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En el capítulo de hoy: Hacela fácil

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Por Nicolás Zabo Zamorano
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HacelaFacil

Cuando era chico y siempre elegía la modalidad difícil. Al principio lo hacía porque no sabía la diferencia entre “easy”, “normal” y “hard”. Era un nene. Si no sabía hablar bien español, ¿cómo esperaban que entienda el inglés? Mi lógica infantil me decía que esas palabras significaban “nivel uno”, “nivel dos” y “nivel tres”. Siempre elegía la tercera opción sin darme cuenta de que estaba haciendo el camino difícil.
Supongo que pasaron años hasta que algún amigo me dijo que esos eran los niveles de dificultad. O tal vez lo descubrí a medida que entendía el inglés, no lo recuerdo bien. Sí recuerdo haber razonado que al arrancar a jugar en el nivel complicado, cuando me tocara competir con mis amigos en el normal los iba a poder pasar por arriba.
En una escena de Dragon Ball, Goku le preguntaba al Maestro Roshi por qué siempre cargaba en su espalda ese caparazón de tortuga. Él le explicó que lo tenía para ser más rápido, pero Goku no entendió. “Déjame mostrarte”, le contestó su maestro. Roshi se sacó el caparazón y se lo entregó para que se lo ponga. Apenas lo agarró, se le cayó al suelo por su peso. Recién en ese momento puedo entender que el vivir constantemente con esa carga sobre la espalda lo estaba preparando para ser más rápido cuando no la tuviese. Por culpa de ese capítulo fui al colegio con dos botellas de dos litros llenas de arena en la mochila por un par de semanas.
Elegir lo más difícil desde el comienzo implica tener una relación sana con la frustración y el orgullo, dos cosas necesarias en la vida pero que si no están en su nivel justo pueden traernos muchos problemas. Podés darte la cabeza contra la pared hasta aprender dónde y en qué momento poner la mano para que duela menos o reventártela hasta quedar idiota. Para elegir lo más difícil es necesario tener la esperanza de que algún día las cosas se van a poner más simples.
Alguna vez en la vida seguro escuchamos a alguien quejarse de que siempre le tocan las historias más complicadas, que sólo salen con hijos de puta, que tienen un imán para atraer conchudas y una solemne seguidilla de puteadas y descalificaciones dignas de una persona resentida que fracasó en el amor. Probablemente alguna vez fuimos nosotros los que vomitamos ese tipo de palabras, puede pasar, somos discapacitados emocionales y estamos acostumbrados a pifiarla groso en esto.
Un día salimos de la racha de relaciones súper jodidas y aparece alguien que nos propone jugar en “easy”. Nos sentimos incómodos. ¿Tan simple era esto que antes nos costaba tanto? No podemos evitar preocuparnos de más. Antes al cometer un error perdíamos una vida y la posibilidad de seguir jugando, siempre había que empezar de cero, pero ahora que estamos en esta modalidad nos proponen seguir intentándolo hasta que finalmente nos salga bien.
La racha de “conchudas” y de “hijos de puta” se termina cuando aceptamos a alguien que nos proponga jugar en “easy”. Quizás algún día estemos listos para poner “normal”. Pero para eso falta mucho.

 

Fuente Especial para Diario Z
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Categoría ’89. Nacido en Buenos Aires. Más precisamente en Parque Chacabuco City Rockers. Secundario incompleto por embole crónico. Ex asistente de producción de bandas de rock y programas de...