Tiempo en Capital Federal

17° Max 16° Min
Cubierto con lluvias
Cubierto con lluvias

Humedad: 97%
Viento: Nordeste 14km/h
  • Martes 18 de Junio
    Cubierto con lluvias13°   17°
  • Miércoles 19 de Junio
    Parcialmente nuboso12°   14°
  • Jueves 20 de Junio
    Parcialmente nuboso10°   14°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Fantasmas de Buenos Aires

Fueron damas malqueridas, amantes despechados o parejas sorprendidas por la desgracia. Ya en la otra vida, deambulan su desconsuelo en túneles y casonas.  

Por Eduardo Diana
Email This Page
Two girls in the children's room, alienation Two girls in the children's room, alienation --- Image by © Red James/Corbis
Young woman Young woman --- Image by © Zach Gold/Photex/Corbis
9617
Nude Woman Behind Fogged Glass Nude Woman Behind Fogged Glass --- Image by © Elisa Lazo de Valdez/Corbis
_DSC0925
monserrat_DSC0937 b copy
Anterior Siguiente

Los cuatro hombres –ya cincuentones– están sentados en el fondo de un bar que, por el mobiliario, la pinta del mozo y la decoración, parece detenido en el tiempo. Llevan puestas gorras, bufandas y camperas, demasiada ropa incluso para este invierno cruel. Son cuatro hombres que ya saben que hay algunos trenes que no alcanzarán nunca más y matan el tiempo en un bar. Ni siquiera están en Flores, sino en un café de Villa Crespo, a metros del subte y de la estación ferroviaria Chacarita, y se acomodan en una mesa sobre una calle lateral de la avenida Corrientes, lejos de los ruidos del tránsito. Toman cortado en vaso –seguramente también les gustaría poder fumar, pero terminaron aceptando que no se puede– y hablan de fantasmas.

No son mentirosos ni están locos. En todo caso, cuentan lo que alguna vez escucharon. Y sí, tal vez exageren un poco o agreguen cosas para hacer más atractiva la historia. Las leyendas que relatan no están en los manuales ni figuran en las guías turísticas. Pero son parte de la identidad porteña. No hay ciudad que no tenga leyendas de fantasmas.

Los mitos urbanos surgen de una noticia, un rumor o algún hecho real. Con el tiempo, boca a boca, la historia va tomando por caminos fantásticos. Aunque siempre conserva algo real. Tal vez, lo que más importe no sea que esos relatos cuenten una verdad, sino que resulten atrayentes. La gente suele apropiarse de esos relatos mágicos. La verdad es materia de la ciencia. Las leyendas hablan de otra cosa. Como las que les escuché contar a los cuatro hombres del bar.
Amores truncos
En los barrios del sur circulan muchos relatos misteriosos. En Barracas, los vecinos dicen que el fantasma de la joven y hermosa Felicitas Guerrero suele aparecer por la cuadra de Isabel la Católica al 500. La mujer tuvo una vida llena de desdichas y amores no correspondidos. En 1862, cuando tenía 15 años, por presión de sus padres se casó con un hombre 35 años mayor que ella. Tras perder dos hijos, enviudó y se enamoró del estanciero Samuel Sáenz Valiente, con quien iba a casarse. Pero otro pretendiente, Enrique Ocampo, despechado, la mató de un tiro en la espalda y se suicidó. En su homenaje, sus padres mandaron a construir una iglesia en el lugar donde ocurrió el asesinato, Isabel la Católica entre Pinzón y Brandsen. Los vecinos cuentan que el fantasma de Felicitas se refleja en los vidrios de autos y comercios de la zona. “Todos en el barrio conocen la historia y muchos dicen que la vieron. Yo nunca noté nada raro”, dice Teresa, quien vive hace más de 50 años a tres cuadras del templo. Aunque pocas parejas eligen casarse en Santa Felicitas, en las rejas del frente suelen aparecer cintas atadas por mujeres que quieren conquistar un amor o que no las abandone su pareja. Se cuenta que todos los 30 de enero –fecha del crimen–, Felicitas recorre llorando el parque de la iglesia.

TIEMPO DE ESCLAVOS
En Monserrat vivieron muchos descendientes de los esclavos traídos de África. El barrio fue fundado en el siglo XVIII alrededor de la iglesia Nuestra Señora de Montserrat. En esas calles, hasta donde llegaban en esa época los límites de la ciudad, los negros –devotos de la virgen morena de Montserrat– recreaban bailes y rituales de su tierra de origen. En esas manzanas dicen que se ven aún difusas siluetas de negros ancianos y se oye el lejano eco de tambores.

La Boca también tiene historias de fantasmas. En un elegante edificio art noveau ubicado en la intersección de Almirante Brown con Wenceslao Villafañe y Pérez Galdós aseguran algunos que aparece la figura de una mujer. La construcción del edificio –que se destaca por una torre en forma circular en una esquina– fue encargada por una inmigrante española en 1915, pero la mujer vivió pocos años allí y decidió alquilarlo porque –según la leyenda– pasaban cosas extrañas. La propiedad la alquiló una joven pintora llamada Clementina, que a poco de mudarse se arrojó por el balcón. En los ventanales superiores del edificio, conocido como La Torre del Fantasma, muchos creen distinguir su silueta. 

