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TEMAS DE LA SEMANA

Empresas recuperadas: El éxito del trabajo en equipo

Ante el cierre de sus empresas, los trabajadores formaron cooperativas para mantener sus fuentes de trabajo. Hoy están consolidadas y luchan para seguir creciendo.

Por Juan Carlos Antón
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Qué es más importante, la propiedad privada o el derecho de una persona a mantener su trabajo? Esta es una de las cuestiones clave que atraviesa todos los casos de empresas recuperadas, que ya son casi cuarenta en la Ciudad. Sin dudarlo, Federico Tonarelli, vicepresidente de la cooperativa del hotel Bauen y presidente de la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (FACTA) afirma que el derecho del trabajador debe imponerse al del dueño de un inmueble a disponer de él. “Es muchísimo más grave que se quede gente en la calle sin indemnización después de largos años de trabajo”, enfatiza. Precisamente, el del Bauen es un modelo exitoso. Lo demuestra que de poco más de 30 trabajadores que eran cuando comenzó la autogestión en 2003 –tras estar cerrado desde diciembre de 2001– ahora son 140. “Tenemos capacidad completa, congresos, reuniones, conferencias. Somos un hotel de referencia en lo que respecta al mundo sindical y de ONG. Logramos una identidad”, dice, orgulloso, Tonarelli.
A fines de los años 90 el hotel se vendió a una cadena chilena que finalmente lo cerró. Estuvo un año y medio sin funcionar y luego los trabajadores decidieron entrar al edificio y comenzar una nueva historia. Eva Lossada recuerda esos tiempos épicos. Actual presidenta del Consejo de Administración del Bauen, parece seguir al pie de la letra el guion de una historia de telenovela: de mucama a “presidenta” del hotel. Sonriente, dice: “Es algo así. Trabajaba en las habitaciones del piso 8. Pero ahora gano lo mismo que todos, somos una cooperativa. Fue difícil, me tuve que formar, aprender del día a día. Pero si uno tiene ganas y fuerza, puede llegar. Es algo que me encanta”. Mientras el Bauen estuvo cerrado, Eva había conseguido trabajo en otros hoteles pero muchos de sus compañeros no. “Mantuvimos reuniones todo ese tiempo. Había compañeros que no podían reubicarse, en parte por un tema de edad, y no tenían ni para comer. Nosotros queríamos volver aquí. Movimos cielo y tierra y eso hicimos”. Eva conoce por el nombre a cada uno de los trabajadores. “A veces es difícil porque tenés que dar indicaciones, pero yo les explico que soy una más, una igual. Esto salió adelante por el esfuerzo de todos.” De hecho, en la puerta del hotel no paran de llegar pasajeros, turistas, algunos del exterior. Tonarelli aclara que la situación legal todavía no está resuelta y que el edificio no pertenece a la cooperativa. Recuerda los “desmanejos administrativos” de los antiguos dueños, que actualmente poseen el Bauen Suite Hotel, a la vuelta, sobre la avenida Corrientes. “Si bien tuvimos todos los juicios en contra, no perdemos las esperanzas. Esto funciona, no va a venir un juez a desalojar en medio del centro de Buenos Aires. La idea es que el Estado recupere un edificio que ayudó a construir con créditos que nunca fueron pagados”.

Alé Alé: Comer juntos

Donde un juez decidió actuar y no una, sino dos veces, es en el restaurante Alé Alé. Ubicado en la característica esquina de Estado de Israel y Tomás Jofré, pertenecía a una cadena de cinco locales, que el año pasado ocuparon grandes espacios en los diarios. El principal impulsor del movimiento de recuperación es Andrés Toledo (32 años, casado, una hija) quien de mozo y delegado durante la época privada pasó a conducir los destinos del local a la cabeza del consejo de administración desde diciembre de 2012. Fervoroso y feliz por lo conseguido, Toledo todavía parece no “caer” en la situación: “Fue muy fuerte lo que pasó. A fines de diciembre, un día yo estaba llegando y vi que estaban vallando la zona. Le pregunté a un policía y no sabía. Cuando llegué al local, me di cuenta de que venían por nosotros. Hablé con la gente y todos estuvimos de acuerdo en resistir”. Finalmente, fue tanta la presión que el desalojo no se concretó. “En realidad –explica Toledo– habían intentado ya en mayo y hubo múltiples amenazas todo el año. Pero cada vez conseguimos más apoyo de la gente, de los vecinos especialmente. Y no pudieron”. Sobre la etapa previa a la toma, recuerda que la decisión de la empresa fue cerrar el local para hacer un emprendimiento inmobiliario. “Se negaban a hacer contrato de alquiler. Ellos querían cerrar todo, irse y dejar a los 180 trabajadores en la calle. No les importó nada, algunos con más de 15 años trabajando aquí. Cuando nos enteramos –ya habían cerrado otro restaurante– fuimos al sindicato. Pero nos dieron la espalda. Nos querían cobrar una deuda de la patronal. Salí casi a las trompadas. Al final, tomamos el local y decidimos formar una cooperativa”. No fue fácil: “Es un cambio de mentalidad rotundo. De trabajar pensando en uno mismo, sin importarte tanto el otro compañero, pasamos a un estado donde todos somos importantes y ganamos lo mismo. Tengo la felicidad de que los que al principio se oponían, tal vez los que llevaban más años acá, ahora son los que más me apoyan. Además, ahora hay un compañerismo que antes no había y, con la toma, la empresa creció un 200 por ciento. Achicamos costos y salimos a comprar nuestra mercadería, incluso tenemos nuestro propio móvil”.

