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Entre morenadas y caporales

Miles de danzantes honoraron a la Virgen de Copacabana.

Por Valentina Herraz Viglieca
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El agua es un elemento plástico, maleable, es una sustancia maravillosa. Siempre pensé en el agua como un elemento escénico, por su potencial de manipulación estética tan vasto y la posibilidad de generar cuadros oníricos, refrescantes, poderosos», dice Pichón Baldinú, líder de la compañía Ojalá y director de Hombre vertiente.
En el Centro Cultural Recoleta, Baldinú le agrega texto al teatro aéreo para contar las peripecias de un ser que en la búsqueda de sí mismo debe combatir todo tipo de monstruos y aprender a dominar poderosas energías internas representadas por agua que brota del cuerpo. «Estos hombres tienen una epifanía física de lo que llevan adentro, el agua empieza a brotarles de un modo que no pueden controlar, les genera sorpresa, dolor y una sensación de anormalidad, hasta que encuentran cómo controlarla, empiezan a utilizarla como un poder, se les va de las manos, se empiezan a confrontar con otros y el agua empieza a descontrolarse tanto que quedan sumidos en un descontrol total», relata el director de la obra y agrega: «Por eso después viene el personaje de un hombre seco, que lo único que puede hacer es caminar por un territorio que agrieta a cada pisada». Y si algunas imágenes y hasta el texto en sí pueden remitir al lenguaje del cómic, Baldinú dirá que creció leyendo la revista Fierro, una de las que renovó la historieta argentina durante los 80, antes de confesarse influenciado por la ciencia ficción.
En ese sentido estético y narrativo, la obra incluirá caminatas por cuerdas tendidas sobre abismos, pasajes por laberintos, luchas con alimañas gigantes y el uso de 18 mil litros de agua que se reciclan luego de cada función. Además de las posibles interpretaciones ambientalistas, con ecos inevitables en el hecho de que su primera versión nace como un pedido de la exposición Zaragoza 2008 dedicada al Agua y desarrollo sostenible, su creador asegura que también expresa las crisis por las que pasa todo creador. «Cuando se estrenó la primera versión mi desafío fue salir del lenguaje abstracto, no tenía ganas de hacer un espectáculo festivo, donde el agua ocupara el lugar de la magia, entonces pensé tres historias muy simples que pudiera entender un chico, para que pensáramos qué estaba pasando con el agua», cuenta su autor y revela que fueron los niños los que le generaron más sorpresas por sus reacciones ante la estética del agua, dice que entienden el código, las metáforas y se fascinan. Y los adultos, por suerte, también entran al lenguaje, al menos los que «abren sus candados para entrar en otro lenguaje, muy infantil».

 

DZ/LR

 

Fuente Redacción Z
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