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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Elecciones 2015: Corriéndose al centro, por favor

#NiUnaMenos, una convocatoria con algunas adhesiones poco verosímiles. La correción política le gana a las definiciones. La brújula de Massa y la comunicación cariñosa del PRO. ¿Scioli ganador en primera vuelta? El peronismo siempre garantiza capítulos apasionados.

Por Eduardo Blaustein
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Dato más que interesante: estas líneas se escriben el día antes de la convocatoria a la movilización en el Congreso, con la consigna “Ni una menos”. ¿Qué relación hay entre esa marcha y una columna política? La hay. Porque toda movilización y demanda social es política, porque es política la discusión sobre la violencia de género o contra la mujer y los mil modos de la discriminación. Porque es político exigirles a los poderes del Estado –incluyendo fuertemente al conservadurismo del Judicial– mejores políticas y mejores respuestas ante una problemática que en los últimos tiempos –se discutan o no estadísticas, matices y razones– produce una importante angustia social.

Pero hay otra relación “política” aún más específica entre la convocatoria y el escenario electoral. La iniciativa salió de espacios en teoría reducidos en los que no faltan mujeres simpatizantes críticas o no del kirchnerismo, periféricas, progresistas, de izquierda. La Cámpora anunció que llevará a la plaza del Congreso todo lo que tiene, que no es poco. Pero se fueron sumando por oportunismo o no funcionarios, y figuras políticas y mediáticas cuestionadas. Mucho ruido en las redes sociales. Primero por los funcionarios que se sumaron tomándose la selfie con el cartelito. Más ruido aun cuando se sumaron Marcelo Tinelli, Cecilia Pando, Mauricio Macri, la Iglesia misma. A esta hora La Nación difunde los puntos de encuentro como si convocara a un cacerolazo o al 18F. ¿”Manchan” a la convocatoria esas adhesiones poco verosímiles y un tanto desagradables? Al que escribe (rezos para que la marcha termine en paz) le parece que no, que complejizan, que hacen ruido, que incluso molestan, pero que en todo caso hablan de una necesidad de sumarse como sea para capitalizar y otros para torcer el sentido de la iniciativa. El caso de los políticos “imprevistos” que se sumaron (los del PRO son los responsables de quitar fondos o torpedear programas específicos contra la violencia de género; al oficialismo mismo se le debe exigir más, junto con la apertura de la agenda legislativa a temas como el de la ampliación de la despenalización del aborto) es el que más interesa de cara a estas líneas. Todos necesitan mostrarse buenos, necesitan mostrarse aggiornados, sensibles, “progresistas”.

¿Definiciones? Pocas

Este movimiento de figuras o sectores conservadores en el que (a falta de agenda propia, propuestas claras y sinceramientos) se maniobra según los cánones del oportunismo o la corrección política, se superpone con un fenómeno estructural: hay una operación general en las campañas de correrse al presunto centro político, el no hagan olas. Perritos y Antonias sí, definiciones no. La excepción es Florencio Randazzo, excesivamente ocupado en mostrarse como el kirchnerista puro y valiéndose para eso de la confrontación con Daniel Scioli, un tipo de discurso que quizá le reste llegada al electorado menos politizado.

Sergio Massa había elegido en su comienzos de gloria el camino delicado de los equilibrios, de rescate de las cosas bien hechas en el ciclo kirchnerista. Perdió la brújula varias veces; sucede cuando se apuesta y delega en el marketing. Volvió a intentar, tarde, ubicarse entre kirchnerismo y “ajuste macrista”.

Mauricio Macri –se le crea o no; y el que escribe le cree poco– ya no es aquel de la reprivatización de Aerolíneas o los trenes o el Fútbol para Todos y tiremos a la Presidenta por la ventana. Nadie hoy tiraría al aire tampoco la célebre primera respuesta de Ernesto Sanz cuando se lanzó la AUH que, según él, se perdería como un efluente cloacal “en la canaleta del juego y la droga”. Al mismo tiempo los astutos éxitos de la comunicación amable de Durán Barba hoy suenan a peligrosamente poco: no parece que siga siendo útil para el crecimiento de la intención de voto al PRO la comunicación cariñosa: que si tengo un perrito nuevo que se llama Balcarce, que si Juliana Awada me acompaña en las giras en el conurbano, que si estoy yendo al cumple sorpresa de Gaby Michetti. Se sabe: buena parte de los votantes, en presidenciales, buscan hacedores y como mínimo conservar el piso de lo obtenido.

