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TEMAS DE LA SEMANA

El tango tiene su espacio en Balvanera

La esquina de Rivadavia y Rincón lo vio durante un siglo. Después lo demolieron. Volvió en 2007, aunque su aire antiguo sea un hermoso engaño.

Por Paula Jiménez España
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Una tormenta arrasó el techo de Los Angelitos. Era 1992 y durante ocho años este café, que abrió por primera vez sus puertas en 1890, vio debilitarse su estructura hasta ser finalmente demolido en 2000. De su estructura original no quedó nada y más de un siglo de recuerdos terminaron hechos escombros. Sus altas paredes, al comienzo erigidas sobre piso de tierra, habían cumplido con el destino de albergar una parte de la historia de los arrabales que arrancó con el nombre de Bar Rivadavia.

Ante tanto facón y cuchillo despuntado entre las mesas, un comisario ironizó sobre la bravura de los habitués, a quienes llamó “angelitos”, y así le dio su actual nombre. Estos guapos, que habían hecho del Rivadavia un escenario para las largas payadas de José Bettinoti, Huguito Cazón y Gabino Ezeiza, entre otros, cuánta más ginebra tomaban más sangre derramaban. Poco tuvieron que ver con la imagen purísima de los dos querubines de yeso que todavía hoy coronan la fachada, reinaugurada en 2007.

Una empresa se animó a invertir en la reconstrucción. Hoy, el joven Café de los Angelitos es un Bar Notable que recoge una historia. Sus inmensas aperturas de oscurísima madera, los altos ventanales fileteados, el gran vitraux de la entrada, las 350 fotografías que recorren la historia del tango y el cine desde los años 20 hasta los 50 y el pesado terciopelo rojo del telón que divide el salón de la planta baja son algunos de los cuidados detalles. Su apariencia antigua confunde a los turistas ingenuos, pero también a muchos porteños.

La superficie actual no tiene ni un metro más ni uno menos que la de aquel Bar Rivadavia, fundando por el italiano Bautista Fazio. Igual de idénticos son sus planos, que respetaron el inmenso sótano original (donde actualmente funciona el Salón Dorado, reservado para las espectaculares noches de tango, eventos y conferencias) y un pequeño palco suspendido sobre la extensa barra, donde los viernes y sábados por la noche toca un bandoneonista. El tango suena desde que abre sus puertas hasta que las cierra.

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Se trata de unos de los cafés emblemáticos de Buenos Aires.

Los Angelitos es también el punto de encuentro de personalidades destacadas en distintas áreas. Políticos, por ejemplo, dada su cercanía con el Congreso. Esta mañana, mientras el ministro de Cultura Hernán Lombardi habla por teléfono parado en la puerta, la jujeña Milagro Salas desayuna en una de las mesas que dan a la calle. Ni angelitos ni demonios: la diversidad ideológica se disuelve a los pies de la porteñísima tradición.

Ubicado en Rincón y Rivadavia, Los Angelitos inspiró aquel tangazo interpretado por Libertad Lamarque, compuesto por José Razzano y Cátulo Castillo. “Yo te evoco perdido en la vida”, cantaba en masculino, y este verso está escrito sobre el primer peldaño de la alfombra celeste que recubre la escalera que lleva al Salón Dorado. Escalón a escalón se va escribiendo el resto de la letra hasta que en el final, fiel a la cultura de la nostalgia, remata: “Y en el dulce rincón que era mío/ su cansancio la vida bosteza,/ porque nadie me llama a la mesa de ayer./ Porque todo es ausencia y adiós.”

DZ/JPC

Fuente Redacción Z
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