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El Ying y el Yang de la música ciudadana

Correntada, un disco de Carlos Varela y el quinteto de José Ogivieki, que apuesta a la porteñidad tanguera.

Por Diego Oscar Ramos
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Correntada

En ese universo en movimiento que es la identidad de un lugar, la música suele tener un rol privilegiado. Es inevitable que Buenos Aires, aún en la era de la globalización extrema, siga dibujando su ser a través del tango. En ese sentido, un disco como Correntada, de Carlos Varela y el quinteto de José Ogivieki, parece jugar todas sus fichas a una porteñidad tanguera basada en la letrística cuidada del poeta Enrique Morcillo. Sobre todo, de los poemas de su libro A contrapelo (2007) musicalizados por Marcelo Raigal, Javier González y José Piazza. Varela, cantante de voz caudalosa e impronta bien varonil, con 16 discos editados desde 1982, logra crear junto al pianista Ogivieki, arreglador por años de Manolo Juarez y de agrupaciones como la Orquesta Juan de Dios Filiberto, una obra clásica. El color musical es justo para textos que se mentienen dentro de temáticas clásicas del género, pero que también consiguen renovar su alcance, integrando postales como los primeros cacerolazos del 2002 o las transformaciones de San Telmo por las últimas corrientes turísticas. Además del perfecto quinteto de base, invitados como el Zurdo Roizner en batería, Franco Espíndola en trombón y Juan Cruz de Urquiza en trompeta, aportan colores propios del jazz, pero siempre indudablemente tangueros. Y muy disfrutables.

Algo distinto, complementario, pasa con Respiro, primer disco de la agrupación acústica electrónica homónima comandada por Claudio Riva, guitarrista y arreglador egresado de la Escuela de Música Popular de Avellaneda. Las nueve composiciones de este trabajo se pueden incluir entre esa camada de creaciones instrumentales que parecen querer dibujar los sonidos del mundo sin perder al mismo tiempo las huellas del lugar de origen. La rica sonoridad del grupo, que incluye violín, saxo, clarinete, piano y un delicado trabajo de mezcla final, sirve para pensar las maneras en que el
espíritu tanguero termina siendo un componente entrañable de eso que llamamos música ciudadana, desde la irrupción de Piazzolla. Este disco quiere decir algo más de lo que somos en esta Buenos Aires, siempre la misma, siempre otra. Un disco para oyentes sin prisa ni prejuicios.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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