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En el capítulo de hoy: Mariposas

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Por nicolas-zamorano
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20_Mariposas

Cuando propuse abrir el consultorio, me senté a esperar este mail. Hace bastante tiempo quiero encontrar en qué momento uno entra en la espiral descendente del desastre sentimental. Quiero saber cuál fue el iceberg que no supimos esquivar antes de que sea demasiado tarde, cuando nos hundimos en este océano que nos volvió tan fríos y desconsiderados. Discapacitado emocional no se nace, se hace.
“Hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes, eso sí es estar loco”, decía Albert Einstein. O al menos eso dice Google que decía, ya no confío mucho en las frases que adjudica la internet. Pero el punto es que podemos cambiar “estar loco” por “ser discapacitado emocional”. Si tuviéramos la oportunidad de detectar cuál fue el disparador de nuestro comportamiento quizá podríamos resolver esta ecuación donde la “x” es un recuerdo oprimido que nos obliga a caer en un resultado que ya conocemos. Al final, las pelotudeces de matemática servían para algo.
Para despejar la “x” hay que hacer memoria. Hay que viajar a aquella primera vez que sentimos mariposas en el estómago y no sabíamos si correspondía tomar un antiácido o encerrarnos a llorar. El primer enamoramiento puede ser muy traumático y debe ser por ello que elegimos olvidarlo y hablamos de él como “cosas de chicos”. Chicos que juegan a ser grandes.
Valentín (14) está enamorado de su mejor amiga. ¿Nos suena conocido? Probablemente. Creo fervientemente que el 90% de los casos de discapacidad emocional tienen su big bang el día que son conscientes de que sienten algo más que amistad por esa persona con la que comparten absolutamente todo. En la adolescencia buscamos cómplices, gente que esté pasando por lo mismo que uno. Nos cuesta aceptar que alguien que nos entiende no necesariamente tiene que ser nuestra alma gemela.
Con la excusa de “algún día se va a dar cuenta de que yo soy con quien tiene que estar” nos sentamos a esperar. Nos convencemos de estar confiados pero en realidad sólo somos personas asustadas con miedo a perderlo todo. Porque no sólo perdemos a aquella persona a la que nos referimos como el amor de nuestras vidas sino que también perdemos a quien le contaríamos que perdimos al amor de nuestras vidas. Es una situación compleja.
La amistad es un contrato que no tiene letra pequeña. Quizá se pueda ir renegociando cláusulas con el tiempo, pero básicamente es el acuerdo de dos personas para quererse y acompañarse. Cuando uno de los dos se enamora del otro ese contrato se rompe pero este último nunca se entera. Esa amistad se vuelve una estafa, la relación ya no es la misma y una de las partes involucradas no lo sabe, sigue creyendo que los consejos que recibe sobre esa persona que le gusta son puros cuando en realidad hay otros intereses. Los nuestros.

P.D.: Cuando le conté a Ivi que estaba enamorado de ella después de cortar con su novio gritó “¡Todos los hombres de mi vida me mienten!”. Teníamos 13. No te sientes a esperar.

 

Fuente Especial para Diario Z
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