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TEMAS DE LA SEMANA

Fantasy: Los libros que encantan a los adolescentes

Bajo la influencia de El Señor de los Anillos y Juego de Tronos, las historias de magos, elfos y dragones explotó en ventas. Quiénes son sus autores locales.

Por Ayelén Iñigo
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Con elementos fantás­ticos, magia y se­res mitológicos, el género fantasy se hizo conocido a través de li­bros como El Señor de los Anillos o Juego de Tronos. Hoy es un boom editorial que cautiva a adolescentes de todo el mundo. En nuestro país, un grupo de jóvenes escritores se animó a ofrecer novelas fantasy con sello argentino.

Una joven mitad huma­na mitad elfo protagoniza aventuras llenas de magia y misterio. Hombres-drago­nes luchan con espadas por el des­tino de la humanidad. Una pirata se embarca para salvar a un viejo ami­go en peligro. Estas historias –entre muchas otras– son las que pueden encontrarse en el fantasy criollo.

Fenómeno global

Para algunos, los orígenes del género se remontan a los mitos clásicos, las leyendas o, incluso, la literatura gótica. Sin embargo, li­bros como El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien o Juego de Tro­nos de George R. R. Martin son considerados hoy como los “pa­dres” del fantasy moderno.

Los datos hablan por sí solos. La serie de novelas Canción de hielo y fuego –a la que pertenece Juego de Tronos– lleva meses en la lista de los principales best sellers a nivel mun­dial y ya tiene su propia serie televi­siva. Algo similar sucede con la trilo­gía Juegos del hambre, de Suzanne Collins, que para 2010 había vendi­do más de 800 mil ejemplares sólo en Canadá y Estados Unidos y fue traducida a 26 idiomas.

En la Argentina, si bien la pri­mera aparición del género se dio con la llegada de las traducciones al español de los libros pioneros, hoy la comunidad de los lectores se abrió para allanarle el camino a una nueva generación de jóvenes argentinos que se animaron a es­cribir fantasy de cuño local.

“Empecé como lectora”, cuen­ta Tiffany Calligaris, una abogada argentina de 25 años autora de Lesath, la trilogía de fantasy que hizo furor en nuestro país y que se encuentra en la lista de los más vendidos de Editorial Planeta. “En realidad, lo primero que me me­tió en el género fueron las pelícu­las de la Guerra de las Galaxias. Mi papá es fanático y cuando te­nía seis años las veía con él. Des­pués empecé a leer El Hobbit, que estaba en la biblioteca de mi casa, y de ahí a Harry Potter y después nunca más salí del género. Ya de grande me animé a la escritura”.

Pero, ¿qué es el fantasy? Se­gún Tiffany, la clave es que haya magia. “Más que nada porque to­dos los libros que a mí me gus­tan tienen eso, entonces lo incor­poré”. Tampoco pueden faltar los seres sobrenaturales ya sean el­fos, dragones o vampiros y, por supuesto, una historia repleta de intriga, conflictos y batallas.

En Lesath, por ejemplo, Tiffany Calligaris se adentra en el mundo de Adhara: una joven hija de un elfo y una humana que a los vein­te años decide abandonar la casa de sus padres, en el bosque élfico, para conocer Lesath, el territorio de los humanos, donde viven sus abuelos maternos. Pero allí des­cubre que entre los humanos no todo es tan tranquilo como pa­rece. Junto al valiente Aiden, Ad­hara se embarca en una aventura para intentar vencer al Concilio de los Oscuros, los gobernantes se­cretos de Lesath.

Éstas y otras historias similares son las que lograron atrapar a uno de los públicos más difíciles: el de los adolescentes. Por mucho, los principales consumidores de fan­tasy. “El perfil fidedigno de mis lec­tores se posiciona en un rango que va desde los 8 a los 18 años, prove­nientes de una cultura que, como yo, se entusiasma por interpretar y conocer cosas nuevas y nunca an­tes vistas, sean razas, magias, ar­tilugios o bestiales engendros de alguna rara dimensión”, explica Ju­lián Cáceres, un formoseño de 23 años que es otro de los referentes del género.

En 2012, Cáceres, Calligaris y otros escritores unieron fuerzas y crearon la Cofradía del Fantasy Ar­gentino. El grupo reúne a los prin­cipales autores del género en sus ya famosas “tertulias”, abiertas a los fans. Se realizan una vez por mes, pero no en un castillo o en un bosque alrededor de una marmita sino en el bar La Alameda, en Ave­nida de Mayo y Salta. Convocan a través de su página de Facebook a sus lectores y fanáticos para char­lar sobre libros y películas o partici­par de lecturas grupales.

Victoria Bayona, otra escrito­ra perteneciente a la cofradía, da su opinión. “Creo que los lectores llegan al género buscando magia. La capacidad de hacerte creer en cosas que no existen, de sumer­girte en mundos inventados y sentirlos tan reales como el pro­pio. De amar a los personajes al punto de que se vuelven parte de tu vida y los extrañás cuando lle­gás al final de las historias.”

Para todos los gustos

En la edición 2014 de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, los fanáticos del género di­jeron presente en las distintas ac­tividades dedicadas al fantasy. En­tre ellas, Tiffany Calligaris lanzó la tercera parte de su trilogía Lesath y firmó ejemplares en una tarde a sala llena. Las filas de jóvenes –tan­to chicos como chicas, de entre 12 y 20 años–, armados de pacien­cia y con su ejemplar bajo el brazo, atravesaban todo el pabellón.