Caserones y cementerios
Al castillo de Villa del Parque, en Campana y Tinogasta, cerca de la estación de trenes, le adjudican una historia trágica. La mansión de cinco pisos coronada por un torreón y una cúpula está a metros de las vías. Fue construida a fines del siglo XIX por un noble italiano como regalo de bodas para su hija. La fiesta de casamiento se celebró en el castillo pero el carruaje con el que partieron los novios fue embestido por un tren, ante la mirada desesperada de los invitados. El padre de la novia volvió a Italia y la mansión estuvo abandonada por décadas. Así nació la leyenda de que los espectros de los novios deambulaban por el castillo y que se oyen bailes por las noches. “Mi tío juraba que desde la calle se oían ruidos de cadenas y música de violines”, cuenta Carlos, quien vive a cinco cuadras del castillo.

Encerrada entre altos edificios de departamentos, en Riobamba al 100, Balvanera, La Casa de la Palmera es una mansión con nueve habitaciones y un subsuelo. Allí vivieron la viuda Catalina Espinosa de Galcerán y sus seis hijos (cinco varones de costumbres libertinas y una mujer, Eloísa). A medida que iban muriendo los miembros de la familia, la hija mujer cerraba con un candado las habitaciones. Todos los hombres de la casa habían muerto en accidentes y circunstancias misteriosas, y se llegó a sospechar que Eloísa los había envenenado. Al morir el último hermano, sólo quedó abierto el dormitorio de Eloísa y el subsuelo. La mujer murió en 1992 y la casa estuvo abandonada. Los vecinos dicen que el espíritu de Eloísa solía rondar la casona y que se escuchaban portazos. También se dice que la historia había inspirado a Julio Cortázar para escribir el cuento “Casa tomada”, pero no hay pruebas que lo certifiquen.

La dama muerta que vuelve para seducir hombres es uno de los mitos universales. La leyenda relata que una bella mujer con un vestido blanco seducía hombres en la esquina de Vicente López y Azcuénaga, en Recoleta. Luego iban a tomar un café y el hombre le prestaba un saco para que no tuviera frío. Al querer reencontrarse con ella, el hombre llegaba hasta el cementerio de Recoleta y encontraba su saco sobre una lápida con el nombre de la mujer. La historia se conoce como La Dama de Blanco. Otras versiones sitúan la historia en el cementerio de Chacarita. La leyenda se hizo tan popular que hasta llegó al cine: en 1942 con Los fantasmas de Buenos Aires, de Discépolo, y en 1950 con Ha entrado una mujer, de Carlos Christensen.

Otras historias: la planchadora mulata que corre por Parque Rivadavia; el espíritu de una nena que llora en un edificio de Plaza de Mayo y los gritos de un obrero muerto en 1930 al caerse por el hueco del Obelisco.

Ya es de noche en Villa Crespo. Los cuatro cincuentones ya se han ido del café. Llamo al mozo y le pido la cuenta. Cuando la trae, le pregunto si conoce a los cuatro amigos que hasta hace un rato charlaban en el bar. “No atendí en toda la tarde a cuatro hombres juntos en una mesa”, me dice. “Son 26 pesos”, agrega. Le pago con 30 y le digo que se quede con el vuelto. Le vuelvo a preguntar por los cincuentones y le señalo la mesa donde estaban sentados. “Le repito que no los vi”, me corta el mozo. La avenida Corrientes sigue repleta de autos y de la boca del subte salen estudiantes y oficinistas con cara de aburridos. En el bar, empiezan a cerrar las puertas.

Merodeadores en subtes y teatros

La oscuridad, los sinuosos recorridos y los túneles de los subtes son gratos a los fantasmas. El más popular es el de la Media Estación de la Línea A, una leyenda a la que hace referencia la película Moebius (1966). Cuando se construyó esa línea de subte, a inicios del siglo pasado, entre las estaciones Pasco y Alberti hubo un desprendimiento y murieron varios obreros, en su mayoría inmigrantes italianos. El episodio, al parecer, fue ocultado por los funcionarios. En ese tramo del subte suele apagarse la luz de los vagones y muchos pasajeros dicen que han visto una estación fantasma con dos hombres vestidos de obreros sentados en el andén. Otra historia dice que, los sábados a la tarde, en la abandonada estación Pasco Sur se ve el fantasma de una joven vestida de novia. La leyenda cuenta que había sido obligada a casarse con un hombre que no quería y que antes de llegar a la iglesia se escapó, llegó hasta el subte y se arrojó. En la estación Lacroze, de la Línea B, construida sobre terrenos del cementerio de Chacarita, los empleados comentan que difusas siluetas cruzan raudamente las vías.

En los teatros, sobre todo los de la avenida Corrientes, también circulan historias de fantasmas. Hay leyendas en el Broadway, El Nacional, el Colón, el Cervantes y el Maipo, entre otros. En el baño del Cervantes, un joven asegura que vio reflejado en el espejo el rostro de María Guerrero. En el Lola Membrives se oyen susurros extraños.

Los trabajadores de los teatros están familiarizados con los fantasmas y les ponen nombres: Benito, el del teatro Nacional, Bianchi el del Cervantes. En el Maipo tienen fantasma titular y suplente: Cáceres y Radizzani, empleados fallecidos hace décadas. Los fantasmas de teatro casi siempre son hombres, que se aparecen generalmente a los empleados de mantenimiento y a los actores y que se manifiestan de manera amistosa, haciendo ruidos o dejando caer cosas.

Muchos trabajadores están tan acostumbrados a ellos que les hablan, les cantan y hasta les cuentan sus problemas laborales y personales. Y no son pocos los actores que les piden tener una buena función. Casi no hay teatro porteño donde no circulen relatos de amigables fantasmas.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario