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TEMAS DE LA SEMANA

Elecciones: No es él, es ella

Por Reynaldo Sietecase.

Por Reynaldo Sietecase
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No va a poder.» Hace exactamente un año, después de la muerte de Néstor Kirchner, ésa fue la frase más utilizada para referirse a la Presidenta de la Nación. Cristina Fernández no va a poder con el Partido Justicialista, no va a poder con los gobernadores, no va a poder con los grandes grupos empresarios, no va poder con Hugo Moyano y los sindicatos, no va poder con los intendentes del conurbano, etcétera. No sólo le auguraban penurias desde la prensa y la oposición, por lo bajo, algunos referentes de la tropa propia deslizaban sus dudas. Más allá del dolor y la tristeza por la pérdida de su marido, la Presidenta actuó en consonancia con su historia de militancia y su experiencia. En un año electoral, consolidó su poder de manera osada: intervino en la confección de todas las listas de candidatos, definiendo la estrategia en cada distrito. Colocó en las listas a jóvenes, leales y kirchneristas puros en desmedro del peronismo tradicional y los caudillos locales. También profundizó las políticas públicas de su gobierno. Mejoró la relación con los empresarios; le marcó la cancha a la CGT y dio por clausurado el conflicto con el campo con su visita a Coninagro. Esos movimientos le bastaron para sobrellevar las andanadas de fuego amigo: desde la estéril polémica por la visita de Vargas Llosa hasta las mentiras del Indec; desde las denuncias de Sergio Schoklender a las bravatas de Guillermo Moreno. El triunfo le pertenece por completo.

La propia Presidenta le asignó a su marido un rol decisivo en los resultados del domingo. A su impronta y voluntad. Con algo de malicia, no faltan los que señalan que su muerte la benefició políticamente. Eso es sólo una parte de la realidad. La recuperación del Gobierno en la consideración popular, después de la debacle legislativa de 2009, tiene la impronta del ex presidente, pero lo que vino después lleva el sello de Cristina Kirchner. La creación del Ministerio de Seguridad y la decisión de otorgarle la responsabilidad de conducirlo a Nilda Garré; la ampliación de la Asignación Universal por Hijo para las embarazadas; la campaña de vacunación contra el HPV; la apertura de Tecnópolis; las inauguraciones de Atucha II y Yacyretá; los avances en la integración continental o la prohibición de oferta sexual en los diarios son algunos ejemplos. El resto lo hizo la percepción positiva sobre la economía y, por la negativa, las peleas en la oposición y la falta de alternativas de poder.

Después de las derrotas en la Capital Federal, en primera y en segunda vuelta, la paliza recibida en Santa Fe y la imposibilidad de hacer pie en Córdoba, propios y extraños imaginaban un escenario imprevisible para el gobierno nacional en las Primarias. Sin embargo, la ventaja fue categórica. La idea de un ballottage se volatilizó y la discusión pasó a los porcentajes. La incógnita ya no fue quién ganaría sino por cuánto. No se trataba de acumulación gratuita. Un margen holgado le permite a la Presidenta no sólo alcanzar quórum propio en el Congreso sino también constituirse en la referencia fundamental del movimiento que lidera y postergar por dos años, al menos, la discusión sobre la sucesión. Además, Cristina Kirchner se impuso en las provincias sin necesidad del «aparato» local. Los gobernadores que se sueñan en la Casa Rosada deberán encuadrarse a su liderazgo. Por otro lado, no es lo mismo negociar con empresarios y sindicalistas en debilidad que con semejante respaldo popular.

En la hora de la celebración descartó cualquier idea de perpetuarse en el poder. «No quiero más nada, ¿qué más puedo querer?», señaló. La Presidenta sabe que nadie puede considerarse el dueño permanente de la adhesión popular. En 2007 la apoyaron masivamente y, dos años después, la castigaron. En 2011 el fervor ciudadano volvió a arroparla como a ningún dirigente desde el retorno a la democracia. Esta vez ganó en el campo y en la ciudad.

El fenomenal apoyo recibido en las urnas implica una gran responsabilidad. No debería, por ejemplo, clausurar el diálogo ni la búsqueda de consensos. En democracia la mayoría otorga más obligaciones que derechos. Quizá con ese espíritu la Presidenta llamó «a la unidad nacional». Habrá que ver cómo se traducen sus palabras en gestos concretos.

Los temas pendientes no son pocos. La crisis global, la inflación local, los subsidios, la fuga de divisas, la devaluación en Brasil, el déficit habitacional, una posible reforma bancaria, tal vez la postergada reforma fiscal, achicar la desigualdad social, castigar la corrupción, combatir con más eficacia la inseguridad y muchos más. Para enfrentarlos, poder no le va a faltar.
Volver a empezar

El Frente Amplio Progresista es una novedad que debe demostrar si llegó a la política nacional como una entente testimonial o para constituirse como alternativa de poder. Por lo pronto, tiene tres desafíos inmediatos: consolidar programa común, bancadas legislativas y discurso. Hacer una convocatoria amplia y generosa a otras fuerzas progresistas (aunque esa palabra casi no dice nada). Formaciones marxistas, organizaciones sociales y ecologistas integran tanto el PT brasileño como el Frente Amplio uruguayo. Y por último, lograr ubicarse a la izquierda del kirchnerismo. Allí donde el gobierno dice que sólo está la pared.

Al gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, no le agradan las definiciones ideológicas tajantes. Sin embargo, Elisa Carrió es un buen espejo donde mirarse. La fundadora del ARI cosechó el 23 por ciento de los votos en 2007 y cuatro años después sólo el 1,8. La extraordinaria dilapidación de capital político no sólo tiene que ver con un discurso rabioso. Para diferenciarse del Gobierno de cualquier manera, la abogada chaqueña convirtió a una novedosa agrupación de centroizquierda en una fuerza que defendió las posturas más reaccionarias.

Ricardo Alfonsín, en tanto, comenzó a cruzar el desierto. En el radicalismo ya salieron a cobrarle el mal paso. Como si fuese el único responsable de la pirueta que lo depositó en brazos del millonario Francisco de Narváez. Ha quedado demostrado que el partido de Alem se dobla más veces de las que se quiebra.
Mauricio Macri tuvo su mínimo festejo al lograr el PRO la primera victoria fuera de la Capital Federal. Su primo Jorge le arrebató el municipio de Vicente López al Japonés García. Una intendencia de las 135 que tiene la provincia. Algunos medios lo destacaron como una hazaña. El jefe de Gobierno lo ve como la posibilidad concreta de establecer una cabecera de playa hacia 2015. Macri espera quedarse con el peronismo residual, después de la catástrofe electoral de Eduardo Duhalde y, con esa tropa en retirada, disputar alguna vez la presidencia. Soñar no cuesta nada.

 

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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