo que se va armando, retroali­mentando con cosas no muy racionales. Eno­jarse por el tránsito es lo más estúpido que hay, no tiene solución. Esto tiene que ver con nosotros, con cómo so­mos. Tenemos que ha­cernos cargo.

¿Cómo ve el futuro de la ciudad?

Va a depender mucho de quién gane las elecciones. Lo que estamos viviendo a ni­vel cultural es estrictamente producto de la voluntad de la gente. Las cooperativas tea­trales, por ejemplo. Son acciones de cultu­ra que tienen que ver con los argentinos, no solamente los porteños. Pero van a con­tramano de lo que quiere el Gobierno de la Ciudad, que odia la cultura. Poner a Darío Lopérfido en el Colón es toda una defini­ción. Uno podría preguntar qué anteceden­tes tiene Lopérfido en música clásica para di­rigir uno de los teatros más importantes del mundo y un tipo que asume diciendo que va a volver a ser el Colón de antes. Lo que ellos entienden por cultura es la cultura de elite.

Buenos Aires siempre se diferenció por votar distinto al resto del país.

Siempre varió. Es una ciudad donde la clase media tiene mucho predicamento. Hay mu­cha pobreza, y con esta administración de de­recha se ha incrementado mucho, pero la cla­se media marca un poco el ánimo. Y algunos sectores medios, lejos de reconocer su mejo­ría por un proyecto político –como pasó, por ejemplo, con el primer peronismo–, entiende que al crecer económicamente, su pertenen­cia no tiene que ver ya a un sec­tor medio sino aspiracionalmente a un sector de clase alta. Enton­ces, aunque su economía sea al día y su sueldo le alcance para vi­vir y darse algún gusto, vota a la derecha o a un partido que ex­prese los intereses del poder.

Casi nunca pudo ganar el peronismo.

Exacto. Lo hizo cuando no era peronismo: Erman González. Pero le ha costado mucho. Es un fenómeno interesante. En ge­neral, el de la ciudad es un voto muy conservador con esa men­talidad de que se pertenece aun­que sea en espíritu a esa clase alta. El odio al cabecita negra, el “me invaden la ciudad”, este lugar me per­tenece porque es mío, le molestan los car­toneros. Es como que la ciudad es para la clase media y todo el que no tenga determi­nado tinte de piel, no debería estar aquí. Es un voto muy triste, muy poco ciudadano.

Siempre con un discurso muy seductor.

Y muy marketinero. Pero también en la ciudad hay mucha gente que no piensa así. No se puede decir que Buenos Aires es gorila. Es una ciudad cultural por excelen­cia, maravillosa. Una de las culturalmente más potentes del mundo. La amo a pesar de todo.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario