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TEMAS DE LA SEMANA

Entre Cristina y Mauricio: el factor Scioli

Por Eduardo Blaustein. Las aspiraciones presidenciales del gobernador bonaerense salen a la luz.

Por Eduardo Blaustein
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Tras el triunfo oficialista de octubre pasado se auguró desde distintos espacios que uno de los principales temas de la agenda del futuro iba a ser la sucesión que pudiera construir el kirchnerismo de cara a las siguientes presidenciales. Lo que parecía una discusión para dentro de un año y algo, se instaló como presente y opacó la otra proyección más conocida: la disputa entre un oficialismo consolidado y el macrismo, aun cuando el PRO necesite mejor liderazgo, mayor consistencia, más despliegue partidario, territorial y de alianzas. Las tensiones entre referentes del gobierno nacional y el gobierno de Daniel Scioli terminaron apurando al gobernador bonaerense quien, con su extremo cuidado en el uso de las palabras, sinceró lo conocido: «Tengo aspiraciones presidenciales». Un poco al estilo de Carlos Reutemann, añadió un «pero»: si Cristina apuesta a su re-reelección, yo me bajo. Es lo sabido en Scioli: pasos milimétricos.

Cerca de la Presidenta se decía hasta hace poco que no existía la voluntad de ir por una re-re. Básicamente se trataría de una decisión personalísima, ligada a la intensidad (y dramaticidad) con que Cristina vivió los últimos años. Si Amado Boudou era una eventual figura sucesoria, el desgaste por la causa Ciccone le significa un dato en contra. También en relación a lo sucesorio la Presidenta ha dado señales de querer institucionalizar al kirchnerismo (la consigna «unidad y organización» va en ese sentido). Pero ese proceso, aunque importante, sólo da sus primeros pasos.

En este contexto, las fricciones con el sciolismo adquieren más importancia y contienen ruidos importantes. Por un lado, el vicegobernador Gabriel Mariotto se maneja con un vigor netamente kirchnerista que por momentos lo pone al filo de la cornisa en lo que hace a la situación institucional en la provincia, aun cuando es legítimo y valioso que fuerce en la agenda de trabajo del gobernador un replanteo de las políticas de seguridad y carcelarias.

Del otro lado, la mesura de Scioli, ese «tiempismo» presunto que alguna vez se adjudicó a Fernando de la Rúa, por momentos se parece a la inconsistencia. Siempre fuerte en las encuestas, el gobernador no ha podido consolidar mejor su propio espacio. El lanzamiento de la Juan Domingo parece tardío y en lo demás Scioli se parece a Macri: más comunicación que política.

Al kirchnerismo y a su capacidad de gobernar les convendría tener bien cerca al sciolismo, como le convenía tener al moyanismo. El proceso previo al Confederal que debe hacer la CGT espeja en el terreno de lo sindical la fragmentación que viven los espacios políticos opositores. Moyano no tiene el poder que tenía pero sus adversarios no consiguen conformar un espacio homogéneo. Si tiempo atrás la otra central sindical, la CTA, se partió en dos espacios más irrelevantes, algo parecido puede suceder con la CGT. Es una mala noticia para la vida sindical y para la canalización ya sea de las demandas como de los conflictos gremiales. Es posible conjeturar que en ese escenario crecerían las contiendas intersindicales, con actores que quieren mostrarse más duros que sus rivales de interna. Surgiría una paradoja: mayor conflictividad, con centrales debilitadas.

El conflicto subterráneo

Los paros ya sucedidos o los que puedan ocurrir dentro de dos meses en el subte porteño tienen ese ingrediente de conflicto intersindical, en donde está claro que la UTA retrocedió enormemente en relación al poder que manejaba años atrás. La «institucionalidad baja», esa zona de nadie en la que quedó el manejo de los subtes, es otro factor que conspira contra la resolución del problema. Para el común de los mortales es un bajón que la Nación y el gobierno porteño (que finalmente decidió enviar a las últimas negociaciones, aunque en un rol ambiguo, al presidente de Sbase) no se pongan de acuerdo de manera definitiva.

En el ruido pierden primero los usuarios pero también los protagonistas políticos, mientras Metrovías sigue recaudando. Si el gobierno nacional piensa que Macri se desgasta en ese proceso, es muy probable que se equivoque. El núcleo duro del voto macrista tiende a percibir que el rol de malo y de «confrontativo» le corresponde por axioma al gobierno nacional. Más allá de que la comunicación macrista trabaja para reforzar esa percepción, y más allá de la protección mediática de que disfruta el jefe de gobierno porteño, el kirchnerismo no termina de entender que en Capital sus modos de pegarle a Macri no funcionan. Puede que eso suceda en un futuro impreciso, cuando comience a agrietarse más seriamente la imagen personal y de gestión de Macri (nada es eterno, tampoco para el gobierno nacional). Pero para eso falta y la disputa no se resuelve con los tonos del bombo y el redoblante.

Libretos y audiencias

El lunes pasado trascendió la noticia sobre los modos en que los cuadros macristas trabajan su comunicación política, incluyendo timbreos en los barrios más vulnerables. Es de nuevo la modalidad de un libreto escrito en la cúspide del macrismo echándole la culpa de los problemas de gestión (basura, subtes, el Borda) al gobierno nacional. Esa práctica política es curiosa para una fuerza que cuestiona que los funcionarios confundan el lugar del partido con el del Estado y que sostienen que el kirchnerismo funciona a golpe de imposición interna.

De nuevo, sin embargo, la construcción de un sentido común macrista funciona bien en determinados segmentos de la población. Son los mismos que consumen con irritado deleite la fórmula acordada desde los titulares de dos diarios opositores en relación con la ronda de negocios realizada por el gobierno nacional en Angola: «el arca de Moreno». La mirada es despectiva cuando se trata de relaciones comerciales con un país africano y contradice el reclamo opositor de generar mejores relaciones comerciales con el mundo. Ya sucedió algo similar con Venezuela: mientras se hablaba de la «embajada paralela» (denuncias ruidosas que jamás prosperaron) el intercambio con ese país se multiplicaba por cinco o por seis para alegría no sólo de los empresarios, sino de la generación de empleo. Estamos hablando de un extenso espectro de productos exportados: material de transporte, manufacturas de metales, maquinaria agrícola, materiales eléctricos, lácteos, químicos, aceites, hortalizas y legumbres, plásticos, papel, cartón, publicaciones, medicamentos, cereales, textiles, confecciones, carnes. Pero se trataba de Chávez y eso, para ciertas audiencias porteñas, suena espantoso.

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