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TEMAS DE LA SEMANA

Elecciones 2015: Espacios ganados, espacios vacíos

Los encuestadores coinciden en que los números positivos de la imagen presidencial siguen siendo inéditamente fuertes. En tanto se desdibuja la imagen de Sergio Massa, es el partido de Mauricio Macri el que parece afianzarse al punto de ningunear a sus aliados de la UCR.

Por Eduardo Blaustein
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  Dos fenómenos estructurales atra­viesan la realidad política argen­tina. Uno es universal, el que in­dica que en política los vacíos tienden a ser ocupados. De esta regla univer­sal el macrismo, más por pobreza y apoca­miento de los otros espacios opositores que por virtudes, audacias o imaginaciones pro­pias, viene sacando buen provecho. Diciendo poco, proponiendo casi nada, saludando un día las banderas del peronismo, amenazando a veces con echar por tierra medidas o avan­ces del ciclo kirchnerista. Otros días diciendo lo contrario. El kirchnerismo, en cambio, per­dura por virtudes propias. Duro y dando pe­lea tras once años agotadores que sin em­bargo no le impiden seguir siendo la fuerza política con mayor proyección de votos para la primera vuelta, según la mayor parte de los consultores. Algo habrán hecho.

El segundo fenómeno estructural es el rol de los medios de comunicación conservado­res como principal ariete político a la hora de horadar la imagen del gobierno y construir la agenda discursiva de la oposición. Los últimos dos episodios fuertes: la utilización del caso Nisman –con un #18F que se fue convirtien­do en casi nada– y una denuncia inconsisten­te contra Máximo Kirchner. No cabe duda de que la tarea de esmerilamiento de los medios hizo mucho daño al kirchnerismo. Lo que no niega los goles en contra del gobierno, las de­ficiencias de algunas de sus políticas, los ba­lazos en los pies que a menudo practican sus funcionarios. Pero el kirchnerismo persiste. Y sólo ahora puede comenzar a responder­se una pregunta vieja: amén de los nombres propios, pase lo que pase en las elecciones de este año, el kirchnerismo permanecerá. Esto no termina de diluir el célebre asunto de la or­fandad sucesoria –ni Daniel Scioli ni Florencio Randazzo reflejan al kirchnerismo puro aun­que últimamente se les dé por forzar el discur­so para “parecerse a”– pero le quita drama­ticidad a la ausencia futura de Cristina como Presidenta. A propósito: si Cristina, como se viene diciendo, se presentara como candida­ta bonaerense, habrá más razones para creer en la permanencia del kirchnerismo, además de muchos más votos en el distrito en el que decide el 38 por ciento de la población.

Tsunamis vs. normalidades

Contra el último paro por el Impuesto a las Ganancias (con un oficialismo que se empaca reiterando que todo está bien con los ingresos de los trabajadores y que sólo una minoría de privilegiados padece ese impuesto), se pueden oponer las normali­dades y datos socioeconómicos que hablan de un mejor cuadro de situación que el de hace seis meses. Tras el verano, dos fines de semana largos al hilo con millones de turistas pasándola bomba, dos movilizacio­nes masivas (la del 1 de marzo y la del 24), el dólar blue achicadito y convertido en la peor de las inversiones posibles. Y siempre, siempre, nuevas iniciativas oficiales: desde planes de reactivación del consumo hasta políticas de inclusión mejor afinadas.

No hay casualidades. Los encuestadores reiteran que los números positivos de la ima­gen presidencial siguen siendo fuertes (¿habrá que recordar que para un país tan espasmó­dico como el nuestro eso es casi milagroso?). Algunos comienzan a decir que esa imagen derrama en los precandidatos, Scioli y Randa­zzo incluidos, con el segundo arrimándose al primero. La mayoría de los encuestadores, in­cluyendo a una conocida consultora que cola­bora con el diario La Nación, dan por ganador a Scioli en primera vuelta, con posibilidades de ganar la segunda. Esa misma consultora añade un dato fundamental: sólo un 30 por ciento de los votantes demanda un candidato “que cambie la mayoría de las cosas”.

¿Tajaí, Sergio?

Sergio Massa viene retrocediendo, le cuesta incluso domesticar a sus intendentes peronistas. En la provincia de Buenos Aires, su base fuerte de arranque, no le está yendo como le fue. El PRO sigue teniendo los pro­blemas de siempre en ese distrito. En cam­bio, las encuestas porteñas le auguran un triunfo por afano en Capital. No es fácil sa­ber si se trata de una empatía cultural/ideo­lógica de los votantes –muchos de ellos an­tikirchneristas rabiosos, aunque hubo votos cruzados en elecciones pasadas– o si son tantos los porteños que se sienten satisfe­chísimos con la gestión PRO. Evidentemen­te hay de las dos cosas.

Como sea, Macri se ve lo suficientemen­te fuerte como para haber desdeñado la deci­sión del radicalismo de aliarse a sus fuerzas. El triste papel del radicalismo no se verifica sólo en haber decidido aliarse al PRO para impe­riosamente conservar representaciones parla­mentarias y retomar el poder en alguna pro­vincia. Se verifica también en el hecho de que la decisión hizo ruido en los medios y la políti­ca pero muy poco en el abajo social y las en­cuestas. De modo que el jefe de Gobierno se­guramente no se equivocó cuando ninguneó al partido de los boinas blancas. Lo brumo­so del asunto fue bien resumido en la frase de Margarita Stolbizer: “Fue el intento de go­bierno de coalición más corto de la historia. Se aprobó un sábado y terminó un lunes”.

Stolbizer tuvo el coraje de no prender­se en esa apuesta. Pino Solanas anda perdi­do vaya a saber dónde. Hermes Binner hizo la de su comprovinciano Carlos Reutemann en sus años de automovilista: abandonó. Fenómenos estructurales, espacios vacíos: algo relacionado con la noción de centroiz­quierda debe haber generado el kirchneris­mo para que otra centroizquierda supera­dora aún no sea posible.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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