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El teatro Ópera: huérfano de identidad

Citibank modificó su nombre y realizó reformas que violan las leyes de Patrimonio Cultural.

Por matias-di-santi
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Para tristeza de muchos, el tea­tro Ópera ahora es teatro Citi. Es que cuando parecía que la pues­ta en valor del edificio iba a ser una ofrenda para los porteños, la mayor empresa en servicios financieros del mun­do, Citibank, acordó con los propieta­rios de la marca (el grupo Time Four Fun –T4F–) y reemplazó el nombre del históri­co telón de la avenida Corrientes 860 por el suyo. Aunque las reformas y la opera­ción de marketing fueron ilegales, ya que el Citi desconoció tres leyes de patrimo­nio que protegen su fachada e identidad por ser una construcción tradicional de Buenos Aires. Estos atropellos fueron in­cluidos en una resolución de la Defenso­ría del Pueblo, donde además se informa que los dueños del teatro están exentos de pagar impuestos de Alumbrado, Barri­do y Limpieza (ABL) e Ingresos Brutos por pertenecer al Instituto Proteatro del Go­bierno de la Ciudad. Representantes de la ciudadanía, la oposición y ONG mani­festaron su voz de repudio y esperan que la gestión cultural abandone el silencio y tome cartas en el asunto.

El pacto al que llegaron el banco y la pro­ductora puso fin a 139 años de vida, desde que en 1871 abriera en el solar de la calle Corrientes todavía angosta una sala lírica con el cartel de “Teatro de la Ópera”: T4F le cedió en 2009 los derechos de naming a la empresa y en de mar­zo ésta decidió hacer uso de esa propiedad por­que una reparación “importante” del edificio “sólo se justificaba enmarcándola en una figu­ra de esponsoreo integral”, según difundieron en un comunicado. Pero también originó un ca­pítulo inédito en materia de avasallamiento cul­tural. “Como estábamos acostumbrados a los casos por demolición, esto nos obligó a releer todas las leyes. Ahí nos dimos cuenta de que el cine-teatro Ópera tenía dos protecciones en la Ley 1.227: una simbólica, para su nombre, y otra edilicia, que establece que al ser una cons­trucción anterior a 1941 cualquier cambio ar­quitectónico debe tener autorización del Con­sejo de Asuntos Patrimoniales, cosa que no han hecho”, explica Gerardo Gómez Coronado, de­fensor adjunto de la Ciudad. La Defensoría del Pueblo corroboró que las leyes 2.548 y 3.056 de Patrimonio Cultural también fueron violadas ya que la marquesina, parte esencial de la fi­sonomía del teatro, fue removida, y las puer­tas y superficies del interior cubiertas con logos del Citi.

Eso no es todo. Según una resolución emiti­da el 14 de abril por el mismo organismo, el tea­tro está incluido en el listado del Instituto para la Protección y Fomento de la Actividad no Tea­tral de la Ciudad de Buenos Aires (Proteatro), encargada de otorgar subsidios para salas, gru­pos teatrales estables o eventuales y proyectos especiales. Si bien Diario Z pudo comprobar que el mismo no recibe subsidios, su inclusión en este espacio hace que esté exento del pago de impuestos de ABL, Ingresos Brutos y de contribución por publicidad. “El grupo Citi no sólo viola las leyes de la Ciudad y pro­tección sino que se beneficia por exencio­nes impositivas que el Gobierno otorga a aquellos que protegen el patrimonio y la cultura”, remarca Gómez Coronado.

Para Ricardo Watson, creador del grupo Facebook “Que le devuelvan el nombre al Teatro de la Calle Co­rrientes” (con diez mil adherentes actual­mente), un punto importante del conflic­to es el compromiso que deben asumir los porteños. “Hay que resistir a este tipo de atropellos para vencer a la lógica de la colonización: el poder que planta ban­dera, cambia el nombre y borra la histo­ria. De lo contrario, cualquier bien cultu­ral termina siendo víctima de la ganancia y el marketing”, subraya Watson.
n la misma línea, el diputado por Diálogo por Buenos Aires y presidente de la Comisión de Cultura de la Legisla­tura porteña, Raúl Puy, considera que la situación del teatro es parte de un “con­flicto entre privados” y caracteriza como “un pecado” la decisión de modificarle su nomenclatura original a un espacio re­presentativo de la “Es cierto que el Citi se ocupaba de mantenerlo porque el teatro se llenaba gracias a los descuentos a sus clientes. Pero que quede claro que esto no puede servirles como escudo”, agrega.

La Fundación Ciudad se sumó al reclamo para que se restituya el nombre original al tea­tro Ópera e informó que T4F es la empresa que organizó el controvertido recital de Coldplay en el estadio de River contra la voluntad de los ve­cinos afectados. “El cambio de nombre es una decisión desafortunada que perjudicará la ima­gen del banco ante la sociedad”, señala la pre­sidenta de la fundación, Andreina de Caraballo, quien agrega que “llama la atención el silencio del ministro de Cultura ante este atropello al pa­trimonio cultural: Lombardi debe intervenir con urgencia”. Desde el despacho del ministro res­pondieron: “Muy ocupado con la Feria del Libro y con el Buenos Polo Circo. Por eso no va a poder responder”. Nadie parece haber reparado en el hecho de que los teatros, como las perso­nas, tienen un nombre propio y que si éste se re­emplaza el edificio queda huérfano, sobre todo de su identidad.

Fuente Redacción Z
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