Cada domingo, los cuarenta trabajadores comen juntos. “Armamos una gran mesa y comemos todos juntos –explica Toledo–. Les pedí a todos que si tienen algún problema, queja o lo que sea, que lo guarden en la semana, que trabajen bien y que lo dejen para ese día. Entonces ahí se discute todo y se decide qué hacer. Por suerte, siempre se resuelve todo”.

Toledo recuerda que organizaron varias cenas solidarias a las que asistieron más de 500 personas cada vez. Agradecido por el apoyo de los vecinos, les pide que los visiten en el próximo local donde se mudará el restaurante. “Conseguimos un local en Palermo, en Lavalleja y Cabrera, donde nos mudaremos en seis meses, y mientras tanto seguimos acá. Fue muy importante esto para valorar lo que logramos y lo que podemos lograr”.

Impa, la pionera

Para hablar de autogestión, cooperativismo y decisiones compartidas, no puede soslayarse la fábrica IMPA. Esta empresa, nacida en 1910, fue expropiada en 1946 y transformada en cooperativa en 1961. En 1997 sufrió un proceso de vaciamiento que llevó al cierre, hasta que en mayo de 1998 los trabajadores la volvieron a poner en marcha. Es la primera fábrica recuperada. En el edificio funciona un centro cultural, un bachillerato y primaria para adultos, una universidad popular con cuatro profesorados con títulos oficiales, una radio y hasta un canal de TV. Mientras tanto, fábrica al fin, sigue fabricando estuches de aluminio.

Quien sabe todo sobre la historia del lugar es Marcelo Castillo, ex operario y actual presidente del consejo de administración. “Recuerdo los días en que decidimos entrar a la empresa. La administración de la cooperativa que estaba antes hacía lo mismo que los antiguos patrones: trabajar para ellos. Querían vaciar la empresa. En esa época había trabajando alrededor de 150 operarios, con el tiempo se fueron jubilando y ahora hay alrededor de 40”. Castillo también debió aprender temas administrativos, de trato de personal, con proveedores, entre otras cuestiones: “Son cosas que cuando uno está en la máquina no sabe” agrega.

En el IMPA se destaca el perfil educativo y cultural. Hay más de 80 docentes trabajando, 35 talleres de arte y oficios, obras de teatro y eventos musicales, entre algunas de sus actividades. Tiene más de 800 alumnos y 20.000 personas concurren anualmente a las diversas actividades. “Cuando empiezan las clases esto es un ir y venir de gente –señala el consejero–. Están todos juntos, operarios, estudiantes, profesores, actores. Estamos muy orgullosos de lo que logramos”. La idea es seguir manteniendo lo que hay y en un futuro renovar las máquinas. Por ahora, el litigio judicial por la propiedad del inmueble sigue sin definición.

Pocas recuperadas obtuvieron la propiedad de su inmueble –Zanón, en Neuquén, y Aurora Grundig, en Tierra del Fuego– y la lucha actual es por una ley nacional de expropiación. “Es un trabajo con la comunidad y para la comunidad –señala Tonarelli del Bauen- . Necesitamos protección para poder seguir. Es nuestro derecho”.

Macri veta y veta

La Ciudad cuenta con la Ley 238, de 1999, que permite declarar edificios como de utilidad pública y transferirlos a una cooperativa. Mauricio Macri ha denegado sistemáticamente este derecho. En 2011 y 2013 vetó las leyes 4.006 y 4.452, que extendían este régimen de protección por varios años y fueron votadas por unanimidad. En septiembre de 2013 la Legislatura transfirió los edificios de la fábrica Dulce Carola, en Remedios de Escalada 2454, y de la firma Birque SA, en Güemes 3657, a los trabajadores. Macri vetó ambas normas.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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