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TEMAS DE LA SEMANA

Estrategias: Cómo interpretar señales

Los cambios decididos por la Presidenta muestran el propósito de homogeneizar los equipos que trabajan en economía y en seguridad. Un elemento es común a los elegidos. Son funcionarios que CFK conoce bien: desde Capitanich y Kiciloff hasta María Cecilia Rodríguez y el cura Juan Molina.

Por Eduardo Blaustein
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capitanich

 

Mientras el periodismo mue­re por encasillar las noveda­des de la dinámica política en lugares que sean previsi­bles, fijos, tranquilizadores, estalla el acuar­telamiento de la policía cordobesa, cuyas cúpulas vienen siendo sospechadas e in­vestigadas por vínculos con el narcotráfico. Regresan los escenarios de una Argentina presuntamente de subsuelos: saqueos, un muerto de 20 años, 60 heridos, decenas de detenidos. Sergio Berni anuncia el envío de 2.000 gendarmes, no sin antes cuestionar lo hecho por el gobernador cordobés.

Argentina de la política por arriba, Argen­tina de los subsuelos. La última protesta de uniformados había sido la de gendarmes y prefectos en octubre de 2012. Los acuartela­mientos policiales, desde la reinstauración de la democracia, comenzaron temprano. El que escribe recuerda por lo menos uno de los pri­meros: los que le hicieron la vida muy difícil al gobernador Antonio Cafiero. No eran casua­les ni meramente salariales. Desde esa admi­nistración de Cafiero, Luis Brunatti, un funcio­nario que años después estuvo cerca de Pino Solanas, intentaba aplicar políticas de segu­ridad progresistas, resistidas por la corpora­ción policial. Tampoco era inocente el vocero de los gendarmes Raúl Maza, en las protes­tas de 2012. Mientras se presentaba como un hombre racional, pacifista y demócrata, ese ex sacerdote y capellán de la Gendarmería ve­nía de dedicarse a trabajar en la trama judi­cial que permitía parir 20.000 amparos frau­dulentos, la mayoría a favor de sus superiores. Hace apenas dos meses, el periodista Horacio Cecchi, de Página/12, encontró a Maza en un acto convocado por neonazis.

No se puede estar en contra de que los miembros de las fuerzas de seguridad, par­ticularmente los de las escalas inferiores, ob­tengan salarios dignos por su trabajo. Se puede acaso discutir, con pinzas, su sindica­lización. Tampoco se puede ser inocente. Amenudo esas protestas cuentan con apoyos y guiños de superiores que usan las rebelio­nes para presionar sobre el poder político. Ala vez, cuanto más delega y cede el poder po­lítico, más problemas, más oscuridades en el accionar de esas fuerzas, mayor inseguridad.

De Garré a Rodríguez

El último cambio de gabinete dispuesto por la Presidenta tiene que ver justamente con el manejo de las políticas de seguridad. Sale Arturo Puricelli, entra María Cecilia Ro­dríguez.

Los diarios dicen inicialmente “La Cámpo­ra”. Pero caramba, Rodríguez ya está grande­cita, tiene 46 años, como para que baste con decir “La Cámpora”. Desde 1998 que comen­zó a poner el cuerpo en todo tipo de emer­gencias y catástrofes. Fuera desde la ONU o desde Cascos Blancos anduvo por Kosovo, Haití, Indonesia, El Salvador. Estuvo también cerca de Sergio Berni en el Ministerio de De­sarrollo Social. También al frente de la Secre­taria de Coordinación Militar de Asistencia en Emergencias en el Ministerio de Defensa.

Otra cosa distinta vienen siendo los su­cesivos cambios dispuestos por el gobierno, que hablan de inestabilidades o espasmos: desde una cierta pasividad a la designación de Nilda Garré, luego el vehemente Ser­gio Berni opacando el progresismo de Nil-da Garré, unos pocos meses de Puricelli, y ahora María Cecilia Rodríguez.

