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TEMAS DE LA SEMANA

Elecciones porteñas: El primer round de la nueva legislatura

Los principales candidatos a legisladores se reunieron para discutir los proyectos que impulsarán.

Por Romina Calderaro
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Se cumplió la ley tácita que en política establece que quienes mejor miden en las encuestas son los que más tarde llegan a un evento: Cristian Ritondo, segundo candidato a legislador del PRO y Gabriela Alegre, segunda candidata a legisladora del Frente para la Victoria, se hicieron presentes en el debate organizado por Diario Z cuando los demás postulantes ya estaban listos para intercambiar ideas. Ritondo llegó en reemplazo de Sergio Bergman, número uno en la nómina del PRO, que a último momento avisó que no estaba autorizado para asistir al debate. Alegre reemplazó a Juan Cabandié, cabeza de lista del kirchnerismo y se ausentó por un imprevisto en su agenda.

Como actividad inicial, todos los candidatos a legisladores fueron invitados a contestar por escrito una serie de preguntas acerca de sus gustos personales -el cuestionario de la A a la Z- antes de comenzar a hablar de política. Alegre confesó que le costó mucho pensar las respuestas, mucho más que hablar de los temas que preocupan a los vecinos de la Ciudad. A Ritondo no le costó contestar preguntas personales, pero le resultó difícil concentrarse en el debate y dejar de lado su celular, que sonaba constantemente.

El debate que se refleja en esta edición salió muy bien: siempre es interesante escuchar de boca de los candidatos propuestas destinadas a resolver los problemas de la ciudad de Buenos Aires. Pero resulta oportuno destacar un dato que no habla sólo de los políticos de nuestro país, sino de un rasgo cultural negativo de los argentinos: nos cuesta escucharnos. Me tocó moderar el debate y, nobleza obliga, la tarea fue más difícil de lo que estimaba. Pasaron, con frecuencia, cosas como la siguiente: el candidato A acusó al candidato B de que lo estaba interrumpiendo y luego, cuando a B le tocó el uso de la palabra fue interrumpido justamente por el candidato A, quien se había quejado en primera instancia de las interrupciones. En otras palabras, hacemos con demasiada frecuencia lo que no nos gusta que nos hagan.

Muchos de los postulantes eligieron el mate a cualquier otra infusión, confesaron que en algunos temas puntuales coincidían con sus adversarios y se rieron frente a la pregunta final: si su partido no existiera como tal y usted no fuera candidato, ¿a qué otra fuerza votaría? Algunos de los candidatos se jugaron. Pero la pregunta sirvió sobre todo para que los hombres y mujeres que compiten de cara a las elecciones del 10 de julio se relajaran un poco hacia el final del debate, una práctica saludable para cualquier sistema democrático.

DZ/km

Fuente Redacción Z
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