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TEMAS DE LA SEMANA

Elecciones 2015: La guerra de los pajaritos

Las inundaciones no sólo abrieron las compuertas al agua. Un ejército de tuiteros difundió imágenes truchas del matrimonio Scioli en Cerdeña, y se acabaron los buenos modales. La esperanza tanto de Macri como de Massa es entrar en el balotaje. La de Scioli, ganar en primera vuelta.

Por Daniel Capalbo
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De pronto se coló la campaña sucia y dos adversarios, que eran amigos y reacios a personalizar su enfrentamiento, comenzaron a tirarse con todo. Daniel Scioli, el ganador de las PASO, acusó a Mauricio Macri –14 puntos abajo en el primer test electoral– de oportunista por salir a ofrecer ayuda a los intendentes inundados en territorio bonaerense –tratando de sacar rápida ventaja– cuando el gobernador aún estaba volando hacia Italia.

El gobernador, por su parte, buscó defenderse en medio de la crítica generalizada por su escapada a Cerdeña –cuyas costas nunca llegó a ver– y hasta admitió que no fue una buena idea ese viaje en medio de la devastación del río Luján.

Hasta ahí la pelea fue de baja intensidad. Pero la cosa se complicó cuando el ejército de tuiteros del PRO, que los tiene y con los dientes bien afilados, falsificaron, directamente, una foto de Daniel Scioli junto a su esposa disfrutando del sol mediterráneo. Esa foto se viralizó en las redes, igual que un video de Scioli enfrentando a los inundados que despotricaban contra él. Pues el video también era trucho si se quiere, porque lo único que mostraba era al gobernador haciéndose cargo del desastre en la inundación de La Plata en 2013.

Francamente molesto –a pesar de su típica compostura zen–, Scioli volvió a hablar de campaña sucia, y Macri, en otra pirueta discursiva, le pidió que no se haga la víctima, para lo cual impostó un tono invernal que no es el suyo, claro. Todo mal.

La tensión dentro el PRO es inocultable. Porque por un lado está la necesidad de seguir polarizando el escenario electoral. Y por otro, se vive como una presión insoportable el lobby del “círculo rojo” (es decir, el sector financiero, el campo y los medios del Grupo Clarín) para que arribe a algún tipo de acuerdo con el Frente Renovador de Sergio Massa, en una entente que permita cortar con el ciclo kirchnerista.

Aunque no lo admiten, Macri y Massa mantuvieron ya tres charlas sin resultados a la vista.

Públicamente, tanto Macri como el renovador del Tigre sostienen que irán a las elecciones generales de octubre sin modificar nada. No pueden modificar eventualmente las formulas. Ni legal ni institucionalmente. Tampoco están dispuestos a bajar candidaturas, que es la salida que propone la crítica literaria Beatriz Sarlo. Ese atajo imagina un negocio que sería más o menos así: que Massa baje su candidatura para octubre para que Macri corra solo; y que María Eugenia Vidal, ganadora y sorpresa de las PASO bonaerenses, resigne su lugar para que se consagre ganador Felipe Solá.
Esa voz no es una voz solitaria. Son muchos lo que deliran con esa fórmula. Pero no son Macri ni Massa, y mucho menos Solá, quien acaba de denunciar que le “afanaron” 193 mil votos, aunque no señaló quien. ¿Fueron los sospechosos de siempre en el conurbano o los pícaros del PRO?
Sea como fuere, cualquier alquimia electoral será después del 25 de octubre, si es que Scioli no gana en primera vuelta, desde luego. Hay que convenir que el gobernador es el mejor posicionado, ya que está a sólo un punto y medio de obtener el 40 por ciento de los votos. Macri y su coalición panradical sumaron 30 puntos porcentuales, mientras que la unión de Massa con José Manuel de la Sota (cuyos seis puntitos valen oro hoy) sumaron el 20 por ciento de los votos.

La esperanza tanto de Macri como de Massa es entrar en el balotaje. Y toda la aritmética baila al compás de ese objetivo. En ese contexto, De la Sota se convirtió en la figura más codiciada. Scioli lo llamó y le habló de un “gran acuerdo peronista”. Macri, o su gente, hicieron lo mismo. Pero le recordaron que, según propias encuestas cualitativas y focus group (a los que es tan afecto el gurú macrista Jaime Durán Barba), el votante cordobés peronista se inclinaría por el candidato de la “política nueva”. O sea, por Macri. La misma tesis dentro del radicalismo fue expuesta en Mendoza por Ernesto Sanz y en Córdoba por el operador Fredi Storani.

Todo parece indicar que el nudo de la cuestión son los 20 puntos que sumaron Massa con De la Sota.

Los primeros muestreos después de las primarias dicen que Massa está reteniendo –es la foto de hoy–  el 75 por ciento de los votos obtenidos. Según encuestas de Zuleta Puceiro, Julio Aurelio y Ricardo Rouvier, que ubican ahora a Massa con 17 puntos, a Scioli pisando los 40 y a Macri alcanzando los 33 puntos. Obviamente, en ese escenario, habría balotaje. Y para lo cual es vital –al menos lo ve así el macrismo– que Massa, justamente, no baje su candidatura y que obtenga más votos aún. Si la resignara, la polarización se agudizaría y con unos pocos puntitos, Scioli se consagraría presidente en octubre.

Para el PRO es vital cada punto que pueda obtener. Por eso es clave la elección del domingo en la provincia de Tucumán. Allí se enfrenta el delfín del “zar” José Alperovich y ex ministro de Salud de Cristina, Jorge Manzur, con el radical José Cano, apoyado por el antikirchnerismo. Habrá que ver.

Un día después de las primarias, Macri reunió a su comando electoral para pasarle factura por la escasa performance del PRO en el Norte. Allí Macri perdió más de un millón de votos –en función de las propias expectativas– pero Massa contuvo al voto peronista. Macri necesita que Massa siga ganando allí para mitigar el embate de Scioli.

En este punto es donde aparece la pregunta del millón. ¿Si es cierto que casi un sesenta por ciento de la sociedad está por el cambio, cómo se comportará el voto peronista que, sumadas sus distintas vertientes, suma un porcentaje similar o equivalente?

¿Y si en el balotaje ese voto consagra a Scioli?

DZ/sc

 

Fuente Redacción Z
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