Tiempo en Capital Federal

22° Max 16° Min
Cubierto con lluvias
Cubierto con lluvias

Humedad: 89%
Viento: Nordeste 26km/h
  • Lunes 29 de Noviembre
    Cubierto con lluvias17°   25°
  • Martes 30 de Noviembre
    Parcialmente nuboso16°   26°
  • Miércoles 1 de Diciembre
    Cubierto con lluvias17°   22°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 28/11/2021 20:56:15
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

En el país del Nomeacuerdo

Todos los chicos sueñan qué serán cuando crezcan. No sueñan lo mismo los pobres que los ricos.

Por
Email This Page

Doce del mediodía. La pantalla de Canal 13 emite un episodio completo de Hijitus. Nostalgia en estado primigenio. A los adultos les pegó tanto que, el día que se reestrenó el dibu, Mario Pergolini pasó quince minutos de su audio en vivo, en la Rock&Pop. El tiempo se llevó puesto a Trulalá y, sin embargo, no resulta difícil ubicarse de nuevo en ese lugar de niño. ¿Y qué soñaban ser, cuando llegaran a grandes, los porteñitos de finales de los 60? Superhéroe, tal vez; policía como el Comisario chamamecero, vecinita de enfrente, millonario como Oaky. Todo eso. Lo de científico era una locura que sólo a un tipo como Neurus se le podía ocurrir. Eso sí, después de lo de Neil Armstrong, muchos querían ser astronautas.

Pero los sueños de los chicos no diferían mucho entre sí. Cuarenta años después, a los porteñitos de clase media la ciencia no les parece una locura ni algo distante. Muchos desean convertirse en protagonistas de descubrimientos científicos. En sus hogares hay herramientas tecnológicas diversas y saben cómo utilizarlas. Viven en contacto con las redes sociales y algunos concurren a colegios bilingües.

Un sueño de niño que parece haber sobrevivido al paso de las décadas es el de ser millonario. Pero nadie sueña con divertirse a la manera de Oaky, o con ser un magnate de veras como Aristóteles Onassis, sino que la imaginación agiganta la figura mediática de Ricardo Fort. Es aquí donde el análisis debe detenerse, porque es en los hogares de menores recursos donde los chicos sueñan con ser como Fort.

Es que los sueños de los pibes de hoy no son tan parejos como los de los purretes de antaño. los 60, la escuela igualaba y los chicos concurrían masivamente a establecimientos públicos. La mayoría, a los del Consejo Nacional de Educación; otros, a los del Ministerio. No había cable. Todos tenían en el techo una antena que cada tanto había que reorientar para que la tele no hiciera lluvia.

Otro garrón era el estabilizador, que se recalentaba en verano y había que patearlo para que no hiciera ruido. Los niños de clase media y no tan media compartían ese escenario mientras tomaban la leche con Piluso y Coquito. Existía la tajante división actual entre hogares donde los adultos manejan herramientas tecnológicas y aquéllos en los que apenas se puede soñar con, algún día, comprar una PC para los chicos. lo sumo había hogares con libros y otros sin libros, pero la escuela se ocupaba de balancear esa diferencia.

La psicóloga Irma Buratti señalaque lo más habitual es que los niños de hogares acomodadoaspiren a seguir una carrera universitaria. En particular les llama la atención la electrónica. Buratti se especializa en la atención de chicos con alto cociente intelectual. «Ellos tienen intereses extremos, que van desde la electrónica hasta el arte. Ya desde los 4 o 5 años saben lo que quieren. Algunos son literatos desde pequeños. En general les gusta crear cosas. Muchos quieren ser inventores de robots. La mayoría se inclina a profesiones de exploración, quieren hacer descubrimientos científicos.

Uno me dijo que quería ser paleontólogo, para estudiar los dinosaurios. Otro, que quería ser zoólogo para hacer que todos los animales se vean lindos cuando la gente los va a visitar al zoológico». Jurassic Park versus Discovery Channel.

De todos modos, la psicóloga reconoce que siguen siendo muchos los nenes que aspiran a ser como los mayores que los rodean. Ser «como la seño» o como «la doctora» es un clásico de todos los tiempos. En este punto sí se tocan todos los sectores sociales.

Buratti encuentra que las nenas están más definidas en sus elecciones, en cambio los varones dan más vueltas. Es más corriente que los nenes manifiesten «voy a ser médico, o psicólogo, como papá». Claro que este último tipo de respuestas se da entre chicos con padres profesionales.

Los chicos provenientes de este estrato social distinguen perfectamente, al llegar a la adolescencia, que van a tener que ganar el peso para garantizarse un nivel de vida razonable. «Los secundarios tienen ahora una tendencia a pensar en carreras cortas para largarse a trabajar pronto. Piensan en estudiar radiología, enfermería o secretariado para luego, con recursos
propios, encarar una carrera universitaria de seis años o más. Claro que muchos están más preocupados en ir a bailar y en cómo sacarse las previas de encima», refiere la doctora Buratti.

Mientras tanto, los sueños y los intereses de los niños son un asunto que desvela a las empresas que fabrican productos para ellos. El año pasado, una multinacional de la alimentación lanzó una encuesta ligada a una promo de cacao en polvo, en la que formulaba a los niños el clásico qué querés ser cuando seas grande. El corte social de la encuesta fue bastante amplio, porque se trata de una marca que, si bien es cara, tiene mucho arraigo en los sectores populares. Los resultados arrojaron un aluvión de veterinarias y bomberos. Aquí no hubo tantos científicos entre los varones. Aparecieron sí muchos rockeros y futbolistas. Un picado entre Carlitos Tevez y el Indio Solari.

Para mencionar profesiones y oficios llamativos, algunas nenas contestaron que querían ser entrenadora de delfines, crítica de cine, empleada de farmacia, militar. Unos pocos varones dijeron que soñaban con ser astrónomo, mecánico de lanchas, fisicomatemático o dueño de pelotero. No faltó el niño que contestara conductor de tele como Marcelo Tinelli.

O la nena que declarara «yo quiero ser famosa». Nada más. No aparecieron candidatos a ser dueños de muchos millones de dólares, pero un nene respondió «voy a ser empresario».
Un tanto alejadas de este escenario de promos y encuestas, las aulas porteñas presentan un panorama menos variado. Adriana Martín Rosas, profesora de Tecnología en una escuela primaria estatal de San Cristóbal y en un establecimiento privado de Villa Crespo, observa ya sin asombro que muchos chicos hoy «quieren ser como Ricardo Fort. Ser famosos en la tele. Su mundo es lo que ven ahí, más el colegio y la compu. Lo único que miran estos nenes en la televisión es Tinelli y el mundo ficticio que lo rodea. Tienen cero Canal Encuentro».

Se refiere a los pibes de San Cristóbal, provenientes de hogares de clase media baja, cuyos padres son mayoritariamente vendedores ambulantes y trabajan todo el día. En esos hogares no hay computadora. Para conectarse, estos chicos tienen que ir al cíber. Y una vez allí, sólo se dedican ausar los jueguitos. No hay adultos que puedan guiarlos en búsqueda de material didáctico ni en el uso de herramientas informáticas más sofisticadas. «A veces, cuando les hablás de la secundaria, te miran como diciendo pero si yo no voy a llegar. Estoy comentando lo que pasa en una escuela no conflictiva, donde se puede dar clase y a una la respetan como docente.

Estos nenes son considerados y cumplen las consignas. Pero les gustaría llegar a ser como Ricardo Fort», observa Martín Rosas. Sus alumnos tienen entre siete y doce años. Sin embargo mantiene cierta esperanza en que la materia que dicta pueda mejorar un poco el panorama. «Lo bueno es que a los nenes les encanta la tecnología. Si los llevás un poco, cuando llegan a séptimo grado empiezan a interesarse en el dibujo técnico y en todo lo referente a la diagramación de espacios en los locales.

Los engancha enterarse de cómo se construyen los autos y ver los procesos de automatización en las fábricas. Las nenas, en cambio, son más conservadoras. Tienen muy incorporado lo de ser maestras jardineras porque les gustan los chicos», resume la docente.

Tal vez sería momento de que la Ciudad se plantee incrementar las horas de Tecnología, sobre todo en las escuelas de la zona sur. Y de acercar concretamente a los chicos a todo tipo de herramientas electrónicas, más allá de la netbook y la PC.

Del otro lado de la avenida Rivadavia, el panorama en Villa Crespo, un barrio típico de clase media, es diferente. «Aquí hay más hijos de profesionales. Estos chicos tienen claro qué quieren ser. Los varones en su mayoría están pensando en seguir una carrera relacionada con el desarrollo de programas, con la computación.

Algunos piensan en seguir la profesión del padre, pero son los menos. En las nenas se da algo parecido a lo que ocurre en la otra escuela. Algunas quieren ser maestras jardineras. Pero hay algo que ahora se está repitiendo bastante: la mayoría quiere ser veterinaria», refiere la profesora Martín Rosas. Aquí se repite en parte el resultado de la promo encuesta.

Una anécdota del profesor de Filosofía Pedro Naboni, docente en colegios privados en la zona de Almagro, resulta muy ilustrativa acerca de esta vocación profesional Animal Planet de las mujeres de clase media.

«Me llamó la atención cuando, en medio de una clase de tercer año del bachillerato en comunicación, una chica interrumpió para decir: ‘Yo no sé qué hago acá, si en realidad quiero ser veterinaria'».

Fotos de chicos de hoy. La homogeneidad del imaginario infantil de otras épocas parece haber quedado partida en dos. El acceso fluido a las herramientas informáticas podría ser una de las razones de esta brecha.

Nota de tapa, edición en papel #60

 

 

 

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario