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TEMAS DE LA SEMANA

Escorpiones, arañas y serpientes: En guardia contra visitantes indeseables

En uno de los institutos pertenecientes al Malbrán llevan el registro de denuncias sobre aparición de animales ponzoñosos y elaboran antídotos contra sus venenos. 

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Ruido de teléfono en el Instituto Nacional de Producción de Biológicos, perteneciente a la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (Anlis) Doctor Carlos Malbrán. “Espere un momento, ya le paso con la persona indicada”. En una sala cercana Daniel Hermann, especialista en artrópodos y serpientes, estudia la evolución de unos pequeños gusanos llamados tenebrios, que pronto alimentarán a un lote de escorpiones llegados desde la provincia de Santa Fe.
Hermann atraviesa el pasillo con el libro de denuncias de aparición de escorpiones. Una más. En enero asentaron 40 denuncias procedentes del área metropolitana y todavía no está cerrado el registro de febrero. A veces es simplemente un llamado telefónico. Otras veces, el animalito llega al instituto dentro de un frasco de vidrio, previamente aplastado por los dueños de casa. Los más valientes se animan a envasarlo vivo.
“¿De dónde llama usted? Ajá, de la calle Vidt. Eso es Palermo. Es bastante común que aparezcan en Palermo. ¿De qué color es? ¿Marrón claro? Entonces es de los peligrosos. Lo que ustedes tienen que hacer en lo inmediato es revisar y sacudir bien la ropa y los zapatos, sacudir bien las sábanas antes de ir a dormir y tener cuidado si van a sacar objetos –sobre todo papeles o ropa– de cajones y estantes. Después hay otras medidas que deberían tomar en todo el edificio, como colocar tela metálica tipo mosquitero en rejillas y desagües. En las ferreterías se consiguen los cuadrados con las medidas de las rejillas y con el adhesivo para colocarlos. Otra cuestión importante es evitar la presencia de cucarachas –el alimento preferido de los escorpiones– y fumigar con un insecticida que contenga piretroide”, explica Hermann al vecino que se encontró por primera vez en su vida con uno de estos animalitos.
El escorpión marrón claro de Vidt al 2000 por suerte no picó a ningún habitante del edificio. Pero no siempre se tiene esa fortuna. Si se produce la picadura –es inconfundible porque siempre arde mucho– se aconseja aplicar hielo y dirigirse de inmediato al hospital Muñiz (Uspallata 2272), único centro de salud de referencia para estos casos en la ciudad de Buenos Aires, donde funciona el Centro de Patología Regional Argentina y Medicina Tropical.
El consorcio de propietarios de la calle Vidt difundió una circular con las instrucciones que les dictaron por teléfono desde el Instituto. Al bichito en cuestión se lo denominó “alacrán”. Al parecer ese nombre resulta menos ajeno al oído de los vecinos. Cada tanto se escucha algo sobre la presencia de alacranes en Santiago del Estero. Pero la realidad es que no hay que viajar tantos kilómetros para encontrar alacranes, o mejor dicho escorpiones (del mismo bichito se trata). Siempre estuvieron en Buenos Aires. Pero con las demoliciones y la construcción de muchos edificios en los barrios viejos de la ciudad no tienen más remedio que abandonar sus añejos refugios, en las cañerías rugosas patinadas por varias décadas de jabón. Una de las grandes oleadas se produjo cuando se restauraron los túneles debajo de la Casa de Gobierno.
En enero y febrero hubo denuncias de aparición de escorpiones en Carlos Pellegrini y Corrientes (frente al Obelisco), en Lavalle al 1200 (zona de Tribunales), Avenida de Mayo al 500, Luis Sáenz Peña al 200, San Juan al 1100, Belgrano al 1400, Juncal al 3300, Rawson y Rivadavia, Garay al 300 y al 4000, Garay y Muñiz, Cabrera al 3000, José María Moreno y Avelino Díaz, Castro al 1300, Treinta y Tres Orientales al 1600, 24 de Noviembre al 900, Pavón al 1100 y en diversos puntos del barrio de Constitución. A veces los escorpiones cultivan gustos exóticos: el mes pasado apareció uno en una sala de pilates y spa y otro en el Aeroparque Jorge Newbery. Pero tienen un hábito en común, eligen los meses de noviembre a marzo para reproducirse y eventualmente salir de paseo. En la ciudad todos los ejemplares son hembras, que se reproducen por partenogénesis y llevan las crías sobre el lomo: pasean a babucha, promedio, ocho bebés escorpión.
La especie con la que puede toparse el porteño de hábitos domésticos es el Tityus trivittatus –el marrón claro– la más venenosa de las que habitan el país. Su picadura puede ser peligrosa sobre todo en ancianos y niños, y en personas con hipertensión, cardiopatías o diabetes, y provocar la muerte si la persona no recibe a tiempo el antídoto. Miden en promedio cinco centímetros y viven en cámaras subterráneas, cañerías, sótanos, oquedades de las paredes, depósitos y archivos de papeles, particularmente en los barrios antiguos de la ciudad. Se alimentan de cucarachas, a las que toman con las pinzas como si se tratara de un sandwich, les inoculan el veneno y las comen. Sólo dejan las alas.

