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TEMAS DE LA SEMANA

Estela, Griesfault, Lilita y Republiquita

La recuperación del nieto de Carlotto fue una de las noticias más conmovedoras de los últimos tiempos y provocó una tregua general. La imagen de la Presidenta y los desafíos de la oposición.

Por Eduardo Blaustein
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La noticia de la recuperación de Guido/ Ignacio, el nieto buscado por Estela de Carlotto durante 37 años, fue más que seguramente no sólo una de las más trascendentes de los últimos tiempos sino una de las más conmovedoras. Se ha escrito muchísimo sobre ella, se han dicho cosas muy bellas sobre la emoción colectiva que generó, acaso se dijo un poco menos sobre algo que debe resaltarse: esta recuperación en particular dejó en suspenso por unos cuantos días el famoso asunto de la crispación argentina. Fue una tregua bienvenida, unió a la mayoría, hasta los diarios más opositores de alguna manera o se vieron inclinados u obligados a cubrir el asunto con cierta dignidad, acaso tomados por asalto por una misma emoción compartida, especialmente la impuesta por sus trabajadores. Solamente en los foros de esos diarios y en minorías fanáticas aunque con capacidad de daño, salieron palabras salvajes, hirientes. Si caben todavía dudas acerca de cuál es la potencia de alcance de los medios, el dato conocido de la multiplicación de consultas en los teléfonos de la casa de las Abuelas y el colapso de su página de Facebook es lo suficientemente elocuente.

Estela merece por lejos –y el que escribe pide disculpas por no agregar más– no sólo un reconocimiento a su trayectoria sino un reconocimiento por potencia simbólica. Con sus matices e internas, desde los años de la dictadura y aun antes, los militantes y organismos de Derechos Humanos –con sus independientes, sus militantes de izquierda, peronistas y algunos radicales– contribuyeron a que este país sea un poco más digno y más justo, contabilizando muy especialmente los tristes años del menemismo, que nos empobrecieron material y éticamente. Otro reconocimiento que hay que dedicarle a la presidenta de Abuelas: su serenidad, el equilibrio en su discurso, su capacidad inclusiva. Cierto discurso kirchnerista debería tener en cuento esos “rasgos suaves” del discurso de Carlotto.

LA OBSESIóN POR EL POROTEO

Hubo por supuesto algunas preguntas y respuestas miserables, de las que cuantifican hasta dónde la noticia benefició al kirchnerismo o hasta dónde el oficialismo utilizó la noticia a su favor. Y sí, seguramente lo benefició, más aún teniendo en cuenta la vinculación del Gobierno con los organismos, más la historia personal del nieto/señor recuperado, su particular sensibilidad, su serena visión del mundo.

El que escribe de todos modos siempre subraya que se trata de fotografías. Algo similar sucede con el crecimiento en la imagen positiva de la Presidenta. El dato pone nerviosos a los opositores. Se adjudica esa suba a la pelea contra los fondos buitre, a la firmeza de la Presidenta, a la justicia de la posición argentina. Buena parte de los opositores entonces acuden a lo de siempre, a poner en duda este asunto de las “causas nacionales”; se enojan con los lemas fáciles del tipo “Patria o buitres”, responden con inconsistencias del tipo “quieren malvinizar”. Como si los fondos buitre fueran entidades macanudas y como si viviéramos en dictadura, como si el Gobierno iniciara algún tipo de guerra, como si hubiera muertos y mordazas y terror, como si estuviéramos en manos de generales alcohólicos o incompetentes.

La pregunta es si los opositores realmente deberían ponerse tan nerviosos o es que acaso sufren su propia impericia o su falta de garra. Si es por los últimos tiempos y no por la foto instantánea del presente: ¿acaso el Gobierno no sigue teniendo frentes más que difíciles en la economía, en empresas nacionales o trasnacionales que ante la menor nubecita o conflicto gremial amenazan con suspensiones, despidos o cierres, en el pos-Griesfault, en una baja de la inflación más relacionada a la caída del consumo que a los Precios Cuidados, o en el encadenamiento de problemas judiciales de Amado Boudou, que acaba de sufrir otro rechazo ante sus denuncias contra la familia Ciccone por falso testimonio? ¿Puede a su vez el kirchnerismo estar tranquilo ante el ya añejo problema de la sucesión presidencial, siendo que por ahora sólo sostiene un único precandidato firme (es cierto que sigue subiendo Florencio Randazzo y tiene tiempo para mejorar) que no lo expresa en sus mejores facetas y sigue siendo más o menos incombustible, Daniel Scioli, el que nunca termina de solucionar ni los problemas de seguridad, ni los de la educación, ni los de las finanzas y la economía bonaerense?

El factor TINELLI

Mientras algunos estudian con obsesión qué efectos electorales puede tener el programa de Marcelo Tinelli –si ganan los opositores sonrientes que se someten a sus reglas, si Tinelli guiña hacia Sergio Massa o hacia Scioli, si la Presidenta debe atenderle o no la llamada telefónica, si Martín Insaurralde deja o no el barco– todo sigue más o menos estancado en términos de construcción de alternativas serias a un gobierno como el kirchnerista. Poco se movieron los números desde las últimas elecciones, salvo el mencionado crecimiento de la imagen positiva de Cristina y una cierta suba en la intención de voto a Mauricio Macri. Pero sigue igual de flojo Macri a la hora de hacer pie en territorios tan trascendentes como la provincia de Buenos Aires. Y como los numerosos, casi sobrantes, precandidatos de Faunen ven que por sí solos corren riesgo de no llegar muy lejos, apuestan entonces a unirse en un frente con Macri, y Gabriela Michetti apoya, y los pocos progresistas más o menos consistentes de Faunen pegan grititos desolados.

La última anécdota penosa sobre ese espacio se produjo el lunes pasado, nada menos que en el lanzamiento de UNEN porteño. El senador Fernando Solanas (escasa su presencia como senador) volvió a decir que en su fuerza “no hay espacio para los ajenos y para la derecha moderna”. Pino dijo algo más: “Esas elucubraciones” sobre una eventual alianza con el PRO “le hacen mucho daño a UNEN y por eso está amesetado”. ¿Qué hizo Lilita, la tolerante, la plural, la madre de Republiquita? Agarró su cartera y se fue antes de que Pino terminara de hablar. O en versión Solanas: “Yo dije que no había lugar para la derecha moderna y ahí ella pegó el salto, fue una grosería”.

Si con estos episodios y estas diferencias sustanciales quieren afrontar la carrera para 2015, muchachos, están en problemas. Ni qué decir si fueran gobierno.

DZ/sc

Fuente Especial para Diario Z
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Diario Z
Periodista, escritor, autor de Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso.