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Elecciones 2015: Buenos Aires, consuelo amarillo

Es interesante imaginar el rol que pueda jugar en el futuro Mauricio Macri sin un cargo público o candidatura cercana y compararlo con lo que pueda suceder con la Presidenta. El fin de ciclo presidencial, contra muchos augurios, no resultó en el fin de ciclo del kirchnerismo.

Por Eduardo Blaustein
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En un escenario en el que se percibe cierto agotamiento del sistema opositor político y mediático y hasta algún asomo de resignada tristeza, las elecciones en la ciudad de Buenos Aires aparecen como el premio consuelo que podrá llevarse el PRO, una alegría que paradójicamente podría dejar a Mauricio Macri, aun triunfante, en una rara suerte de no lugar o al menos, por un tiempo, en un lugar incierto. Es interesante imaginar el rol que pueda jugar en el futuro Macri sin un cargo público o candidatura cercana y compararlo con lo que pueda suceder con la Presidenta.

Ya es indiscutible que Cristina Fernández, que contra los augurios de muchos no se anotó siquiera en las listas del Parlasur (se supone que haría al menos eso para defenderse de eventuales causas judiciales en su contra), pudo diseñar un armado de listas legislativas para que el kirchnerismo puro pueda conservar poder político y legislativo. Más directamente, todo indica que dejará el gobierno con una buena imagen positiva, con una militancia fuerte cuya presencia no incide electoralmente, pero que no deja de representar un capital político.

La fórmula Scioli-Zannini, “elegida por default” según la expresión compartible empleada por el consultor Raúl Aragón, es lo mejor que pudo hacer la Presidenta y “conductora” en lo que finalmente se podría entender, sí, como fin de ciclo, pero un fin de ciclo distinto al imaginado por muchos, no el fin del kirchnerismo. Qué representará en cambio de aquí a dos años la figura de Macri y el espacio del PRO si triunfa en las presidenciales la fórmula del FpV es en cambio una pregunta más ardua de responder.

Con sustito
Sin proyectar votos, la mayoría de los encuestadores dan entre 42 y 43 puntos al PRO en las elecciones que se celebrarán en la ciudad de Buenos Aires, más de 24 a Martín Lousteau y a Mariano Recalde arañando el 20% de los votos. Las proyecciones de esas mismas consultoras prevén un triunfo en segunda vuelta de Horacio Rodríguez Larreta. En el PRO se apostaba a garantizar una diferencia de 20% contra Lousteau. No está claro que eso vaya a suceder pero aún así la suma de votos que recelan del macrismo no alcanzaría para impedir la victoria del ex funcionario del PAMI en tiempos de la Alianza. Otras encuestadoras, menos creíbles, le dan menos puntos a Rodríguez Larreta. Si en el PRO hay algún nivel de preocupación, estudios como los de Poliarquía sirven para calmar los nervios: afirman que el PRO disfruta de un muy alto nivel de aprobación entre los porteños. Quienes creen que esa administración fue por lo menos mediocre –incluyendo a quien escribe– deben afinar los modos de entender el comportamiento electoral porteño con algo más que chicanas o enojos contra los votantes.

Un buen ejercicio para discutir, desde la oposición al macrismo, porque “pese a lo horrible de su gestión” el PRO pinta como ganador es atender al debate de candidatos desarrollado en la señal Todo Noticias, un debate que fue interesante, de aceptable nivel. Desde la subjetividad de cualquier crítico a la gestión macrista en la ciudad y al discurso del PRO en general –de nuevo, incluyendo a quien escribe– el derrotado presunto en ese debate fue Horacio Rodríguez Larreta y el ganador Martín Lousteau. Mariano Recalde –el menos experimentado en esas lides– hizo lo que pudo que no fue poco pero tampoco fue suficiente. Volvió a cometer un error habitual del kirchnerismo cuando interpela al electorado porteño: aludir al modelo kirchnerista como quien propone proyectarlo a Capital, habló demasiado de Aerolíneas siendo que era la ciudad lo que se discutía, “estudió” menos que Lousteau (tiene una responsabilidad pública cotidiana de la que hacerse cargo, lo que suele conspirar en tiempos de campaña) a la hora de discutir con ejemplos y datos duros. Al discutir sobre seguridad y Policía Metropolitana no hizo menciones ni al Fino Palacios ni a la cantidad abultada de policías cuestionados que se integraron a la fuerza porteña. No pudo instalar en la discusión los aspectos más flacos de la gestión PRO: vivienda y déficit habitacional, achicamiento de partidas para políticas sociales, subejecuciones presupuestarias, ancho etcétera.

Luis Alberto Quevedo, sociólogo y consultor, dijo bien que Horacio Rodríguez Larreta ganaba si no perdía y en su visión Larreta no perdió. Ese no perdió debe aplicarse no a los que puedan detestarlo sino a lo que hayan percibido sus votantes o los votantes dudosos, desde subjetividades que no tienen que ver con el discurso antineoliberal, el de la Patria Grande o el oponer falsamente –como nuevamente hizo Recalde– el imaginario de una “ciudad linda” al de “una ciudad justa”.

“Un país normal”
“Un país normal” era uno de los ejes discursivos que el primer Néstor Kirchner manejaba cuando comenzaba a gobernar el país. El país que deja Cristina –cómodo para sus habitantes e incómodo para los dirigentes, dijo más de una vez– será efectivamente un país mejor que el de 2003 y un país normal. El FPV acaba de incorporar a las provincias que administra a la más joven: Tierra del Fuego, incluyendo las tres intendencias principales del ex territorio nacional. Entre los delirios escritos en la prensa opositora destacaba la idea de que el kirchnerismo, como disparándose un balazo en la sien, pretendía dejar un país arruinado o ingobernable al próximo gobierno. Tampoco sucedió eso. Parafraseando la famosa frase de Misión imposible, “este gobierno no se autodestruyó en cinco segundos” (y luego el humito).

Contra los remotos augurios de un vaciamiento de las reservas del Central, éstas finalizan con un acumulado de 34 mil millones de dólares, cinco mil millones más que hace un año. La disputa contra los fondos buitre se sigue dando, con escenario abierto. Está controlado el dólar, bajó la inflación, el viejo CEDIN creado en los días fogosos de Guillermo Moreno hoy es una vedette en el mercado, funcionaron bien las emisiones de deuda, la cosecha que viene es más prometedora que la anterior, el tercer trimestre del año, cuando se disputen las elecciones, será el mejor. Hasta los consultores de la City admiten esas variables y el peso que tendrán en el electorado. Éste no es el país de hace un año ni tampoco el del caso Nisman. Lo dicho al principio: en la oposición, lo que se percibe es una reiteración de modos de ataque que se parece mucho a un estado de agotamiento.

DZ/sc

 

Fuente Redacción Z
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Diario Z
Periodista, escritor, autor de Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso.