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TEMAS DE LA SEMANA

Estilos: La obsesión por agradar

Para algunas personas, seducir es una necesidad vital.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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personas

Quién no se ha encontrado alguna vez en una fiesta entre amigos, u otras reunio­nes de carácter social, a un hombre o una mujer dispuesto o dispuesta a todos los excesos y capaz de recurrir al más for­zado refinamiento para seducir?

¿Quién no ha sido “víctima”, aunque sea por bre­vísimos instantes, del poder de una “conquistadora de hombres” o de un “Don Juan”?

¿Por qué, nos preguntamos, algunas personas se obsesionan por agradar?

Con algunas mujeres sucede que ningún hombre logra permanecer indiferente a sus encantos femeni­nos, a sus maneras de moverse, a su “caída de ojos” y a toda la presencia sensual que emana de su cuer­po. Sus sonrisas, su atención toda y su disposición al diálogo interesan siempre.

En poco tiempo, esos hombres comprueban que la personalidad de estas muje­res es muy atractiva y quedan anonadados con ella; sucumben a sus encantos en cuestión de minutos.

Asimismo, estas mujeres saben, se dan cuenta, son perfectamente conscientes, de que sus actitudes de femme fatale irritan, crispan y enojan a otras mu­jeres. Ellas las consideran unas pícaras arribistas, pro­vocadoras que no se detienen ante nada para con­seguir sus fines. Si el asunto es bailar, los hombres se la disputan para invitarla a hacerlo. Sueñan “hacer el amor” con ellas, y, secretamente, “poseerlas”.

Por lo pronto, estas mujeres son felices con el hecho de ser el centro de atención de la fiesta, de seducir y suscitar admiración entre la presencia masculina.

¿Cuál es, por lo general, el origen de esta actitud? Simplemente, la necesidad de ser amada. De gran­jearse afectos y miradas casi exclusivas. sentirse mi­madas. En muchas ocasiones, no se fijan en el lugar ni en las circunstancias que las rodean.

La seducción –digamos crónica– es el compo­nente esencial de este estilo de personalidad. Está en función de su estricta dependencia ya que su su­pervivencia física y afectiva se encuentra al servicio del amor y la atención que logre inspirar. La madu­rez afectiva y sexual se encuentra, en estos casos, en juego. Y resulta difícil modificar este estilo, esta pre­sencia ineludible.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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Médico sexólogo clínico. Director del Programa de Sexología Clínica del Hospital de Clínicas. Jefe de Cátedra Libre Sexología Clínica.