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Entrenamiento funcional: Estar en forma sin fierros

Es una modalidad de actividad física grupal que proviene de la rehabilitación. No se usan aparatos ni existen rutinas: el trabajo corporal se adapta a las necesidades de quienes lo practican. 

Por Gustavo Slep
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entrenamiento funcional entrenamiento funcional
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Aparatos, movimientos mecanizados y repetitivos, jornadas prolongadas frente a una máquina parecen ser sinónimo de gimnasio. El entrenamiento funcional está cambiando ese panorama. Basta ver una clase: veinte personas saltan, se agachan, hacen equilibrio parados sobre una pelota. Juegan.

Hay aros, bolas, vallas, bandas elásticas, arneses. Hay color, ruido, risas. Por momentos, no parece un gimnasio. Pero lo es. Todo a partir de un nuevo tipo de disciplina que concibe el cuerpo como un todo, que entrena movimientos en vez de ejercicios y que contempla la totalidad de movimientos del cuerpo. Y con una particularidad extra: cada clase es completamente distinta a la otra.

El entrenamiento funcional implica un cambio de paradigma en la concepción de la ejercitación. Ya no se trata de aislar grupos musculares, sino de concebir el cuerpo como un todo y de realizar movimientos que pongan en acción funcionalmente la totalidad del cuerpo. “El cuerpo es un todo. No es solamente grasa y músculo. Es hueso, es cerebro, es sistema cardiopulmonar. Si yo entreno todas la funciones que el cuerpo tiene, va a estar preparado para cualquier cosa”, señala Esteban Dietz, coordinador general en Funcional Gym.

“El entrenamiento funcional es entrenar como funciona el cuerpo”, explica Leandro Menza, instructor en Team Devoto. “Está basado en movimientos reales de la vida cotidiana como agacharse, pararse, alejar un objeto del cuerpo, acercarlo, rotar, cambiar de eje, llevados a un entrenamiento. Partiendo de todos esos patrones motores, uno trata de entrenar el cuerpo en su total funcionalidad.”

Pero el entrenamiento funcional no se restringe a un entrenamiento para la vida cotidiana. “El entrenamiento funcional es un entrenamiento para entrenar al cuerpo en las funciones que el cuerpo tiene. Puede ser para la vida cotidiana, para el deporte o sin un motivo en particular. El cuerpo tiene cierta capacidad de movimiento y de funciones que, si se entrenan todas, se logra un cuerpo entrenado y físicamente apto, estética, orgánica, cerebral y cardiopulmonarmente hablando”, comenta Dietz.

Esto lo hace apto para ser practicado por un arco muy grande de personas. “Lo practican personas de todas las edades y de ambos sexos, independientemente de si vienen entrenados o no, de si son sedentarios o deportistas o de si tienen alguna lesión, porque acá nosotros los rehabilitamos a través del entrenamiento funcional”, detalla Menza. Dietz, por su parte, señala que el perfil de la gente que se acerca a Funcional Gym va desde deportistas de elite, modelos, estudiantes, profesionales u oficinistas, en su sede central, hasta personas con sobrepeso y obesidad, que comprueban los beneficios del entrenamiento funcional en la sede que poseen dentro del Centro Ravenna.

Las clases son grupales y muy dinámicas en un ámbito totalmente distinto al del gimnasio tradicional cuya geografía suele estar repleta de aparatos. Se realizan en un espacio desprovisto de máquinas, donde hay elementos blandos o de entrenamiento funcional como bandas elásticas, vallas, conos, escaleras y hexágonos de coordinación, pelotas medicinales e implementos colgados en la pared y techo, como bandas elásticas. El entrenamiento funcional no se organiza en función de rutinas de trabajo sino que cada clase se arma acorde con el trabajo específico que requiere el grupo y cada uno de los que la practican. De esta forma, las clases son totalmente diferentes unas de otras. Los ejercicios no se repiten sino que se pautan en cada sesión con base en los principios funcionales. “El entrenador trabaja con el grupo en el momento, armando un plan de ejercicios. Nunca repetimos uno con otro. Hay mucho trabajo del entrenador”, sostiene Dietz, quien agrega que “las clases son muy dinámicas. La probabilidad de aburrimiento en una clase es baja”. Y Menza refuerza: “No hay rutina. Se planifican circuitos, estaciones y juegos para cumplir un objetivo pero eso no se vuelve a repetir nunca más. Hasta hoy nunca repetimos una clase: todas las clases siempre fueron distintas”.

Ese carácter dinámico y cambiante de las clases las vuelve divertidas, y hace que la probabilidad de aburrimiento en una clase sea muy baja. Como señala Dietz, en una clase “necesitás coordinar los movimientos y estar atento a los cambios de ritmo. Eso te mantiene muy atrapado en la clase. Además, el cuerpo está más libre y se genera una sensación diferente a la de entrenarse con aparatos o pesas: el cuerpo se mueve en forma libre, continua y el cansancio se siente en forma diferente. La diversión es muy importante”.

Por eso, produce una atracción irresistible en quienes lo practican. Como Lisandro, un analista de sistemas treintañero, que comenzó “por problemas de postura, porque estoy todo el día con la compu. Pero cuando mejoré, me di cuenta de que la paso tan bien que me enganché y ahora vengo casi todos los días a entrenar”.

 

 

Fuente Redacción Z
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