Sordos ruidos del futuro

No hay encuesta que no exprese el fortalecimiento de la imagen presidencial (y su derrame en los precandidatos de todo el país). Tampoco hay alguna que niegue que hoy Daniel Scioli lleva la delantera. Federico Aurelio, de la consultora Aresco, una de las más creíbles, sostiene que el FPV ya roza el 40% y la posibilidad de ganar en primera vuelta. Era esa la gran pesadilla del establishment desde hace algunos meses, la que no pudieron esquivar.

Podemos entretenernos un rato largo con las fugas de intendentes del massismo hacia el FPV o el PRO (más lo primero que lo segundo) o convenir con lo que afirma la mayor parte de los consultores: que la mayor parte de los votos seudomassitas irán a parar al FPV. ¿Es demasiado temprano para ocuparse en pensar qué presidente será Scioli?

Un libro reciente sobre el ex motonauta refuerza la impresión según la cual detrás del enigmático vacío de DOS hay… vacío, o calma, o un tipo de moderación política sincera, pero difícilmente “los pibes para la liberación”. Se lo empieza a augurar como presidente “transicional”. Se preocupan los kirchneristas de paladar negro que quieren más intensidades y “la profundización del modelo”. La Cámpora, pragmatismo de por medio, parece cerrar acuerdos y evitar esa discusión. Scioli mismo, a la vez, tampoco es el de cuatro meses atrás. También él sobreactúa kirchnerismo. Y si alguno de sus economistas de cabecera dice algo inconveniente, Scioli hace un giro discursivo como queriendo mostrar fortaleza y liderazgo: “El que conduzca seré yo”. Es Néstor diciendo en la campaña 2003: “Yo voy a ser el ministro de Economía”.

¿Conducirá Scioli presidente? Diana Conti, a quien con tanta frecuencia se le piantan frases inoportunas, no pudo con su genio y ya mandó un “Conducirá Cristina” (el gobernador salteño, tras su triunfo, dijo todo lo contrario). Ya se escribió esto en alguna columna anterior. El kirchnerismo tirando a puro seguirá fuerte si Scioli es presidente. Lo mismo su tropa parlamentaria. Lo mismo Cristina. Los gobernadores e intendentes del PJ también medirán fuerzas y no son pocas. ¿Gabinete de ministros mixto? ¿Equilibrios perfectos? ¿No habrá mucho ruido?

El peronismo, como siempre, vuelve a prometer nuevos y fascinantes capítulos.

