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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

El sueño de un suizo

Los bañados se volvieron un barrio apacible de casas bajas.

Por Juan Carlos Antón
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José Soldati empezó todo. Fue el 29 de noviembre de 1908 cuando este empresario suizo que decidió fundar el barrio que lleva su apellido inauguró la estación. Claro que todavía no era un barrio sino más bien unas pocas casas en el medio de bañados y lomadas que el suizo adoraba. Dicen que el hombre había quedado tan deslumbrado por la belleza del lugar durante una cacería de zorros que decidió comprar chacras y terrenos allí.

Como en el vecino Lugano, también fundado por Soldati, la llegada del tren produjo un fuerte crecimiento y fueron precisamente los ferroviarios los primeros habitantes de la zona. El caserío se transformó en un barrio populoso, que todavía luce tranquilo, donde confluyen una calle principal, Lafuente, muchas casas bajas y la estación.

El primer edificio de material fue el almacén Gaucho Gallego, ubicado en Fructuoso Rivera entre Portela y José Martí. Dicen que don José Amor Mariñas, su dueño, hacía una gran labor solidaria con los vecinos. Durante las frecuentes inundaciones, Amor salía con un bote para darles una mano a los inundados. 

Cuando se jubiló Mariñas, terminó por alquilar el almacén. El nuevo dueño –don Ledesma– le adosó un bar donde los parroquianos iban a tomarse un trago por las tardes. Nancy, dueña de un kiosco sobre Portela, cuenta que su padre le vendía la leche al almacén: “Yo iba mucho a comprar; la gente grande se juntaba en el barcito a tomar caña. Don Aguirre decía que tenía el mejor jamón de la Argentina”.

El almacén cerró hace unos diez años. Don Aguirre quedó ciego y se fue a vivir con un hijo, Rubén. Del local sólo queda la vieja pared exterior pintada de blanco y no mucho más. “Había una placa que decía que era el lugar más viejo de Soldati pero hace unos años se la robaron”, dice Gastón, peluquero de la misma cuadra.

La vieja estación
Un sitio que se mantiene en perfectas condiciones es la vieja estación de tren. En el lugar se ve a una parejita a los besos, una barra de muchachos y dos hombres solos. Poca gente porque es miércoles a la mañana: en día de semana, Soldati parece que viviera un eterno domingo. No hay ruido ni mucho tránsito, ni siquiera en la avenida Lafuente.
La estación luce intacta, hace poco fue restaurada tal cual era hace un siglo, se instalaron dos nuevos refugios y rampas para discapacitados. Ledesma –así se presentó– se encarga de mantenerla limpia todos los días entre las 6 y las 14. “Se arregló la pintura, el techo, quedó realmente muy linda. El problema es los fines de semana cuando vienen de las canchas. A veces hacen lío, ensucian, rompen. Pasan y arrasan con todo”, explica.
Escobillón en mano, el trabajador habla de la estación con orgullo. Dice que cuando comenzó a trabajar, hace cinco años, debió realizar una “labor docente” con la gente que vive en la calle y usa los baños. “Los reuní y les hablé. Les dije ‘esto hay que cuidarlo, que es de todos’. Lo entendieron y ahora mirá qué bien está”.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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