Sin duda, otro ingrediente que agrega atractivo a este género es el hecho de que ofrece diversidad de historias y temáticas para todos los gustos. Victoria Bayona, por ejemplo, escribió Camino a Ale­theia, una historia de piratas con elementos fantásticos y románti­cos. Para los amantes del manga japonés o de los cómics en gene­ral, Nicolás Pinto ofrece su novela Leyendas de Mhoires. Por su parte, Julián Cáceres tiene sus Leyendas dracomanas, con dragones y bata­llas.

Leo Batic, por su parte, toma elementos similares en su Here­dera de dragones, aunque situa­dos en el corazón de Buenos Aires. Para las mujeres, se abre el amplio espectro de los “romances para­normales”, considerado por mu­chos como un subgénero dentro del fantasy. Acá entran las historias de vampiros y amores no corres­pondidos como los de la famosa saga de Crepúsculo, que también llegó a los cines.

Sea cual fuere la preferencia en las historias, el fantasy ha lo­grado atraer a los adolescentes, derribando así el mito de que este público elige siempre la compu­tadora o internet por sobre los li­bros. “Siento que ahora que el género se abrió y atrajo a más lec­tores, los chicos leen mucho más que lo que leían mis amigos a esa edad. Yo creo que eso de que los chicos no leen es un mito, por­que en todo caso lo que ocurre es que los chicos no leen lo que los adultos quieren que lean. Porque leen, pero se fascinan con sagas o libros de este género que no sé si los adultos consideran lectura”, reflexiona, Tiffany Calligaris, abo­gada de los elfos.

Tiffany Calligaris: “Lo que no puede faltar es la magia”

Tiffany Calligaris tiene 25 años y nació en Buenos Aires. Aun­que es abogada, decidió animar­se al mundo de la escritura, inspi­rada en los libros y películas que la habían fascinado de chiquita, como El Hobbit o La Guerra de las Galaxias. De la mano de su trilogía Lesath logró erigirse en poco tiempo como la referente más importante del fantasy local.

¿Cuándo te decidiste a em­pezar a escribir?

Siempre me gustó escribir. De chica escribía pero cuentos cor­tos. Después a los 15 o 16 tuve mi primer intento de novela. No la terminé pero era dentro del género. A los 21, cuando ya ve­nía pensando en Lesath, me de­diqué casi cinco meses a estruc­turar los personajes, hacer una especie de mapa. Todo surgió a partir del personaje de Adhara y ahí empecé a imaginar accio­nes, escenas. A la mitad del pri­mer libro me di cuenta de que quería hacer una trilogía.

¿Qué es lo que no puede fal­tar en un buen libro de fan­tasy?

Para mí, la magia. Más que nada porque todos los libros que a mí me gustan tienen eso, entonces lo incorporé. En cuanto a los personajes, no podría faltar un mago, pero el mío no lo quise hacer como los que leemos siempre, ancianos sabios que se las saben to­das, sino un mago joven, que mete la pata.

¿Cómo son tus lectores?

Hay de todo. Hay más mujeres que hombres. En las redes sociales, las mujeres participan mucho, pero me ha pasado de ir a la Feria del Libro y encontrarme más varones que chicas. En cuanto a edad, el grupo más fuerte es el de 13 a 19 años.

¿Se te han acercado también adultos?

Sí. Una vez en una Feria del Libro en Mar del Plata vino una maestra con todos sus alumnos a decirme que a ella le había encantado el libro y que se lo pasó a una alumna y lo terminó leyendo toda la clase. También se me acercan muchas madres, no como lectoras, sino muy agradecidas de que sus hijas aho­ra estaban leyendo y se habían alejado un poco de internet, así que eso está bueno también.

¿Qué autores de fantasy recomendarías para entrar en el género?

Victoria Bayona, Nico Pinto, Leo Batic, Juan Iribarne. También hay sagas nuevas. Estoy muy emocionada con El nombre del viento, de Patrick Rothfuss, porque siento que aportan algo diferente a lo que veníamos le­yendo dentro del género.

¿Por qué creés que se dio ahora este boom?

Creo que Harry Potter abrió un poco el camino y trajo más lecto­res. Y luego hubo seguidillas de sagas que tuvieron bastante éxi­to. Creo que fue una combina­ción de cosas. Aparecieron nue­vos autores. El cine ayudó con El Señor de los Anillos, Cazadores de sombras, Los juegos del hambre. Alcanzaron a un público más grande, porque el cine es más masivo, y eso tuvo que haber traído nuevos lectores.

¿Qué sentís que busca el lector de fantasy?

Lo saca de una situación que vive todos los días. Plan­tea problemas o embrollos amorosos pero lo hace en un contexto totalmente diferente, entonces no ter­mina siendo la típica historia de amor que uno leyó muchísimas veces. Por ahí uno es un vampiro y el otro es un ángel, entonces eso le agrega un elemento que uno no está acostumbrado a ver.

¿Cuáles son tus próximos planes?

Ahora estoy arrancando con una saga nueva. Me gustaría volver sobre Lesath, pero en este momento quiero incursionar en algo diferente, aunque dentro del género. Estoy pensando en hacer cuatro o cinco libros situados en la actualidad. Quiero aplicar el ele­mento fantástico en la actualidad, no hacer algo tan épico como Lesath.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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