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TEMAS DE LA SEMANA

Alejandro Fabbri: Eliminatorias, a tiempo de todo

El mal debut de la Selección en el Monumental no se debe tanto al resultado como al rendimiento del equipo.

Por Alejandro Fabbri
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09-10-2015_buenos_aires_ngel_di_mara

La tentación es enorme. Y en general no nos cuesta nada. Criticar duramente, pontificar sobre determinados jugadores, acerca del fracaso táctico del equipo, la poca expectativa que generó en la gente el inicio de las eliminatorias, el hueco que deja Messi y nadie lo puede ocupar, los errores y horrores posicionales, bla, bla, bla. Podríamos seguir siendo duros, durísimos con la Selección Argentina por la sencilla razón de que anoche en el frío estadio Monumental flotó una sensación de hartazgo de mucha gente.

Y al hartazgo hay que justificarlo con argumentos. Hartazgo o cansancio de no ver un equipo que demuestre ser lo que parece ser. Lo que pretendió ser en algún partido de la última Copa América, lo que insinuó fuertemente en la Copa del Mundo de Brasil, aunque con otro esquema, jugando veinte metros atrás y no desprotegiéndose como lo hace el actual. ¿Era mejor arriesgar más? ¿Tenemos los jugadores para eso?

Aclarando que Ecuador sabía a qué debía jugar cuando su entrenador Gustavo Quinteros se enteró cómo formaría la Argentina, que generó una enorme superioridad al intentar siempre lastimar por los costados y que tuvo un despliegue poco frecuente en un equipo más acostumbrado al toqueteo emparentado con su juego histórico. Ecuador supo dónde y cómo golpear al medio y la defensa albiceleste.

Martino dispuso una línea media con Biglia, Mascherano y Pastore. Es decir, con dos volantes centrales y un enganche tirado a la izquierda. Quinteros leyó bien el espacio que se abría por los laterales y por allí mandó a sus aviones amarillos, que enloquecieron a Roncaglia y Mas. Dieron varios avisos en el primer tiempo, provocaron errores infrecuentes en la dupla Garay-Otamendi y mostraron una potencia física envidiable, con Valencia y con Montero más Caicedo que enloquecieron a todos. Hacía mucho tiempo que no veíamos a un Mascherano desubicado, nervioso, dando indicaciones a todos y sin hacer pie.

La nueva lesión de Agüero terminó de complicarle el panorama a la Argentina, no por el ingreso de Tevez, sino porque el ídolo boquense se siente cómodo y produce su mayor rendimiento cuando juega como segunda punta, teniendo un referente de área, como lo hace Calleri en Boca o lo hiciera Morata o Morente en Juventus o Higuain en Brasil 2014. La confusión fue mayor y la aparición de Lavezzi tampoco aportó demasiado.

Los goles llegaron quizá algo tarde para el trámite del juego, cuando daba la sensación de que el empate era inexorable. Como vinieron por duplicado, la reacción argentina no existió. El asombro de casi todos, la sorpresa de propios y extraños nos ganó a todos, en un estadio y en un ámbito eliminatorio donde los argentinos no estamos acostumbrados a perder. Mucho menos, como locales: apenas tres caídas desde 1957, que fue el año inicial de nuestras luchas por llegar a un Mundial. Fue el 0-5 ante Colombia en River, el 1-3 de 2009 frente a Brasil en Rosario y la caída con Ecuador, mucho más potente porque deja un panorama difuso pensando en los próximos compromisos.

Si comenzamos hablando de hartazgo, se entenderá que refiere a finales perdidas, a jugadores millonarios que se sienten muchas veces incómodos y que sufren en vez de entretenerse, uno ya no pide que se diviertan, claro está. Para capear el temporal que asoma en el horizonte de Asunción, Martino no tiene demasiadas alternativas. Quizá el retorno de Pablo Zabaleta –uno de los imprescindibles a mi juicio- a lo mejor la chance de Dybala para hacer dupla con Tevez. Se verá si Pastore sigue siendo preferencia, aunque la Argentina no cambia en cuanto a no tener más mediocampistas de jerarquía por los costados. Ese ha sido un déficit gigantesco y que se sigue agrandando.

Martino no se tiene que ir, ni varios jugadores renunciar al seleccionado. Pasó la primera fecha y la Argentina bordeó el papelón, no por el resultado sino por su rendimiento. Peor la pasó Brasil ante el ascendente Chile. Ellos no tienen más que a Neymar afuera y después todo es cartón pintado. Les será mucho más difícil luchar con pocos recursos, algo que casi nunca han padecido. Por casa, en cambio, estamos a tiempo. Faltan 51 puntos para ir a Moscú y a ningún bien nacido se le puede pasar por la cabeza que nos quedaremos afuera.

 

DZ/nr

Fuente Redacción Z
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