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TEMAS DE LA SEMANA

Federico Lama: Un ascenso paso a paso

Dice que su carrera se desarrolló de a poco y que tardó en animarse a la televisión. Ahora encarna a Eduardo González en Guapas y al periodista Tomás Eloy Martínez en Café Irlandés.

Por Brenda Salva
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federico_lama

 Después de su paso por Aliados, la telenove­la de Cris Morena, se transformó en uno de los galanes de la tira del Trece Guapas y terminó de demostrar su gran versatilidad encarnando al periodista Tomás Eloy Martínez en la obra Café Irlandés. La histo­ria cuenta los encuentros entre los periodistas Rodolfo Walsh y Tomás Eloy en los comienzos de la déca­da del 60. Federico Lama se viste de periodista todos los viernes, sá­bados y domingos en el teatro La Comedia. El joven devenido galán conversó con Diario Z sobre su papel en las tablas, el periodismo y de cómo se convirtió en actor.

¿Qué se siente encarnar a Tomás Eloy Martínez?

Es un honor; la verdad es que es muy difícil encarnar personas porque uno tiene que ficcionar. Esta obra es una ficción de un encuen­tro, ya que se ficciona tan­to el personaje de Walsh como el de Tomás. Enton­ces uno trata de respetar mucho desde la investiga­ción del personaje, que la hay y mucha y es muy in­tensa, pero también uno tiene que poder tomarse ciertas li­cencias para construir un persona­je, porque si no quedás pegado a algo muy difícil de hacer, que es no parecer otra persona; por lo tanto hay que encontrar en uno las dis­tintas características que uno supo­ne, y juega a cómo se podría des­envolver Tomás en esas escenas ficcionadas.

¿Lo ponés en perspectiva con el periodismo actual?

Justamente lo que a mí me interesó mucho del personaje de Tomás era esta mezcla de ficción y realidad, este juego que él se permitía llevar a cabo; y me parece que hoy es­tamos en un punto en el que está medio violento en aquello que po­nemos el ojo, se están diciendo un montón de cosas y me parece ma­ravilloso, hay un espacio para po­der decir lo que uno quiera, y hay mucho malintencionado que trata de tomar las peores palabras que uno dice; es como que se ha vuel­to medio conventillero todo, como que se está buscando que alguien pise el palito todo el tiempo; y eso es algo que me disgusta bastante.

¿Cómo llega la actuación a tu vida?

Fue raro; yo hice teatro de chi­co y mi vieja siempre me llevaba a ver a Hugo Midón. Cuando termi­né la secundaria empecé a estudiar con Hugo en su escuela; lue­go empecé a estudiar Medicina en la UBAmientras estudiaba también teatro, hasta que un día Midón me ofreció ser asistente de di­rección de él y empe­cé a trabajar como su asistente de dirección, por lo que la carrera uni­versitaria empezó a com­plicarse porque surgieron nuevas propuestas de labu­ro (siempre como asisten­te de dirección); entonces me acuerdo de que en una charla Hugo me dijo que tenía que elegir para dónde rumbear. Luego seguí como asistente de dirección como seis o siete años; mientras tanto, yo seguía actuan­do, pero en cosas muy chiquitas, no le ponía demasiado el cuerpo desde la actuación, has­ta que un día es­taba pasan­do letra con Federico Luppi en una obra que hacía él y en un momen­to me tiró un texto y no me sentí capacitado para responderle acto­ralmente, así que decidí ponerme a estudiar teatro en El Brío, que es mi lugar de formación y es una escue­la que abrió Claudio Quinteros junto con Fabiana Mozota; estudié intensísimos cuatro años ahí y entonces pensé en ir por el lado de la actuación; así que fue después de meter­le mucha pila, mucho estudio y mucha investigación.

¿Te atrajo en algún momento la idea de dirigir?

Sí, he dirigido cosas, me gusta mucho también, es otro lugar y es muy interesante, aprendí un montón asistiendo a directo­res, hasta que llega un momen­to en el que uno se da cuenta de que tiene un criterio propio y te lleva a disentir a favor del espectáculo (siempre con mu­cho respeto) con un director al que estás asistiendo. He diri­gido infantiles y algunos que otros laburitos, y me gusta, pero lleva mucho tiempo y no me gusta hacer las co­sas a medias; soy un tipo que en general piensa en hacer pocas cosas y bien que muchas y mal. Hay mucha gen­te que tiene la capa­cidad de hacer mu­chas cosas a la vez, pero yo no soy una de esas personas.

¿Qué desafíos te tocó enfrentar en tu carrera?

Todo fue a pasito de hormiga, todo fue fluyendo muy bien. Por ejemplo, llegué a la tele después de mu­chos años porque sentía que no estaba preparado todavía para esa exposición, porque tiene una respuesta muy fuerte sobre lo que uno hace, ya que uno está muy expuesto y yo siempre me fui cuidando mucho para no sen­tirme nunca expuesto y que una camisa me quede grande. Por lo tanto, antes de hacer, siempre me formé; Claudio Quinteros, que fue mi maestro, siempre fue un defensor de la formación, eso era un pilar para él en un actor, y la verdad es que yo siempre se­guí esa línea de formación muy fuerte; entonces, cuando uno está formado, tiene muchas más herramientas para poder calzar­se distintas camisetas. Pero, por ahora, creo que todos los proyec­tos son un desafío nuevo; esto de Tomás es hermoso poder en­cararlo; fue un desafío en sí mis­mo entrar a lo que nosotros lla­mamos “torear”, que es entrar a una obra cuando ya está estre­nada; yo ensayé en 2 o 3 sema­nas la obra entera y eso fue un desafío muy grande, pero nunca sentí la casaca grande y sí lo sen­tí como un desafío actoral muy grande, porque entré en un gru­po constituido que tiene gente que no sabe que estuve laburan­do nada más que tres semanas. Pero bueno, fue un desafío her­moso, aunque todos son desa­fíos, cada experiencia es un de­safío muy grande para mí.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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