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TEMAS DE LA SEMANA

Escuchas ilegales: caos PRO en la Legislatura

En plena sesión especial, el oficialismo cambia de estrategia y apunta contra las víctimas

Por Paula Mendoza
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Si algo les faltaba a los mucha­chos del PRO era echar mano del recurso vil de conver­tir a la víctima en victimario. Eso hicieron los legisladores oficialistas Cristian Ritondo y Martín Ocampo, como se verá, en la escandalosa sesión que man­tuvo la Comisión Investigadora Especial de la Legislatura para dirimir responsabilidades en el caso de las escuchas ilegales.
La del martes estaba llamada a ser una caravana de testimonios productivos. De los tres declarantes de peso, sólo el familiar de víctimas de la AMIA, Sergio Burstein, se pre­sentó. Los dos restantes, el empresario Carlos Ávila («no creo que Mauricio haya ordenado las escuchas», dijo por radio) y el mentalista y gran cuñado del jefe de gobierno, Daniel Leonardo, faltaron con aviso. Ávila, porque estaba preparando un viaje. Leonardo, por­que sigue aterrado por las amenazas que re­cibe, según deslizó su abogado. No es un dato menor que el mentalista y marido de Sandra Macri atraviesa una severa crisis por la cual estuvo internado, y ahora permanece medicado para afrontar la vida cotidiana.
Lo cierto es que Burstein ratificó su de­nuncia -la suya inició la causa de las escu­chas- y los muchachos del PRO comenza­ron, cada vez con mayor virulencia, a tratar de establecer de qué vivía el declarante, su­giriendo, claro, que recibe dinero fácil del kirchnerismo para hacerle la vida miserable al Jefe de Gobierno de la Ciudad.
«Soy comerciante, mocoso», le disparó a Ocampo, quien insistió. «Compro y vendo cosas usadas», respondió Burstein ya al bor­de de la erupción. Extrañamente, Ocampo y Ritondo cuestionaron también a Burstein (ya le habían hecho llegar chicanas oficiosas en ese sentido) por el hecho de que nunca haya apelado el sobreseimiento que dictó el juez Norberto Oyarbide de los ministros de Justicia y Seguridad, Guillermo Montenegro, y de Educación, Mariano Narodowski. Vale la pena detenerse en este asunto, sin embar­go. Burstein alegó: «No lo hice porque tengo que estar seguro de que fueron culpables». Aesta altura, Montenegro quedó fuera de las sospechas, eximido quizá por una con­ducta ejemplar durante años en la Justicia. Pero el caso de Narodowski podría ser revisa­do. Es que mientras el juez federal Oyarbide empaca para dejar el cargo a fin de año, «nuevas pistas» reverdecen la posibi­lidad de vincular al ex ministro de Educación, al fin y al cabo emplea­dor de Ciro James, con el escan­dalete del espionaje. ¿Por qué? Lo dice una fuente de Comodoro Py: «Sencillo. Por impericia, por desco­nocimiento del paño político, por ne­gligencia y porque tal vez le gustó al ex ministro jugar a obtener in­formación y mos­trar que un pe­dagogo también pue­de jugar fuer­te en la ros­ca política. Sí -remata el investiga­dor judicial-, Narodows­ki está otra vez en nues­tra mira».
La novela en capítulos de las escuchas ile­gales está lejos de apagar su fulgor.

Fuente Redacción Z
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