ALTO, DETÉNGASE
El Instituto Nacional de Producción de Biológicos, ubicado en avenida Vélez Sarsfield 563, en Barracas, elabora antídotos contra el veneno de escorpión. Un equipo especializado viaja regularmente a las provincias de Santiago del Estero, Tucumán y La Rioja para cazar ejemplares. Los capturan usando luz ultravioleta, que vuelve fosforescente una proteína presente en el escorpión. Una vez apuntado con la luz, el bichito va a parar al interior de un frasco. Cuestión de práctica.
En el Instituto se producen 25 mil frascos anuales de antídotos contra el veneno de todas las especies ponzoñosas de serpientes –yarará, cascabel y coral– y arañas –marrón y viuda negra– que hay en el país, además de escorpiones. Esos frascos se distribuyen gratuitamente a centros asistenciales de todo el país.
Para sacarles el veneno a los escorpiones, se los “ordeña” con choques eléctricos de poco voltaje y amperaje. Los animalitos pueden soportar hasta cinco extracciones de este tipo.
Otro rubro del que se ocupa Producción de Biológicos son las arañas. No llaman tanto la atención como los escorpiones, pero pueden ser igualmente peligrosas. En Buenos Aires hay una única especie venenosa, la loxósceles laeta, una araña marrón de patas largas que vive en armarios o lugares que se limpian muy de vez en cuando, y sobre todo detrás de los cuadros. No acostumbran picar, salvo que una persona las apriete entre un pliegue de su cuerpo, por ejemplo si la araña se escondió en una prenda de vestir. Por eso los accidentes no son muy frecuentes. Pero cuando ocurren producen una necrosis de la piel importante y pueden afectar el funcionamiento renal.
Para obtener el veneno de araña marrón, en el instituto se las congela y se les extrae bajo la lupa la glándula donde lo almacena.

SOBRE EL GRAN CAMALOTAL
Muy alejada de la vida tranquila de los armarios, la serpiente yarará navega en los camalotes desde los que puede divisar las torres de Puerto Madero. Pero muy pocas se deciden a reptar por la ribera. Alguna de vez en cuando. Dos de los encargados de salir de excursión a capturarlas son, con sus apellidos bien litoraleños, Alberto Galarza y Miguel Galarce. Ellos son dos de los técnicos encargados de cuidar a las yarará, cascabel y coral en el serpentario del instituto.
Cada tanto suena el teléfono para reportar la aparición de alguna serpiente en un barrio de la ciudad. En esos casos, Galarza y Galarce acuden al rescate con sus palos rematados en lazo. Aunque por lo general se encuentran con alguna boa (les encanta escaparse) o culebra perdida, especies no venenosas.
Al director del Instituto Nacional de Producción de Biológicos, Christian Dokmetjian –vecino de Palermo– le sigue apasionando visitar el serpentario. Su primer trabajo en el Malbrán fue en comisiones de captura y extracción de veneno y en investigación. Aunque su corazón late más fuerte cuando le hablan de la serpiente coral.
“El veneno de la coral es muy difícil de obtener. Son serpientes que dan muy poca cantidad de veneno para fabricar antídoto, son difíciles de capturar porque viven en cavidades en la tierra y viven poco en cautiverio”, explica. La mayor preocupación de Dokmetjian como investigador fue trabajar en el desarrollo de un veneno recombinante, a partir de las proteínas más tóxicas del veneno que puedan ser reproducidas in vitro para obtener suero suficiente, sin necesidad de capturar tantas coral. El suero se obtiene a partir de caballos inoculados, en el campo de 700 hectáreas que el instituto posee en Marcos Paz, y luego procesado. Este sistema al que se refiere Dokmetjian, una vez probado, podría trasladarse al escorpión y a la araña marrón. “Es que con 300 arañas marrones se puede producir solamente un lote de 300 frascos de suero”, detalla.
Además de sueros terapéuticos contra picaduras de animales venenosos, el instituto fabrica también vacunas antirrábicas para humanos y caninos, vacunas BCG para el tratamiento de pacientes con cáncer de vejiga, tuberculina PPD para realizar la reacción de Mantoux y reactivos de diagnóstico para estudios epidemiológicos. Y espera financiamiento para comenzar a fabricar vacunas doble y triple bacteriana, teniendo en cuenta que a los grandes laboratorios internacionales ya no les es rentable su producción y en un futuro no muy lejano restringirán la producción sólo a los países centrales. Por eso la Argentina necesita autoabastecerse.
Y la novedad más fuerte. En colaboración con científicos cubanos, el Instituto de Producción de Biológicos trabaja en una vacuna contra el síndrome urémico hemolítico que resulte económica, y que se aplicará al ganado bovino. La intención es erradicar una enfermedad de gran incidencia en la población argentina sin tener que agregar una nueva vacuna al calendario de vacunación infantil. Una enfermedad que se produce por consumo de carne mal cocida o por cuidados insuficientes a la hora de preparar los alimentos.

 

Fuente Redacción Z
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