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TEMAS DE LA SEMANA

Época de confrontaciones

El Gobierno intenta ponerle límites a la pulseada económica con nuevas reglas para la compra de dólares y se prepara para las paritarias en el contexto más complejo desde 2008. Cristina apuesta a la inversión social con el Plan Progresar y recoge buenas señales y la amistad de Fidel en Cuba.

Por Eduardo Blaustein
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Cristina 1
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Después de largo tiempo de re­sistirse e impugnar los efectos que tendría una devaluación –entre otros impactos negati­vos, el inflacionario– el Gobierno por pri­mera vez desde 2003 perdió una pulsea­da económica importante en relación con el tipo cambiario.

Esa “derrota” tiene alguna semejanza con el desenlace del conflicto con el campo en 2008, que tiempo después el oficialismo remontó de manera admirable.

Este otro escenario es distinto. Si el “enemigo” entonces eran las patronales ru­rales, ahora las broncas vuelven a dirigirse contra los acopiadores de granos que espe­culan con el precio (el Gobierno debió pre­ver que eso iba a suceder como pasó en años anteriores) y también, como dijo la Presidenta desde Cuba, contra otros espe­culadores y bancos.

Adiferencia del año 2008 el Gobierno no cuenta hoy con el apoyo de muchos sin­dicatos, que a la vez tampoco es que mue­van demasiado el amperímetro en cuanto a opinión pública.

Pero si el efecto de la devaluación se trasladara a precios –cosa que el kirchneris­mo hoy dice que apenas debería suceder–, a la hora de las paritarias y después de los endebles acuerdos con las policías, las ne­gociaciones colectivas se pondrán más complicadas de lo que ya pintaban.

Lo que sí es común con el 2008 es que el kirchnerismo, en comparación con ad­ministraciones anteriores, no parece dis­puesto al menos desde el discurso a que le manejen la orientación de las políti­cas económicas ni deja de señalar, aun­que confusamente, a los actores econó­micos o los problemas que lo obligaron a devaluar.

La contraposición, dejando de lado las catástrofes que siempre disfrutan en anun­ciar los medios conservadores, es la opo­sición. Su acting consiste en poner ceño fruncido y gesto sufrido, lamentar o torpe­dear, escondiendo la cabeza y a la vez acu­sando de todas las responsabilidades al Go­bierno. Esto incluye también a consultores y ex funcionarios de varios gobiernos que en el pasado contribuyeron a empobrecer al país y la sociedad, multiplicando por ejem­plo la deuda externa que paga este Gobier­no (que tanto tiene que ver con la salida de miles de millones de dólares).

Esos opositores, que por supuesto tie­nen derecho a la crítica, hablan de econo­mía como si no existieran intereses, con­flictos, actores económicos que empiojan el escenario. Se muestran padecientes como si dijeran cándidamente “Ay, yo de política no entiendo”. El problema para el oficialismo y para el país es que secto­res extensos de la sociedad actúan de un modo similar: cuando perciben el tembla­deral, se asustan, echan pestes contra la política que pudo haberlos beneficiado en años anteriores.

Primerround

Los primeros días posteriores a los anuncios devaluatorios y de flexibiliza­ción de los mecanismos para la adquisi­ción de dólares al Gobierno no le fue mal: el oficial quedó en ocho pesos y monedas, no se disparó el llamado dólar blue, aun­que el Central debió destinar 188 millones para evitarlo. Tal como sucedió desde hace tres años, los anuncios relacionados con la compra de dólares para atesoramiento tu­vieron idas y venidas.

Lanzado el anuncio, alguna consulto­ra señaló que el mecanismo es restrictivo. Hay que recordar también de dónde veni­mos: hasta hace no demasiado tiempo en Argentina cualquier hijo de vecino con bue­nas espaldas podía comprar dos millones de dólares libremente. Eso no sucede en los llamados “países serios”.

Tras la devaluación, estamos apenas en el primer párrafo de un primer capítulo de una historia que será larga y con desenlace incierto. Algunos empresarios que se pusie­ron contentos con las novedades salieron a decir con prudente optimismo que es muy posible que la economía se estabilice. Se­guramente, pero ya los precios dieron un salto notorio entre diciembre y enero.

Una pregunta central es hasta dónde podrán cumplirse los acuerdos de precios, al menos los que se hicieron con paráme­tros de hace pocas semanas. La otra pre­gunta: hasta dónde se actualizarán los salarios.

Entre Cuba y Progresar

Que el gobierno kirchnerista in­tenta no ceder el rumbo de sus po­líticas centrales, al menos en térmi­nos de evitar ajustes salvajes o de hacer pagar los platos rotos a los sectores más vulnerables, quedó claro con el anuncio presidencial del lanzamiento del Plan Progresar. Más “gasto público” o “inversión social” (según la lupa con que se lo mire) cuando otros gobiernos esta­rían cerrando canillas a lo pavo. El programa es más que interesante, y se suma, complementa o afina otras políticas sociales como la Asigna­ción por Hijo. Como está destina­do a los nichos sociales de pobreza más dura y oscura, con algo de “im­penetrables” para el Estado, aquí la sintonía fina deberá ser fundamen­tal. No será fácil llegar a los pibes más excluidos entre los excluidos.

Oque se decidan a estudiar en contex­tos vivenciales en los que el “estudio” es un imaginario dudoso y remoto. Los primeros resultados fueron promisorios: más de 60 mil inscriptos.

Cristina hizo el anuncio en un regre­so que disparó muchas expectativas, como para mostrar que gobierna, reservándose protagonismo para exhibir cartas fuertes. Las noticias económicas opacaron el anun­cio y luego la Presidenta viajó a Cuba para la segunda cumbre de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe), en la que participan 33 países.

Que Cristina almuerce a solas con Fidel Castro, que ande a los abrazos con Dilma Roussef, su par del Brasil o el Pepe Muji­ca, que twitee desde La Habana, es segura­mente también una señal política, la ratifi­cación de su lugar en el mundo.

Esto no niega que el kirchnerismo esté afrontando una de las etapas más delica­das desde su inicio de ciclo. Y esto ocurre, sin paradoja, con un país bastante más jus­to socialmente que el que existía en 2003 y que a la vez teme perder parte de lo que se consiguió a lo largo de diez años.

Vacaciones y remezones, las dos cosas suceden al mismo tiempo.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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Diario Z
Periodista, escritor, autor de Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso.