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TEMAS DE LA SEMANA

Fabián Gianola: «Cuando trabajo siento cosquillas en la panza»

Feliz de haber participado en Metegol, el film de animación de Campanella, el actor cuenta su fórmula para triunfar en televisión y en la vida real.

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Fabián Gianola se pasó el verano yendo y viniendo y de la misma manera arrancará el otoño: hasta el 1 de abril segurirá instalado en Mar del Plata, prolongando la temporada número 20 de su carrera en esa ciudad, con la obra La Dama de Negro. Y algunos días viene a Buenos Aires, “por trámites o cumpleaños de amigos”. Dice que está muy feliz y celebra sus más de 25 años de trayectoria con una nueva experiencia: acaba de grabar para Metegol, la primera animación del director Juan José Campanella. Le tocó ser El Beto, un jugador inspirado en Maradona. “Los dibujos finales están
hechos en función de la actuación que hicimos cuando grabamos las voces”, cuenta Gianola, entusiasmado como un niño. De hecho, actuaron atados a un enorme palo, unidos como están los muñequitos del juego. 

Pasaron veinte años de Los Benvenuto, aquel programa familiar de los domingos al mediodía en el que hizo su primer papel importante. Gianola hizo tele, cine y teatro, y despuntó con éxito como conductor en programas como Mar de fondo y Televisión registrada. Pero él sólo se ve como actor.  «Cuando deje de trabajar, a los pocos meses me voy a morir”, dice.

¿Cómo es ser actor durante tantos años?
Y… cumplí 50 el 26 de febrero…Es cada vez mejor, más lindo. Me siento joven pero con mucha experiencia. Hice más de cuarenta obras de teatro, veinte películas, dentro y fuera del país, y no sé cuántas horas de tele. Disfruto todo y trato de hacer lo que me gusta. 

¿Elegís?
Ésa es una palabra muy grande, sería, más bien, optar. Tomo entre las opciones que hay en el abanico.

 ¿Tenés la vida que te imaginaste y que te gusta?
¡Es mejor que la que imaginé! Cuando murió mi papá, a mis 18 años, yo estaba manejando un taxi o cargando reses en un frigorífico, nunca imaginé tener los hijos que tengo, estar siempre en la cancha, sentirme entero.

¿Te acordás cuándo decidiste ser actor?
Sí. Es más: cuando era chico yo sabía lo que no iba a ser: actor. Mi papá era actor y me molestaba muchísimo que me lo roben por la calle. “Sacale una foto, dame un autógrafo”, le decía la gente, y yo estaba ahí, me daba una bronca bárbara. Después lo viví con mis propios hijos. Ahora ellos mismos
se ofrecen para sacar la foto y demás, así apuran la cosa. “Dame, dame, yo te saco, listo, chau”, algo así. Después, terminé la secundaria e hice esos tests de orientación vocacional, todos me daban orientación a las artes. Aunque yo decía que iba a ser abogado o médico, hice cursos y tomé clases de actuación. Después empezaron los bolos, y el teatro, y bueno, asumí que era actor y que me encantaba. 

Los Benvenuto marcaron un antes y un después en tu carrera. Entraste por cuatro capítulos y te quedaste.

Sí. Necesitaban un mozo para el bar. El productor me dijo que hiciera uno hippie o algo así para ponerle un poco de ritmo. Llegué a casa. Me paré frente al espejo y me salía un mozo tipo Paolo El Rockero pero trucho, así que, ¡lo iban a terminar llamando a él! Entonces lo hice trolo. Y fue muy espontáneo. En el ensayo avisé. Estaban un poco preocupados, en esa época, hablar de homosexualidad en un programa familiar, los domingos
al mediodía en tele abierta, no era como ahora. Guillermo Francella llegó al vivo, a punto de salir al aire. Yo no tenía escenas con él pero, en un momento, Guillermo tenía que entrar en el bar. Lo hizo y me saludó espontáneamente, como cualquier tipo que entra a un bar. Y yo, sin pensarlo
ni tenerlo preparado –no tenía idea de que Guille me saludaría– le digo con tonito afectado: “Los ojos”, y me los señalo, me “hago el lindo” en referencia a los faroles celestes que él tiene. Guille lo agarró al toque e hizo ese gritito típico suyo. Quedó. Eso fue promoción del programa durante la semana. Al capítulo siguiente me habían escrito una escena con él. Y así empezó toda esa historia increíble de cuatro años. 

¿Te gustaría trabajar hasta los ochenta años?
Sí, claro. Me gustaría hacerlo porque quiero, porque siento cosquillas en la panza. Todavía me pasa eso. Creo que cuando deje de trabajar, a los pocos meses me voy a morir. ¡Y eso que amé otras cosas, como el fútbol! Tuve muchos problemas físicos si no hubiera sido jugador profesional. No sé si hay muchos actores que quieran tanto esta profesión como la quiero yo.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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