Tiempo en Capital Federal

21° Max 14° Min
Cubierto con lluvias
Cubierto con lluvias

Humedad: 82%
Viento: Oeste 36km/h
  • Lunes 12 de Abril
    Despejado15°   21°
  • Martes 13 de Abril
    Despejado15°   20°
  • Miércoles 14 de Abril
    Parcialmente nuboso16°   21°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Eva Giberti: «Atendemos víctimas tanto de Recoleta como de la Villa 31»

La prestigiosa psicoanalista, pionera en temas de infancia, familia y educación, habla de los mitos que fueron refutados por la experiencia del programa Las Víctimas Contra la Violencia, que creó y dirige en el Ministerio de Justicia.

Por Juan Manuel Bordon
Email This Page
Eva Giberti Eva Giberti

El que cree que los unicornios son figuras únicas, rarezas irrepetibles, nunca visitó a la psicoanalista Eva Giberti. En su departamento esa criatura aparece en cuadros, esculturas y un centenar de souvenires que llenan una vitrina. “Me gustan, los colecciono desde adolescente. El mito dice que el unicornio no puede vivir encerrado, prefiere que lo maten antes que vivir en cautiverio”, cuenta una de las principales especialistas en violencia familiar de la Argentina.

En 1957, Giberti creó una escuela para padres, con la idea de romper con los modelos tradicionales de crianza de niños y una impronta feminista “totalmente intuitiva”. El libro Escuela para padres, que reunía las columnas que escribía en el diario La Razón, agotó treinta ediciones entre la década del 60 y 70. Llegó a ser conocida como “la psicóloga de la tele”.

A los 83 años, Eva Giberti combina el trabajo en su consultorio con la dirección del programa Las Víctimas Contra la Violencia del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, que tiene a cargo una brigada para prevenir el turismo sexual y un servicio telefónico (número 137) que funciona las 24 horas atendiendo denuncias, entre otras cosas.

¿Qué mitos se cayeron a partir de la línea telefónica y de la asistencia a las víctimas en el domicilio?
El primero de los mitos que se cayó es que la violencia es un problema de las clases populares. Tenemos llamados de acá a la vuelta, vamos a Recoleta las veces que quieras y también a la Villa 31. La idea es, dentro del perímetro de la ciudad, entrar en todas partes y también indicarle a la gente de la provincia de Buenos Aires adónde pueden ir. Otro mito fue el que la violencia está vinculada al alcoholismo. A veces un sujeto alcoholizado viene un poco más violento, pero no es lo que está detrás de violencia familiar. Un tercer mito es que la mujer se queda con el hombre violento porque le gusta. No es así, de ninguna manera.

¿Y por qué se queda?
Pasa que muchas veces no tienen de qué vivir o no quieren dejar a los chicos sin padre. Es cierto que también hay casos en los que siguen enamoradas, ahí sí no hay posibilidad de intervención.

¿Usted cree que es amor?
No es la forma de amor que yo propiciaría, pero hay mujeres para las que ser golpeadas forma parte de un modelo amoroso. Lo que ocurre es que esto se rompe cuando los golpes ponen en riesgo la vida. A mí el trabajo en el terreno, en los hospitales, me enseñó más que muchos textos. Sobre todo acerca de la distancia social, cuánto perturba a la hora de escuchar, si el que habla viene de áreas de pobreza, la pertenencia de uno a la clase media o a la burguesía.

¿A qué se refiere con distancia social?
A que cuando salí de la universidad me costaba entender, escuchaba algo y pensaba “esto está mal”. Tuve que entender que no estaba mal, que había gente que vivía la vida de otro modo. Por ejemplo, yo de niña tenía mi dormitorio. Cuando le explicaba a una señora que desde el punto de vista de la puericultura el chico no podía dormir con ella y su marido, que tenía que dormir aparte, me miraba como diciendo “¿aparte de dónde?”.

La pedagogía no se sostenía…
Claro, lo mismo descubrí con el amamantamiento, que se supone que se corta al año, porque el chico tiene dientes y el reflejo de succión ha terminado. Sin embargo, entendí que muchas veces si no les daban el pecho no tenían qué comer. Esto me lleva a peleas con colegas que intentan encajar teoría que aprendieron a cualquier paciente y, si no resulta, el que está mal es el paciente.

Es curioso que la violencia familiar crezca, cuando hay más campañas que nunca.
Sí, pero cada día recibimos más llamados. Está bien, se ha popularizado el tema y se sabe que se puede recurrir a gente como nosotros. Hay cursos, cursillos, trabajos, voluntarios, profesionales que espontáneamente se acercan a este tema, pero esto no va a limitar la violencia.

¿Y qué la limita, entonces?
Mire, la violencia familiar no se puede estudiar sola. Está metida en medio de las violencias estructurales que vivimos. Hacemos recorte para trabajar con victimas, pero está en medio de la imposibilidad cada vez más frecuente de reconocer otro en el otro, a la necesidad de gozar del abuso de poder, es un uso hedonista del poder que va in crescendo.

Antes me dijo que no quiere hablar sobre aborto.
No.

¿Por qué?
Porque ya hablé mucho y es muy largo de desarrollar. Como síntesis, me quedo con la definición de que la mujer es dueña de su cuerpo.

Le preguntaba porque fue uno de los temas del año, en Buenos Aires se aprobó la ley, hubo un veto de Macri, manifestaciones ante un hospital.
Sí, está clarísimo que hubo cosas que no se hicieron como corresponde. Por ejemplo, poner a la vista la identidad de quien en legítimo uso de su derecho estaba pidiendo una intervención. Eso fue una barbaridad absoluta y produjo una necesaria irritación y una alerta sobre qué pasa con el cuerpo de las mujeres, por qué se las exhibe de ese modo. Yo tengo una postura clara que se resume en la frase que mencioné antes, pero el tema reclama un diálogo largo para respetar a los que tienen ideas distintas a las mías. El problema está cuando se mezcla la religión, porque ahí ya se vuelve una cuestión de fe y no se piensa con claridad.

Las últimas décadas trajeron nuevas técnicas de reproducción. ¿Qué conclusiones saca de esto?
La principal es que hay que legislar esas nuevas técnicas reproductivas. En principio, hay muchas familias que han conseguido tener una vida más plena a partir de recurrir a ellas. Ahora, hay que tener cuidado con la exposición del cuerpo de la mujer. Habría que pensar en el tema reducción de embriones y en cuántos se plantan, porque la reducción es muy dura en la psiquis de la mujer, eliminar embriones que prendieron les genera muchas preguntas, puede perturbarlas durante muchos años.

¿Pero lo ve como algo positivo?
Sí, incluso se está ensayando en hospitales públicos y me parece bien, porque debería ser un derecho ciudadano y no una práctica millonaria.

Usted ha trabajado mucho el tema de las adopciones. ¿Influyeron estas técnicas?
No. Lo que afecta es el hecho concreto de que muchas parejas que están haciendo prácticas de inseminación al mismo tiempo se inscriben para adoptar. Es un niño suplente, lo que llamo el “niño por las dudas”, si lo miro técnicamente. ¿Pero sabé qué pasa? Los seres humanos hacemos las cosas como podemos y según lo que necesitamos. Yo hace mucho tiempo que trabajo en adopción y entiendo lo que le pasa a la gente que no consigue engendrar. Muchos deciden adoptar pero les queda la nostalgia del engrendramiento y entonces intentan hacer las dos cosas a la vez. Mi trabajo no está en juzgarlo, sino en entender lo que pasa. Ocurre que mi trabajo también es con los chicos y ahí sí me preocupa.

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario