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En el capítulo de hoy: Nuevos caminos

DiscapacitadosEmocionales.com

Por Nicolás Zabo Zamorano
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La discapacidad emocional es una enfermedad bastante abarcativa. No nos afecta solamente en nuestras relaciones amorosas. Los síntomas aparecen en todos los ámbitos de la vida donde nuestras emociones estén implicadas. Los amigos, los familiares, los compañeros de trabajo y cualquier persona a nuestro alrededor terminan dándose cuenta de que tenemos capacidades para amar diferentes. Muy diferentes.
El otro día estaba viendo una película muy buena, se llama The Perks of Being a Wallflower (o Las ventajas de ser invisible). En ella, el protagonista le pregunta a su maestro del secundario por qué la gente buena decide salir o enamorarse de las personas malas o que no les hacen bien. La contestación del adulto fue “aceptamos el amor que creemos que nos merecemos”.
Tener baja autoestima es una de las características principales de cualquier discapacitado emocional. Viene con el paquete. Este tema está bastante asociado a lo estético. Si una persona se queja de que alguna prenda no le queda bien o notamos que no se siente cómoda con su propio cuerpo, muy rápidos de reflejos nos animamos a diagnosticar que tiene la autoestima baja, que no se sabe apreciar. Uno de los males de mi época es haber aprendido tantos términos médicos gracias a las series de televisión: hoy cualquiera es bipolar, hoy cualquiera tiene un trastorno obsesivo compulsivo.
El tema es que tener la autoestima baja es algo serio, no un capricho o un adjetivo que suena cool para ponerse en una bío de Twitter. Es algo que termina corrompiendo todas las decisiones en nuestras vidas, no solamente al momento de elegir una pareja. No tener conciencia de lo que somos, de lo que valemos y de lo que podemos lograr nos ubica socialmente en la mesa de saldos de la vida. Estamos en oferta, somos segunda selección. Somos el producto que si tenemos suerte, alguien encontrará y se sentirá afortunado a pesar de no entender como terminamos ahí en primer lugar.
Es muy difícil ser consciente de lo que uno vale porque nos enseñaron desde nuestra primera educación a ser agradecidos incluso cuando la situación no nos favorezca. Nos enseñaron a respetar a los mayores incluso en los momentos en que ellos nos lo faltan constantemente. Nos dijeron que aprovechemos las oportunidades pero nunca que las generemos. Inconscientemente nos metieron el chip de “podría ser peor” para evitar el esfuerzo de pensar cómo podría ser mejor.
Agarro la frase del profesor de la película y la adapto a un “aceptamos el trabajo que creemos que nos merecemos”. A veces es difícil entender que somos buenos en lo que nos gusta, no estamos preparados para eso. En parte pasa porque estaríamos cumpliendo un sueño: somos los que lo logramos, los que vencieron a esos adultos que durante nuestra adolescencia intentaron convencernos de que nos íbamos a cagar de hambre.
Pero ellos igual ganaron una batalla: tener mucha autoestima, la herramienta que nos permitirá abrir nuevos caminos, sigue estando mal visto.

 

Fuente Especial para Diario Z
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Categoría ’89. Nacido en Buenos Aires. Más precisamente en Parque Chacabuco City Rockers. Secundario incompleto por embole crónico. Ex asistente de producción de bandas de rock y programas de...