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TEMAS DE LA SEMANA

Esclavos de las palabras, por Reynaldo Sietecase

Das Neves, Moyano y Macri, atrapados en sus afirmaciones.

Por Reynaldo Sietecase
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Es mejor ser rey de tus silencios que esclavo de tus palabras.» Tal vez Hugo Moyano, Mario Das Neves y Mauricio Macri no conocen la frase de Shakespeare que tiene infinidad de variantes en la sabiduría popular. El líder de la CGT¸ Hugo Moyano, ofuscado por la desmedida amplificación mediática de una requisitoria judicial de Suiza propuso un paro con movilización frente a la Casa Rosada. Más allá de las explicaciones, en el Gobierno tienen claro que la Presidenta de la Nación fue la principal destinataria de la bravata. Después de asegurar que el paro era inamovible, Moyano lo desmontó. Mario Das Neves, días antes de la elección en Chubut, dijo que si perdía se retiraba de la política. Tuvo una victoria pírrica en comicios bochornosos. Festejó pero horas después anunció que desertaba de la interna del Peronismo Federal. El jefe de Gobierno porteño anunció por enésima vez que será candidato a presidente. Con las encuestas en la mano, sus amigos más cercanos tratan de disuadirlo para que vaya por la reelección en la Ciudad.

Moyano y sus lugartenientes, el taxista Omar Viviani y el judicial Julio Piumato, explicaron que la medida de fuerza que gatillaron el viernes pasado no era contra la Presidenta sino una suerte de advertencia para «los medios hegemónicos» que estigmatizan al camionero. Más allá del evidente destrato que recibe el sindicalista, propios y extraños deberían sincerarse: Moyano no es José Pedraza, pero tampoco es Agustín Tosco. Y también debe comprender que, como cualquier ciudadano, es pasible de ser investigado.

El camionero interpretó que el impresentable exhorto judicial que llegó de Suiza (donde ni siquiera estaba mencionado) y la viabilidad que le otorgó la Cancillería era «una nueva movida» para perjudicarlo. Y que la andanada contaba con el aval de funcionarios oficiales. Por eso el paro incluía una movilización a Plaza de Mayo.

El ministro de Planificación, Julio De Vido, hizo su aporte decisivo para abortar la medida. Pero en el ánimo sindical también primó el enorme rechazo popular que cosechó el anuncio del paro en la opinión pública. Según un sondeo que manejan en Casa de Gobierno, el 80 por ciento de los consultados expresó su repudio. Lo de Moyano fue defensivo, pero también destinado a marcar la cancha. El martes pasado volvió a insistir con la idea de que el candidato a vicepresidente del Frente para la Victoria debería ser de origen sindical.

Lo cierto es que cinco días después del triunfo oficialista en Catamarca, el kirchnerismo se mostró enredado en una solapada interna que fue una fiesta para la oposición. Es la cuarta vez en poco tiempo que Cristina Kirchner tiene que enmendar errores o groserías de su propio sector político. Tuvo que salir a desmentir un supuesto intento de reelección indefinida lanzado por Diana Conti; aclarar que nadie le impediría a Vargas Llosa lanzar sus diatribas en la Feria del Libro; se mostró junto a Daniel Scioli en varios actos para desactivar las operaciones destinadas a limar al gobernador y luego ordenó a sus hombres resolver, sin que la sangre llegue al río, la protesta de Moyano. La reflexión de la Presidenta ante la asamblea legislativa adquiere una inusitada vigencia: «También debo cuidarme del compañero que siempre me quiso mucho o de algunos que ahora me quieren más que antes». Traducido a lenguaje popular: «Cuídenme de mis amigos que de mis enemigos me cuido sola».

Golpeado por la paridad con el kirchnerismo, el gobernador Mario Das Neves se bajó de la interna propiciada por Eduardo Duhalde y pidió un candidato de consenso. El triunfo de su delfín en Chubut -todavía en cuestión hasta el conteo final voto a voto- representa una victoria que si bien no lo obliga al retiro, lo deja fuera de la carrera nacional. Además quedó comprobado que la buena imagen de la Presidenta de la Nación tracciona muchos más votos de los imaginados por la oposición.

Francisco de Narváez y Felipe Solá, quienes viajaron a la provincia patagónica para participar de «una noche inolvidable» según la promesa que hizo Das Neves, volvieron a la Capital con más dudas que certezas. Solá advirtió sobre los peligros de hacer «una interna sin gente» en referencia a las primarias del Peronismo Federal previstas en Buenos Aires para el 3 de abril. Sólo quedan Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá en una competencia que no emociona a nadie.

En el PRO se frotan las manos, piensan que todos los caminos del peronismo opositor conducen a Macri. Se podría decir que Mauricio ganó en Chubut aunque el PRO no existe allí. «No tienen otro candidato para enfrentar al kirchnerismo», explican cerca del jefe de Gobierno. De Narváez, Solá y Graciela Caamaño ya hablan abiertamente de una alianza con el macrismo. Se trata de una paradoja. Las buenas noticias llegan en el momento de mayor vacilación del dirigente porteño. Macri repite que será candidato a presidente, pero en su entorno hacen cola para pedirle que lo piense y apueste a un nuevo mandato en la Capital Federal.

Marcos Peña, Nicolás Caputo y Jaime Durán Barba hicieron esta semana un nuevo intento para convencer a Macri de que vaya por la reelección. Según una encuesta encargada por el PRO, la intención de voto de Cristina Kirchner en la Capital supera por varios puntos al ex presidente de Boca. En los sondeos del gobierno nacional, la cifra de diferencia es todavía mayor. Gabriela Michetti aprovechó un encuentro con su jefe para decirle que acompañaría cualquier decisión que éste tomara y que estaba dispuesta, incluso, a bajar su candidatura. Macri agradeció el gesto (Michetti aparece en ese mismo sondeo imponiéndose en segunda vuelta en todos los escenarios), pero se mantuvo en su posición. «Soy el mejor candidato de la oposición. Además si no me la juego dirán que soy un cagón», se sinceró.

Shakespeare tiene razón. Es mejor no ser esclavo de las propias palabras.

DZ/km

 

Fuente Especial para Diario Z
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