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TEMAS DE LA SEMANA

El vendaval, por Reynaldo Sietecase

Las razones del contundente triunfo de Cristina Kirchner y la nueva etapa política.

Por Reynaldo Sietecase
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Cristina Kirchner logró una elección histórica. Con el cincuenta por ciento de los sufragios, se impuso en todas las provincias menos en San Luis. Incluso ganó en las zonas rurales más refractarias al Gobierno, también en los distritos donde sus candidatos fueron derrotados hace pocas semanas. Fue la preferida en la Capital Federal donde un peronista no ganaba desde 1990. Obtuvo un millón setecientos mil votos más que en 2007 y quedó a las puertas de la reelección. Hay muchas maneras de leer «el vendaval Cristina», como lo definió Hermes Binner. Ya se ensayaron casi todas las variantes, desde las honestas hasta las malintencionadas: fue un voto de confianza a la Presidenta; una convalidación de la gestión; el reconocimiento a la política económica y social; ganó por el apoyo de la juventud, porque es la única que puede conducir el país en el marco de una crisis internacional, porque no había ninguna alternativa seria, por la bonanza económica, porque la oposición está dividida, porque maneja el aparato del Estado, por los subsidios que reparte; ganó por su viudez. Como sea, el respaldo de la mayoría de la sociedad fue claro y contundente. Aun en medio de la algarabía, la propia Presidenta aclaró que no recibió un cheque en blanco.

Autocrítica

Los analistas de los medios hegemónicos se apuraron a reprender a los dirigentes opositores. Otra vez confunden el deseo con la realidad. Se empeñan en amoldar la cabeza al sombrero. El periodismo debe ser crítico del poder político y económico, ése es su rol esencial en un sistema democrático. Pero una cosa es ocupar ese lugar de manera responsable y otra comportarse como lobbistas de intereses empresariales u operadores de facciones políticas al límite de rematar credibilidad afectando la información. Si la Presidenta ratifica en octubre este nivel de adhesión popular, acumulará más poder y el periodismo crítico tendrá un papel fundamental.

Hasta Elisa Carrió tuvo más autocrítica que ellos. «Soy la razón de la derrota», dijo para explicar la debacle de su sector. La líder de la Coalición Cívica perdió cerca de cuatro millones de votos en cuatro años. Carrió tuvo una presencia televisiva sólo comparable a la de Marcelo Tinelli. Su fuerza pasó de sostener ideas progresistas a defender los intereses de las corporaciones. Para ponerlo en un par de nombres propios: cambió a Eduardo Macaluse por Prat-Gay y la militancia por los sets de televisión. A pesar de los esfuerzos dialécticos del candidato a vicepresidente Adrián Pérez, es difícil sostener que un partido que lleva de primera candidata a diputada en la Capital a Patricia Bullrich y en Buenos Aires a Mario Llambías es una fuerza de centroizquierda. Una buena noticia: el discurso rabioso tocó a su fin. El Gobierno también tomó nota de eso.

Otro dato en relación con los medios: entre las adhesiones a la presidenta y los votos cosechados por el Frente Amplio Progresista se puede afirmar que el 60 por ciento de la población ratificó la sanción de la nueva Ley de Servicios Audiovisuales.

Segundos

El peronista Eduardo Duhalde, fiel a su historia e ideología, utilizó el primer discurso poselección para «alertar» sobre la presencia de «banderas de agrupaciones subversivas» en el centro de campaña del oficialismo y descargaba su enojo contra Ricardo Alfonsín, con quien por entonces peleaba voto a voto un lejano segundo puesto. Alberto Rodríguez Saá, en cambio, celebraba el triunfo de su fórmula en San Luis. Sólo por un momento ambos lamentaron no haber seguido adelante con la interna del Peronismo Federal que los hubiese acercado a una cifra expectable. Pero fue un instante, acto seguido prosiguieron cruzándose acusaciones.

«Francisco, si me estás viendo», clamó Alfonsín en un sorprendente llamado televisivo a su socio electoral. Quería saludarlo en medio de una euforia de origen desconocido. De Narváez había elegido su sofisticado búnker de Las Cañitas para esperar los resultados. A esa hora del domingo, el hijo de don Raúl ya sabía que el experimento de unir radicalismo y derecha había fracasado. El millonario colombiano, después de imponerse en 2009 a la lista que encabezó Néstor Kirchner, sólo obtenía el 16 por ciento de los sufragios. Apelando a la sabiduría popular: billetera mata galán pero el dinero no puede comprar amor.

De Frente

La otra sorpresa fue el festejo de un cuarto puesto. Sin embargo, los arquitectos del Frente Amplio Progresista (FAP) bailaron en el escenario. Sabían que les sobraban motivos para la alegría. Hicieron una campaña de sólo cinco semanas y casi sin recursos. Llegaron a los dos dígitos, un objetivo soñado pero improbable. Entienden que son la fuerza opositora con más posibilidades de crecimiento. En su estrategia electoral no tiraron por la borda sus principios. Binner respaldó al ministro de la Corte Eugenio Raúl Zaffaroni cuando se desató una campaña mediática para voltearlo y, cada vez que pudo, reivindicó la intervención virtuosa del Estado en la economía.

El FAP enfrenta ahora varios desafíos: profundizar su perfil de fuerza de centroizquierda realmente amplia (debería hacer una convocatoria generosa); no caer en las trampas que les tenderá el establishment (ahora huérfano de «esperanza blanca»); ofrecer un discurso coherente (Norma Morandini suele ubicarse en las antípodas de Binner); convencer a los eventuales votantes de que puede ser algo más que una alternativa testimonial (el encuentro con Hugo Moyano apuntó a eso) y, en especial, demostrar que puede sacudirse el karma de la izquierda nacional siempre divisible por dos, por tres o por cuatro. No será una tarea sencilla.

Cristina

Conferencia de prensa, saludos con un Mauricio Macri en bermudas, reconocimiento a la altísima participación de los votantes, satisfacción por las primarias en general, ratificación de algunos proyectos como la legislación que pone límites a la extranjerización de la tierra y evocación de Néstor Kirchner. Así comenzó la Presidenta de la Nación su mejor semana política de los últimos dos años. «Nadie es dueño del voto de nadie. Ninguno es propietario de la voluntad de cada ciudadano. No hay que creérsela. Yo nunca me la creí», dijo en un mensaje para propios y extraños. Muy cerca de la reelección sabe que, como dice el tango, «todo es tan fugaz». Hasta en la victoria la prudencia es buena consejera.

DZ/km

Fuente Especial para Diario Z
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