DZ/sc

Dato más que interesante: estas líneas se escriben el día antes de la convocatoria a la movilización en el Congreso, con la consigna “Ni una menos”. ¿Qué relación hay entre esa marcha y una columna política? La hay. Porque toda movilización y demanda social es política, porque es política la discusión sobre la violencia de género o contra la mujer y los mil modos de la discriminación. Porque es político exigirles a los poderes del Estado –incluyendo fuertemente al conservadurismo del Judicial– mejores políticas y mejores respuestas ante una problemática que en los últimos tiempos –se discutan o no estadísticas, matices y razones– produce una importante angustia social.Pero hay otra relación “política” aún más específica entre la convocatoria y el escenario electoral. La iniciativa salió de espacios en teoría reducidos en los que no faltan mujeres simpatizantes críticas o no del kirchnerismo, periféricas, progresistas, de izquierda. La Cámpora anunció que llevará a la plaza del Congreso todo lo que tiene, que no es poco. Pero se fueron sumando por oportunismo o no funcionarios, y figuras políticas y mediáticas cuestionadas. Mucho ruido en las redes sociales. Primero por los funcionarios que se sumaron tomándose la selfie con el cartelito. Más ruido aun cuando se sumaron Marcelo Tinelli, Cecilia Pando, Mauricio Macri, la Iglesia misma. A esta hora La Nación difunde los puntos de encuentro como si convocara a un cacerolazo o al 18F. ¿”Manchan” a la convocatoria esas adhesiones poco verosímiles y un tanto desagradables? Al que escribe (rezos para que la marcha termine en paz) le parece que no, que complejizan, que hacen ruido, que incluso molestan, pero que en todo caso hablan de una necesidad de sumarse como sea para capitalizar y otros para torcer el sentido de la iniciativa. El caso de los políticos “imprevistos” que se sumaron (los del PRO son los responsables de quitar fondos o torpedear programas específicos contra la violencia de género; al oficialismo mismo se le debe exigir más, junto con la apertura de la agenda legislativa a temas como el de la ampliación de la despenalización del aborto) es el que más interesa de cara a estas líneas. Todos necesitan mostrarse buenos, necesitan mostrarse aggiornados, sensibles, “progresistas”.¿definiciones? pocasEste movimiento de figuras o sectores conservadores en el que (a falta de agenda propia, propuestas claras y sinceramientos) se maniobra según los cánones del oportunismo o la corrección política, se superpone con un fenómeno estructural: hay una operación general en las campañas de correrse al presunto centro político, el no hagan olas. Perritos y Antonias sí, definiciones no. La excepción es Florencio Randazzo, excesivamente ocupado en mostrarse como el kirchnerista puro y valiéndose para eso de la confrontación con Daniel Scioli, un tipo de discurso que quizá le reste llegada al electorado menos politizado. Sergio Massa había elegido en su comienzos de gloria el camino delicado de los equilibrios, de rescate de las cosas bien hechas en el ciclo kirchnerista. Perdió la brújula varias veces; sucede cuando se apuesta y delega en el marketing. Volvió a intentar, tarde, ubicarse entre kirchnerismo y “ajuste macrista”.Mauricio Macri –se le crea o no; y el que escribe le cree poco– ya no es aquel de la reprivatización de Aerolíneas o los trenes o el Fútbol para Todos y tiremos a la Presidenta por la ventana. Nadie hoy tiraría al aire tampoco la célebre primera respuesta de Ernesto Sanz cuando se lanzó la AUH que, según él, se perdería como un efluente cloacal “en la canaleta del juego y la droga”. Al mismo tiempo los astutos éxitos de la comunicación amable de Durán Barba hoy suenan a peligrosamente poco: no parece que siga siendo útil para el crecimiento de la intención de voto al PRO la comunicación cariñosa: que si tengo un perrito nuevo que se llama Balcarce, que si Juliana Awada me acompaña en las giras en el conurbano, que si estoy yendo al cumple sorpresa de Gaby Michetti. Se sabe: buena parte de los votantes, en presidenciales, buscan hacedores y como mínimo conservar el piso de lo obtenido.Sordos ruidos del futuroNo hay encuesta que no exprese el fortalecimiento de la imagen presidencial (y su derrame en los precandidatos de todo el país). Tampoco hay alguna que niegue que hoy Daniel Scioli lleva la delantera. Federico Aurelio, de la consultora Aresco, una de las más creíbles, sostiene que el FPV ya roza el 40% y la posibilidad de ganar en primera vuelta. Era esa la gran pesadilla del establishment desde hace algunos meses, la que no pudieron esquivar.Podemos entretenernos un rato largo con las fugas de intendentes del massismo hacia el FPV o el PRO (más lo primero que lo segundo) o convenir con lo que afirma la mayor parte de los consultores: que la mayor parte de los votos seudomassitas irán a parar al FPV. ¿Es demasiado temprano para ocuparse en pensar qué presidente será Scioli? Un libro reciente sobre el ex motonauta refuerza la impresión según la cual detrás del enigmático vacío de DOS hay… vacío, o calma, o un tipo de moderación política sincera, pero difícilmente “los pibes para la liberación”. Se lo empieza a augurar como presidente “transicional”. Se preocupan los kirchneristas de paladar negro que quieren más intensidades y “la profundización del modelo”. La Cámpora, pragmatismo de por medio, parece cerrar acuerdos y evitar esa discusión. Scioli mismo, a la vez, tampoco es el de cuatro meses atrás. También él sobreactúa kirchnerismo. Y si alguno de sus economistas de cabecera dice algo inconveniente, Scioli hace un giro discursivo como queriendo mostrar fortaleza y liderazgo: “El que conduzca seré yo”. Es Néstor diciendo en la campaña 2003: “Yo voy a ser el ministro de Economía”.¿Conducirá Scioli presidente? Diana Conti, a quien con tanta frecuencia se le piantan frases inoportunas, no pudo con su genio y ya mandó un “Conducirá Cristina” (el gobernador salteño, tras su triunfo, dijo todo lo contrario). Ya se escribió esto en alguna columna anterior. El kirchnerismo tirando a puro seguirá fuerte si Scioli es presidente. Lo mismo su tropa parlamentaria. Lo mismo Cristina. Los gobernadores e intendentes del PJ también medirán fuerzas y no son pocas. ¿Gabinete de ministros mixto? ¿Equilibrios perfectos? ¿No habrá mucho ruido?El peronismo, como siempre, vuelve a prometer nuevos y fascinantes capítulos.

Fuente Redacción Z
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