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Eva de la Argentina: un dibujo que hizo historia y se volvió Evita

María Seoane dirige este film, con material documental, animación y música de Gustavo Santaolalla.

Por Lucila Rolon
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Llovía. A las nueve y media de la noche, la voz oficial lo dijo así por radio: «Cumple la Secretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20.25 horas ha fallecido la Señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación». Fue el 26 de julio de 1952. Tenía 33 años. Y más de dos millones de personas marcharon en procesión hacia el velatorio de su cuerpo. Cuenta la historia que el auto que la transportaba viajó recibiendo a su paso una lluvia de claveles, orquídeas, crisantemos. Los paraguas y el llanto generalizado de la gente atravesaron ese invierno argentino por treinta días en un duelo nacional irremontable que todavía hoy se actualiza en el relato.
Eva Duarte de Perón, Evita, la líder política más importante de la historia argentina, pasó de ser la abanderada de los humildes a convertirse en un mito nacional más allá de las identidades políticas. Tal vez así lo haya pensado la reconocida periodista María Seoane cuando se animó a la difícil tarea de construir una bella ficción en su nombre. Eva de la Argentina es la última película. Y que quede claro: no es un documental. Es, sin duda, una historia inspirada en su figura, que tiene notas de thriller, de romance platónico y del de carne y hueso. Además, se trata de un hito en el camino del cine local porque está contada en dibujos a través de animación cut-out (o en recortes), donde el movimiento se crea moviendo los dibujos sobre las escenografías.

Es la primera vez que se elige este formato para dar vida a una historia como ésta. Para hacerlo, Seoane se apoyó en el trazo de los dibujos originales del maestro Francisco Solano López, autor de la inolvidable historieta El Eternauta junto con Héctor Germán Oesterheld. La música fue un aporte del compositor Gustavo Santaolalla, y esconde dos perlitas: la Marcha Peronista en versión cumbia y, para el final de la película, una canción que León Gieco escribió e interpretó especialmente.
Cuando la historia comienza, Evita todavía es Eva Duarte. Tiene 15 años y el pelo marrón oscuro y ondulado. Está sola y es hermosa; asustada y pobre en un asiento del tren que la trae a la capital porteña desde el pueblo Los Toldos, partido de General Viamonte, provincia de Buenos Aires. Su hogar.

Cuando llegue a destino, todo será más difícil: privaciones, la dura vida de pensión y el logro de pequeños papeles en compañías de teatro hasta alcanzar cierto éxito como actriz de radioteatro.

Falta apenas un paso para que Eva se enamore y, llena de ese amor correspondido, salve su destino y el de millones de trabajadores argentinos. Así, la película repasa, en clave de ficción, ese camino que la llevó a ser, para siempre, Evita. Seoane eligió como narrador a Rodolfo Walsh, periodista ejemplar y comprometido con su tiempo, quien escribió, entre otros trabajos, el cuento «Esa mujer», inspirado en la obsesión del general que ordenó el secuestro del cadáver de Eva después del golpe del 55.

Los 75 minutos de la película avanzan al tiempo que Walsh compila elementos para su relato y desentraña algunas teorías sobre la personalidad invaluable de Evita. A esto se le suma un 30 por ciento de imágenes de archivo que resaltan algunos aspectos de su vida y fragmentos de discursos inolvidables de muchos personajes de la historia argentina. Los de ella despliegan pasión y poesía: «Confieso que tengo una ambición, una sola y gran ambición personal: quisiera que de ella se diga, aunque no fuese más que en una pequeña nota, al pie del capítulo maravilloso que la historia ciertamente dedicará a Perón, algo que fuese más o menos esto: Hubo al lado de Perón una mujer que se dedicó a llevarle al Presidente las esperanzas del pueblo, que luego Perón convertía en realidades. Y me sentiría debidamente, sobradamente compensada si la nota terminase de esta manera: De aquella mujer sólo sabemos que el pueblo la llamaba, cariñosamente, Evita.»

Los secretos de la animación cut-out hacen, todo el tiempo, que sus ojos brillen como dos lunas. Y eso, todo el tiempo, parece justo.

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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