Si Rodríguez es “La Cámpora”, ¿hay giro a la derecha? ¿Es La Cámpora una “orga” tan aceitada y homogénea como la pintan desde afuera, en la que una sola carita re­mite soviéticamente a un todo compacto? Tampoco es maciza esa entidad general­mente dormida, o por lo menos vagarosa, que se llama Partido Justicialista, como para afirmar que Jorge Capitanich es su embaja­dor plenipotenciario dentro del gobierno. Sí, hay en la designación de Capitanich un gui­ño del kirchnerismo hacia “el peronismo pro­medio”. Pero el análisis no se agota ahí. Dato de estos días: el triunfo por el 64 por ciento de los votos de Claudia Ledesma Abdala, es­posa del gobernador santiagueño Gerardo Zamora, es una buena noticia para el oficia­lismo emergida del “país interior”. Pero Za­mora, se supone, es un radical K, no PJ.

Señales para todos lados

Hay una larga serie de novedades que son difíciles de ordenar en un único sentido. Oen todo caso, el único sentido claro es la recuperación de la iniciativa política por par­te del oficialismo, la homogeneización de los equipos que trabajan en el área de econo­mía o de seguridad. Ola elección, por par­te de Cristina Fernández, de funcionarios a los que conoce bien: no sólo Capitanich y Kiciloff, también María Cecilia Rodríguez y el cura Juan Carlos Molina, sorpresivamente designado al frente del Sedronar.

Más problemas para el análisis: la de­signación de ese sacerdote, a quien Cristi­na conoce de Santa Cruz desde hace años, ¿tiene que ver con un nuevo relacionamien­to con la Iglesia o con Bergoglio/ el papa Francisco? ¿Tienen que ver con esto último las modificaciones regresivas que se intro­dujeron en el texto del Código Civil que se discute en el Congreso? Si se trata de mo­dificaciones regresivas (el valor y el acceso a la propiedad, “la vida comienza con la con­cepción”), ¿entonces el papa Francisco no es progre? ¿El kirchnerismo tampoco?

¿Y la economía? ¿Conseguir inversores para explotar los yacimientos de Vaca Muer­ta es “de derecha”? ¿Acordar ventajosamen­te con Repsol, tras meses de negociaciones en secreto, es puramente una “señal favora­ble a los mercados”? ¿Ose trata de nuevas herramientas, de correcciones, de aceptar sin resignarlo todo, que a menudo hay que ceder ante los feroces condicionamientos de la eco­nomía globalizada? En charlas privadas, el mi­nistro Kiciloff solía hablar de esto: del peso de la arquitectura jurídica global a la hora de go­bernar y pretender transformar las cosas.

Mientrastanto, hay avances

YPF recuperó capacidad productiva; sus acciones treparon a lo pavo en la Bolsa. En esta columna se escribió más de una vez que iniciativas como las del Plan Procrear o la re­cuperación de YPF iban a tardar en mostrar resultados. En el caso del Procrear, esos re­sultados finalmente se están viendo: decenas de miles de casas que se están construyendo, impacto en la industria de la construcción. En el de YPF, aunque mejora la performance de la empresa, su presidente, Miguel Galuccio, acaba de decir que el país tardará entre cinco y diez para reponerse en términos de sobera­nía energética, Vaca Muerta de por medio.

¿La oposición le impuso agenda al ofi­cialismo? Oblicuamente eso puede juzgarse con esta anécdota: en televisión, a Martín Redrado, uno de los asesores económicos de Sergio Massa, le preguntan cómo evitar la caída de las reservas. Redrado medio que acaba de sentarse, la pregunta lo toma dis­traído. Piensa unos segundos. Hasta llegar a una respuesta minuciosa: “Por este cami­no (el del oficialismo), seguro que no”.

Sólo el andar y los hechos que produz­ca el gobierno podrán despejar todas las in­cógnitas generadas en las últimas iniciati­vas oficiales. En el discurso, al menos, de Cristina a Capitanich y de Capitanich a Kici­loff, objetivos como industrialización, gene­ración de puestos de trabajo, inclusión, si­guen gozando de buena salud.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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