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Favio Posca: «Ahora me reconocen como artista»

Dueño de un estilo humorístico vertiginoso y salvaje, el actor repasa sus inicios en el under y habla de Painkiller, su octavo show unipersonal.

Por Teté Coustarot
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Era casi medianoche y bajamos a los camarines del Paseo La Plaza, afuera iluminaba la luna llena. Charlé con Favio Posca antes de que empezara su función. Hace más de 20 años que inauguró la trasnoche en ese complejo teatral y, ahora, vuelve a tambalear el escenario con Painkiller, su octavo show. Un espectáculo de rock, en el que él mismo se sorprende de cómo la gente “se agarra la panza de la risa”. Además, irrumpe con su papel en El espejo de los otros, la nueva película de Marcos Carnevale.

Me encantan los horarios de tus funciones teatrales.
Yo inventé este horario en el mainstream del teatro Parakultural y la trasnoche del underground. Hice un éxito de la trasnoche en el mainstream cuando no existía, primero con una sala de 130 personas, después con 300 hasta llegar hoy a una de 500.

¿Y tus seguidores son superfieles?
Eso es medio un mito porque creo que la gente ahora ya me reconoce como un artista, más allá de la tribu que yo tengo. Si no, duraría dos meses mi show. Hace dos años que estoy en Painkiller, ninguna banda de rock exitosa hace tres fechas sin parar. Mi público son gente joven y de la tercera edad con espíritu.
Tenés una dicción especial, tu voz es de película argentina.
Sí, es innata. Igual, hace muchos años estudio canto, actuación, danza, y todo lo que se te pueda ocurrir. Cuando empecé a estudiar teatro a los 18 años entendí que era mi proyecto de vida.

¡Qué suerte que lo hayas tenido claro a los 18!
Fue un suplicio llegar a los 18 sin saber qué hacer. Tenía amigos que querían ser médicos o abogados y yo componía, hacia música pero nunca me lo tomaba en serio. Siempre fui actor pero nunca me di cuenta de que lo era. A partir de ese momento, fui consciente de que el cuerpo del actor tiene que ser moldeado desde todo lugar.
Vos sos de Mar del Plata y cuando uno te ve, tenés facha de surfer.
Soy un amante del océano. Además hago jet ski y deportes de montaña. Me gustan los deportes extremos que vas “piloteando”, como surfear, donde vas moldeando el mar.

¿La vida es una especie de surfeo, donde hay que tener una cierta cintura?
La diferencia es que en la vida tenés que pensar en el otro, en el deporte pensás sólo en vos, aunque esto lo aprendí más de grande. Tampoco hay que ponerse ansioso, en el mar si te desesperás no corrés ni una ola. Por ahí vienen mil olas y tenés que saber elegir, es bueno decir que no, también.

¿Te empapabas de los espectáculos de Mar del Plata, cuando eras chico?
No, cero. Yo nací allá pero me críe en La Falda. Teníamos una casa muy grande en medio de la montaña heredada de mis abuelos. No había televisión y leía a morir.

¡Viste que bueno es leer!
Te despierta fantasías, la forma que tengo de narrar arriba del escenario tiene que ver un poco con eso y con el cine.

¿Cuándo te viniste a Buenos Aires?
A los 22 años, más o menos. Empecé a estudiar con todo y al segundo mes ya componía personajes y estaba absolutamente compenetrado. Antes de venirme, trabajaba en una agencia de viajes y me empezaron a llamar de distintos lugares en Mar del Plata, comencé a hacerme conocido en muy poco tiempo. Más tarde conocí a Luisa mi mujer, psicoanalista, y ella tenía que hacer su residencia en el hospital Borda y le pedí que me bancara un año. Pensé, “si me quedo acá soy Gardel pero si me voy a Buenos Aires arranco de cero”.

¿Y fue difícil acá?
La verdad que no, tomé audiciones para el Teatro San Martín y después quedé para hacer un par de clásicos. Luego trabajé en el Teatro Alvear y algunos otros municipales con muy buen sueldo. Después de tres años, me vino la necesidad de hacer algo propio y caí en el Parakultural, en el Rojas.

Vos eras moderno para la época.
Aunque caí medio último, me preguntaban cómo hacía para estar una hora haciendo ese aluvión. Venía con toda una data nueva dentro de lo que se estaba haciendo.

Se estrenó la película El espejo de los otros, en la que participás.
La peli está buenísima, son cuatro últimas cenas en un restaurante único en donde pasan cosas únicas. Las cenas son en un lugar superexclusivo que no tiene techo. Mi personaje es muy particular, lleva a comer a una especie de “novia” que le pregunta qué pasa si llueve y él le responde “nos mojamos”.

Vos vivís en San Isidro pero ¿qué te atrae más de Buenos Aires?
Ahora estoy saliendo mucho en plan de turista. Con mi mujer, cargamos la bici plegable en el auto y lo dejamos en Libertador y General Paz. De ahí, nos vamos hasta Puerto Madero o Palermo a tomar una cervecita en bici. Soy un fanático de la bicicleta, de chico andaba mucho. Disfruto mucho Buenos Aires, está muy bonita.

DZ/sc

 

Fuente Redacción Z
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